TRIBUNA INVITADA
España, un ensayo general para el caos
Filomena, la pandemia y ahora el apagón: ¿cuántas advertencias más necesitaremos para ver el abismo?

Sánchez en una comparecencia
España ha vivido su particular Blackout. Un fallo súbito en la red eléctrica —aún pendiente de esclarecer— dejó sin suministro a la práctica totalidad de la península, paralizando transportes, comunicaciones y actividad económica. Mientras Red Eléctrica Española trabaja contrarreloj en la re-energización del sistema, el apagón de 2025 deja una pregunta inquietante en el aire: ¿hasta qué punto estamos preparados para la oscuridad?
El día que la luz se apagó
A las 12:30 horas, el sistema eléctrico ibérico sufrió lo que los técnicos califican como un "cero energético": una caída abrupta de la generación respecto a la demanda, que provocó la desconexión automática del sistema de la red europea. España, Portugal y parte del sur de Francia se sumieron en un colapso simultáneo que dejó infraestructuras esenciales sin funcionamiento.
Los servicios de trenes de media y larga distancia fueron suspendidos. Las redes de metro de Madrid, Barcelona y Valencia quedaron paralizadas, atrapando a miles de pasajeros. Las comunicaciones móviles e internet sufrieron caídas generalizadas, dejando a millones de ciudadanos desconectados e incomunicados.
Madrid, una ciudad atrapada
La capital ofreció una imagen dantesca. Con los semáforos apagados, el tráfico se volvió infernal: traslados de apenas unos pocos kilómetros se convertían en horas atrapados en calles saturadas. Recoger a los niños del colegio —una rutina cotidiana— se transformó en un viacrucis de angustia, con padres atrapados en atascos interminables sin saber si llegarían a tiempo.
La compra de suministros básicos —agua, alimentos, linternas— obligó a muchos a pertrecharse de dinero en efectivo, ante el colapso de los sistemas de pago electrónicos. Supermercados y tiendas, incapaces de activar sus cierres eléctricos ni sus sistemas de alarma, bajaban sus persianas proyectando una inquietante sensación de inseguridad, una sombra de pillaje latente.
Por primera vez en años, Madrid vislumbraba de manera palpable qué pasaría si la luz no regresara.
¿Fallo técnico o ataque encubierto?
Aunque Red Eléctrica insiste en un origen técnico, expertos en ciberseguridad recuerdan que no puede descartarse una acción maliciosa. "Una caída de esta magnitud podría ser accidental, pero también encajar con un ciberataque selectivo a infraestructuras SCADA", apuntan fuentes consultadas. La simultaneidad del fallo en varios países y la ausencia de condiciones meteorológicas extremas alimentan las sospechas.
El Gobierno ha activado el Plan 3 de Emergencias Nacional, pero de momento mantiene un discurso de prudencia y llama a la calma.
El abismo que no queremos mirar
COVID-19, la gran nevada de Filomena en 2021, y ahora este apagón. Tres crisis distintas en apenas cinco años, tres advertencias sobre una misma realidad: nuestra sociedad, pese a su tecnología y su aparente solidez, es frágil. Basta un virus invisible, una tormenta o un fallo eléctrico para descomponer la normalidad que damos por sentada.
Cada suceso reciente parece susurrarnos un mensaje que nos empeñamos en no escuchar: somos vulnerables. Y cada vez estamos más cerca del abismo.
Como en la serie Blackout, donde un apagón sumía a toda una nación en el caos en apenas 24 horas, el gran apagón de hoy ha sido algo más que un fallo técnico: ha sido una advertencia, un espejo en el que mirarnos.
Por unas horas, España estuvo a un paso del colapso. La luz, afortunadamente, vuelve a encenderse. Pero la pregunta permanece: ¿y si la próxima vez no regresa?