Controversia en el plan de electrificación rural de Senegal impulsado desde España

Un contrato público clave entre la Agencia Senegalesa de Electrificación Rural (ASER) y la empresa española AEE Power EPC, respaldado por la Agencia Española de Crédito a la Exportación (CESCE) y el Banco Santander, arrancó a finales de 2023 con la promesa de llevar electricidad a cientos de aldeas senegalesas. Pero en pocos meses, aquel símbolo de cooperación internacional se ha transformado en un laberinto judicial y financiero que amenaza con empañar las relaciones bilaterales.

Plan de electrificación rural de Senegal

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El programa nació con un objetivo claro: llevar electricidad a un millar de aldeas rurales distribuidas en cinco de las catorce regiones de Senegal. El contrato, firmado bajo el formato de una oferta espontánea de AEE Power EPC, contaba con el apoyo expreso de los gobiernos de España y Senegal y con una financiación de 140 millones de euros respaldada por CESCE y el Banco Santander.

En teoría, la estructura era impecable: una empresa española con experiencia en grandes proyectos energéticos, un socio local —AEE Power Senegal— creado para gestionar el terreno, y el acompañamiento institucional de ASER. El proyecto formaba parte de los esfuerzos de Dakar por alcanzar la electrificación universal antes de 2030, un objetivo estratégico para el desarrollo rural y la reducción de desigualdades territoriales.

Según revelaciones publicadas en el sitio de información confidencial Africa Intelligence, el proyecto de electrificación rural en Senegal, impulsado por la empresa española AEE Power y financiado por la agencia española de crédito a la exportación CESCE y el banco Santander, enfrenta un nuevo capítulo judicial

El anticipo millonario que desató el conflicto

En la primavera de 2024, apenas unos meses después de la firma, AEE Power recibió un primer anticipo de 56 millones de euros para iniciar las obras. Fue el punto de partida de un proceso que, en lugar de avanzar hacia la electrificación, se convirtió en un rompecabezas de rupturas, denuncias y sospechas.

En junio de 2024, AEE Power EPC rompió abruptamente con su socio senegalés, AEE Power Senegal, alegando divergencias sobre la gestión operativa y financiera. Desde ese momento, la empresa española asumió el control directo del proyecto junto a ASER, dejando fuera al socio local y generando tensiones en el seno de la administración senegalesa.

En septiembre, el Banco Santander decidió suspender temporalmente los pagos, citando dudas sobre la trazabilidad del dinero anticipado y posibles irregularidades en las transferencias internacionales. Casi de inmediato, la Autoridad de Regulación de la Contratación Pública de Senegal (ARCOP) paralizó el contrato en octubre, mientras en España se abrían indagaciones sobre los movimientos financieros asociados al proyecto.

El trasfondo político

La tormenta no puede entenderse sin el contexto político. En marzo de 2024, el panafricanista Bassirou Diomaye Faye ganó las elecciones presidenciales de Senegal, con Ousmane Sonko como primer ministro. El nuevo gobierno impulsó una amplia renovación administrativa, que incluyó la sustitución del director general de ASER y el nombramiento de nuevos responsables en los ministerios de Energía e Industria.

Estos cambios coincidieron con el estallido de las tensiones entre AEE Power EPC y su socio local. En algunos círculos políticos senegaleses se interpretó el conflicto como un pulso entre la nueva administración y las empresas vinculadas a la etapa anterior. Otras voces, en cambio, señalaron la posibilidad de una gestión poco transparente del anticipo millonario y exigieron que se esclareciera el destino de los fondos.

El exministro de Energía y actual diputado opositor Thierno Alassane Sall llegó a anunciar públicamente la presentación de una denuncia ante la Fiscalía Financiera de Senegal, reclamando una investigación exhaustiva sobre los flujos de dinero y la legalidad del procedimiento de adjudicación.

plan de electrificación rural de Senegal

CESCE y Santander, bajo presión

Los financiadores españoles, CESCE y Banco Santander, quedaron atrapados en el centro del conflicto. Por un lado, el contrato contaba con su respaldo financiero y sus garantías de pago. Por otro, la falta de claridad sobre el uso del anticipo y la ruptura entre los socios sembró dudas sobre la viabilidad del proyecto.

