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TRIBUNA INVITADA

El Silencio de los Corderos y la Ley Begoña

El banquete de poder entre la manipulación y la impunidad se traduce en un marco legal hecho a medida por un gobierno cada vez más corrupto. Como bien apunta Margarita Santana, se hace imprescindible una reacción de la justicia.

Begoña Gómez y Pedro Sánchez

Begoña Gómez y Pedro Sánchez

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En El Silencio de los Corderos (1991), Hannibal Lecter encarna la inteligencia fría y calculadora que, desde su confinamiento, logra manipular a su favor a la agente Clarice Starling y a todo el sistema que pretende apresarlo. En España, la política parece haber encontrado su propio Lecter en la polémica Ley Begoña, una herramienta legislativa que, lejos de representar un avance para la justicia, se está perfilando como una pieza clave en el engranaje de la impunidad.

La Ley Begoña ha levantado un debate encendido sobre su alcance y motivaciones reales. Presentada como una norma para reforzar derechos y mejorar la protección de determinados colectivos, cada vez son más las voces que advierten que su verdadero objetivo es proporcionar un escudo legal para quienes han sido señalados en investigaciones judiciales. Al igual que Lecter, que juega con la mente de sus interlocutores para manipularlos, esta ley parece disfrazarse de justicia mientras esconde en su interior mecanismos que podrían alterar el equilibrio de poderes en el Estado.

Uno de los puntos más críticos de esta legislación es la posibilidad de dificultar la acción judicial contra determinadas figuras del panorama político. La independencia del poder judicial, fundamental en una democracia, podría verse comprometida si la normativa se aplica como un traje a medida para quienes hoy buscan eludir la acción de la justicia.

‘Ley Begoña’ no solo parece diseñada para blindar a ciertos actores políticos, sino que también podría ser el vehículo perfecto para que Puigdemont introduzca sus propias prerrogativas. Como Lecter, que guía a Starling dándole pistas envenenadas, el líder independentista, desde su posición privilegiada en el extranjero, dicta los términos de su impunidad mientras el gobierno busca el equilibrio entre satisfacer sus demandas y mantener cierta apariencia de control.

La relación de poder es clara: Puigdemont, en su celda dorada, dicta instrucciones mientras Sánchez sigue el camino trazado con la esperanza de cerrar un capítulo incómodo de la historia reciente. Pero, al igual que Clarice, que en su ingenuidad no advierte el verdadero juego de Lecter hasta que es demasiado tarde, el presidente podría encontrarse atrapado en una red de cesiones y concesiones que debiliten aún más la estructura del Estado.

El fiscal general y los mensajes desaparecidos

Si algo caracteriza a las grandes tramas de poder es la desaparición o alteración de pruebas. En este sentido, el reciente escándalo del fiscal general del Estado y la eliminación de sus mensajes clave añade un nuevo capítulo a esta historia de sombras y encubrimientos. El silencio, tanto de las instituciones como de los protagonistas implicados, se ha convertido en el mejor aliado de quienes buscan debilitar la transparencia y la rendición de cuentas.

Las pruebas desaparecen, los procesos se dilatan y la sensación de que hay quienes pueden operar sin consecuencias sigue calando en la opinión pública. 

Como en la película de Demme, donde los corderos representan a los inocentes atrapados en un mundo de depredadores, los ciudadanos españoles observan, impotentes, cómo la verdad se diluye entre negociaciones políticas y maniobras de distracción mediática.

La pregunta clave no es solo qué implica la Ley Begoña, sino a quién protege realmente. En El Silencio de los Corderos, Lecter no solo manipula a Starling, sino que también escapa, liberándose de las cadenas que deberían haberlo contenido. ¿Sucederá lo mismo en España? ¿Se convertirá esta ley en la vía de escape para quienes temen rendir cuentas ante la justicia?

El poder, como el canibalismo de Lecter, se alimenta de la sumisión y el miedo. Si la sociedad permanece callada, si la Justicia sigue siendo socavada por quienes buscan protegerse entre leyes ambiguas, el final de esta historia ya está escrito: los corderos seguirán en silencio mientras los depredadores continúan su festín.

La justicia debe reaccionar

Si España quiere evitar que la Ley Begoña se convierta en un pasaporte a la impunidad, es imprescindible que el poder judicial y la sociedad en su conjunto exijan transparencia y responsabilidad. Se debe garantizar que las leyes no sean instrumentos al servicio de intereses particulares, sino herramientas para reforzar la democracia y el Estado de Derecho.

Los jueces deben contar con independencia y medios para investigar sin presiones políticas. La ciudadanía, por su parte, no puede limitarse a ser una espectadora silente. La protesta, el debate público y la exigencia de explicaciones son esenciales para que no se normalicen estos movimientos que socavan las bases democráticas.

En la película, Lecter logra escapar porque el sistema falla en reconocer el peligro a tiempo. En España, aún estamos a tiempo de evitar que la historia se repita. La pregunta es si tendremos el valor de hacer oír nuestra voz o si, una vez más, el silencio de los corderos servirá de cena a quienes han aprendido a devorar el poder sin consecuencias.

El poder, como el canibalismo de Lecter, se alimenta de la sumisión y el miedo. Si la sociedad permanece callada, si la Justicia sigue siendo socavada por quienes buscan protegerse entre leyes ambiguas, el final de esta historia ya está escrito: los corderos seguirán en silencio mientras los depredadores continúan su festín.

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