ESdiario

Sánchez arranca el curso atrapado por las exigencias de sus socios y sin Presupuestos a la vista

El presidente del Gobierno prometió presentar los Presupuestos Generales del Estado de 2026, pero las presiones de Podemos y Junts amenazan con dinamitar unas cuentas que ni siquiera han empezado a elaborarse. El retraso es evidente y refleja la debilidad de un Ejecutivo rehén de sus apoyos parlamentarios.

Sánchez se comprometió a presentar los Presupuestos Generales del Estado para 2026.

Sánchez se comprometió a presentar los Presupuestos Generales del Estado para 2026.Foto de La Moncloa

ESdiario .
Publicado por
Francisco Pérez
Madrid

Creado:

Actualizado:

Pedro Sánchez afronta septiembre con el mismo problema que arrastra desde hace dos años: la imposibilidad de presentar unos Presupuestos Generales del Estado. El presidente repite su compromiso de llevar al Congreso unas nuevas cuentas para 2026, pero lo cierto es que el calendario va tarde, los trámites no han comenzado y las exigencias de sus socios de investidura ya amenazan con hacer naufragar el proyecto antes incluso de que llegue al papel.

El Ministerio de Hacienda ni siquiera ha aprobado la orden ministerial para que los departamentos preparen sus propuestas de gasto, un paso que debería haberse dado en junio. Tampoco se ha fijado el techo de gasto ni la senda de estabilidad presupuestaria, mientras Moncloa insiste en negar lo evidente: que los plazos se han incumplido y que el Ejecutivo vuelve a caminar en la cuerda floja.

Un Gobierno en minoría y sin rumbo

El PSOE sabe que, sin apoyos externos, no podrá sacar adelante ni una ley. La experiencia demuestra que la estrategia de negociar con los socios antes de presentar el texto ha fracasado, pero tampoco está claro que Sánchez se atreva a registrar el proyecto sin garantías. De hecho, la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ya reconoce que lo importante será “aprobarlo con el Congreso”, una declaración que suena más a deseo que a realidad.

El problema es que la debilidad parlamentaria convierte cada negociación en un calvario. Junts y Podemos, piezas indispensables para que las cuentas salgan adelante, se han colocado en posiciones irreconciliables con el PSOE. ERC, PNV y Bildu se muestran dispuestos a hablar, pero ni siquiera su buena voluntad garantiza los números.

Podemos se prepara para romper

El partido morado, que huele en el aire un posible adelanto electoral, ha endurecido el tono. Irene Montero dejó claro que no apoyará unas cuentas que incluyan los 10.500 millones de euros adicionales para Defensa ni mantengan contratos con Israel. Además, se agarra a los casos de corrupción que cercan al PSOE como excusa para marcar distancia.

La aritmética es cruel: si los cuatro diputados de Podemos votan en contra, el Gobierno pierde la mayoría y el proyecto se estrella. Y bastaría un “no” a la partida de Defensa para tumbar todas las cuentas. Es un escenario que Moncloa teme, pero que Podemos no descarta si su objetivo es situarse en la oposición y cargar sobre Sánchez la culpa de un adelanto electoral.

Junts aprieta y amenaza con la factura catalana

Si Podemos representa un obstáculo ideológico, Junts es el muro económico. El partido de Carles Puigdemont exige que el Gobierno pague antes de sentarse a negociar: 50.000 millones de euros en infraestructuras pendientes para Cataluña. Una cifra desorbitada que el Ejecutivo no puede asumir y que revela la presión insoportable que el independentismo ejerce sobre Sánchez.

El deterioro de la relación es evidente. El PSOE ha perdido a su principal negociador, Santos Cerdán, implicado en el ‘caso Koldo’, y Junts ha encontrado en el PP un aliado ocasional para infligir derrotas al Gobierno en el Congreso. El pulso continuará en las próximas semanas, con Puigdemont marcando desde Bruselas la estrategia y esperando que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre la amnistía a la malversación.

ERC, PNV y Bildu: apoyos insuficientes

ERC reconoce conversaciones discretas y espera que el Consejo de Ministros confirme la quita de 17.104 millones de deuda pactada en la investidura. También avanza la financiación singular con la creación de la futura Agencia Tributaria catalana. Pero, pese a estas concesiones, los republicanos reclaman más gestos.

El PNV mantiene su tradicional lista de demandas pendientes y Bildu se muestra disponible para negociar, aunque su propio líder, Arnaldo Otegi, duda de que Hacienda llegue a presentar un texto. En otras palabras, incluso los socios más favorables reconocen la debilidad de Sánchez y la parálisis de su Ejecutivo.

Un déjà vu peligroso

El escenario recuerda demasiado al de 2018, cuando Sánchez presentó unos Presupuestos condenados al fracaso para culpar a ERC y justificar un adelanto electoral. Ahora, el guion podría repetirse con Podemos como antagonista. La diferencia es que entonces el socialista acababa de llegar a La Moncloa y hoy lleva dos años gobernando sin haber sido capaz de aprobar unas nuevas cuentas.

La conclusión es clara: Sánchez inicia el curso político más débil que nunca, atrapado entre la exigencia imposible de sus socios y la parálisis de un Gobierno que ha convertido la excepción —gobernar con Presupuestos prorrogados— en la norma. Y mientras tanto, España se adentra en 2026 sin un marco económico definido y con un Ejecutivo que solo piensa en sobrevivir un día más en La Moncloa.

tracking