A finales de 2024, ambas entidades comunicaron a las autoridades senegalesas la suspensión de pagos, pero aclararon que no se retiraban del proyecto. Su posición fue interpretada como un intento de preservar los intereses españoles mientras se aclaraban las responsabilidades.

El Tribunal Supremo de Senegal intervino en febrero de 2025, anulando la suspensión del contrato decretada por ARCOP y autorizando la reanudación de los trabajos en nombre del “interés público”. Sin embargo, la incertidumbre no se disipó. Los financiadores exigieron mayor transparencia a AEE Power EPC y reclamaron un control más estricto sobre las fases de ejecución antes de liberar nuevos fondos.

El proyecto, entre la luz y las sombras

Fuentes cercanas a ASER aseguran que, tras el levantamiento judicial, el proyecto se reactivó parcialmente y que unas cuarenta aldeas ya han sido conectadas a la red eléctrica. Sin embargo, esa cifra dista mucho de las mil previstas inicialmente y de justificar el desembolso de 56 millones de euros.

Tanto CESCE como Santander continúan vigilando la situación con preocupación. En sus informes internos consideran que la falta de información detallada sobre la ejecución técnica y los flujos financieros pone en riesgo la integridad de la operación. A su vez, las autoridades senegalesas han mantenido silencio sobre los avances reales, mientras crecen las especulaciones sobre los acuerdos paralelos alcanzados entre la empresa española y funcionarios locales.

Repercusiones diplomáticas y reputacionales

El caso amenaza con tener efectos más amplios. Para España, el proyecto de electrificación rural en Senegal era un escaparate de la cooperación público-privada en África Occidental, una región estratégica tanto por sus recursos como por sus necesidades de desarrollo. El fiasco podría dañar la imagen de las empresas españolas ante futuros programas de cooperación internacional, especialmente en el ámbito de las energías renovables y la infraestructura eléctrica.

En Senegal, el asunto ha encendido el debate político sobre la transparencia de los contratos públicos y la dependencia de la financiación extranjera. Algunos sectores del nuevo gobierno lo utilizan como argumento para reforzar la necesidad de “africanizar” los proyectos estratégicos y reducir el peso de las empresas europeas en sectores sensibles.

Las preguntas que siguen sin respuesta

A día de hoy, son más los interrogantes que las certezas. ¿Dónde fue a parar el anticipo millonario desembolsado por el Banco Santander? ¿Por qué se rompió la alianza con el socio senegalés apenas semanas después de iniciar el proyecto? ¿Qué mecanismos de control ejercieron CESCE y Santander antes de aprobar los pagos? Y sobre todo, ¿por qué se permitió que un contrato de tal magnitud dependiera de una estructura empresarial tan frágil?

El tiempo dirá si el proyecto puede reconducirse o si acabará convertido en un ejemplo de cómo la burocracia, los intereses políticos y la opacidad financiera pueden enterrar una iniciativa de desarrollo prometedora.

Una lección de cooperación

El caso AEE Power–ASER deja una lección amarga para la cooperación internacional. No basta con financiar proyectos ambiciosos ni con desplegar garantías millonarias: la clave está en asegurar la transparencia, la rendición de cuentas y la solidez de los socios locales.

Por ahora, el programa senegalés sigue vivo sobre el papel, aunque en la práctica avanza a paso lento y bajo la sombra de la sospecha. Lo que debía ser un motor de desarrollo rural se ha convertido en un espejo de los desafíos que afrontan los proyectos internacionales cuando chocan la buena voluntad con la realidad política y financiera.

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Y mientras los tribunales, los bancos y las agencias revisan papeles, las aldeas siguen esperando la luz prometida. Una luz que, más que eléctrica, empieza a parecer metafórica: la de la transparencia.