TRIBUNA INVITADA

El Lobo de la Moncloa

Pedro Sánchez y la gran estafa al pueblo español

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez atiende a los medios de comunicación. A 30 de junio de 2025 en Sevilla, Andalucía (España). El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios de comunicación junto al secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en el marco de la IV Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo de la ONU, que se celebra en Sevilla. Ambos líderes abordan los principales desafíos globales en materia de financiación sostenible y cooperación internacional. Francisco J. Olmo / Europa Press 30/6/2025Europa Press

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Margarita Santana

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Pedro Sánchez no ha sido un presidente del Gobierno. Ha sido el protagonista de una superproducción política rodada con dinero público, decorados institucionales y extras pagados por todos los españoles.

Su historia no es la de un estadista. Es la de un estafador de altos vuelos que confundió el Estado con una agencia de colocación, el BOE con su cuenta de resultados, y la Moncloa con una oficina de casting para leales sin méritos.

Su caída —lenta, sucia, inevitable— no se parece a la de un político. Se parece a la de The Wolf of Wall Street, solo que aquí no hay Nasdaq, sino BOE. No hay brokers, sino ministros. Y no hay dólares, sino millones de euros públicos.

1. El gran cuento del Sanchezismo

Sánchez llegó con promesas de regeneración. Se vistió de ética en la moción de censura, proclamó el fin del bipartidismo clientelar, agitó el feminismo como pancarta y habló de igualdad mientras construía el sistema más corrupto, opaco y personalista de la democracia reciente.

Colocó a su esposa, Begoña Gómez, en el corazón de tramas universitarias y empresariales con olor a conflicto de intereses.

Aupó a su hermano David Sánchez en la Diputación de Badajoz, blindando su nómina mientras miles de funcionarios eran exprimidos.

Y en paralelo, regó de millones a sus aliados separatistas, condenados por corrupción y traición al Estado, a cambio de mantenerse en el poder.

2. Orgías, putas y fondos públicos

Como en The Wolf of Wall Street, el exceso no era una consecuencia: era el sistema.

Fuentes cercanas a la investigación apuntan a fiestas privadas pagadas con dinero público, facturadas como “eventos institucionales” o “encuentros sectoriales”.

Putas de lujo, cocaína, cenas de 400 euros por persona, copas a 25 y habitaciones de hotel a 800.

Altos cargos ministeriales y asesores del entorno presidencial usaron tarjetas, dietas y presupuestos para financiar noches de desenfreno con absoluto desprecio por el contribuyente.

Mientras Hacienda acosaba a autónomos, pymes y trabajadores honrados, los apóstoles del sanchismo se iban de putas con nuestro dinero. Literalmente.

3. La red; no era un gobierno, era una trama

El sanchismo no gobernó: colonizó el Estado.

Cada institución fue ocupada, cada organismo independiente manipulado, cada crítica silenciada.

Los fiscales amigos se premiaban. Los jueces incómodos se apartaban. Los medios se financiaban. Las leyes se redactaban para blindarse.

Santos Cerdán, su hombre de confianza, tejió pactos, ató voluntades y operó como el cerebro de la maquinaria. Su detención por corrupción no es un accidente: es el primer vértice visible del iceberg.

4. Begoña, David y los privilegios de cuna monclovita

Begoña Gómez, su esposa, se convirtió en icono del nepotismo elegante.

Másters, convenios, adjudicaciones, relaciones opacas con empresas beneficiadas por fondos públicos.

David Sánchez, hermano del presidente, ocupó un cargo perfectamente diseñado para él, con un salario público y una opacidad institucional alarmante.

Mientras tanto, el ciudadano medio hace cola en Hacienda y paga el IVA al día. Eso sí, con suerte, recibe una charla de Begoña sobre “liderazgo ético”.

5. La UCO y los jueces, último dique de contención

La propaganda no podía taparlo todo. Y ahí estaban ellos:

La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil y un puñado de jueces que aún creen en la ley.

Sin micrófonos, sin portadas, sin aforamientos. Han levantado las alfombras y han encontrado lo que ya sospechábamos: una red clientelar financiada con nuestros impuestos para sostener el culto a un solo hombre.

6. epílogo: la estafa termina cuando la egolatría se desborda

Pedro Sánchez no ha caído por falta de apoyos ni por carencia de recursos. Ha caído por algo mucho más corrosivo: su egolatría.

Se creyó impune, se sintió invulnerable. Pensó que podía comprarlo todo: medios, socios, jueces, hasta el relato.

Confundió lealtad con servidumbre y liderazgo con obediencia ciega.

Pisoteó límites, despreciando a quienes osaban recordarle que incluso el poder tiene un precio.

Y ese precio ha llegado.

Ferraz ya no es una sede política: es el último piso de un chiringuito piramidal a punto de desplomarse. Y cuando caiga, no será por justicia, sino por aritmética: se quedaron sin tontos a los que engañar.

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Y Pedro Sánchez sólo tendrá dos salidas: la cárcel… o el primer vuelo a Punta Cana. Pero esta vez, sin el Falcon. Porque el Falcon es de todos.