Fondos (no rusos) para Ucrania

Momento de la firma este martes del acuerdo para la creación de una Comisión Internacional de Reclamaciones para Ucrania. (EFE/Presidencia de Ucrania)
Esta semana ha dado tres buenas noticias para Ucrania: la contraofensiva que ha recuperado el 90% de la ciudad de Kupiansk (descolocando la ofensiva rusa en otros frentes), la renuncia de la flota rusa a operar en el Mar Negro (han perdido un submarino y encerrado lo que les queda en puerto, detrás de una barricada de barcos hundidos) y los gobiernos de la Unión Europea han llegado a un acuerdo práctico para financiar a Ucrania durante los próximos dos años, dando a Zelensky una buena mano de cartas con las que defenderse militar y diplomáticamente.
Esta semana ha dado tres buenas noticias para Ucrania: la contraofensiva que ha recuperado el 90% de la ciudad de Kupiansk (descolocando la ofensiva rusa en otros frentes), la renuncia de la flota rusa a operar en el Mar Negro (han perdido un submarino y encerrado lo que les queda en puerto, detrás de una barricada de barcos hundidos) y los gobiernos de la Unión Europea han llegado a un acuerdo práctico para financiar a Ucrania durante los próximos dos años, dando a Zelensky una buena mano de cartas con las que defenderse militar y diplomáticamente.
El acuerdo final, cerrado a las tres de la mañana tras 17 horas de reunión continua, prevé una nueva emisión de deuda europea conjunta. 24 de los 27 países miembros (porque Hungría, Eslovaquia y la República Checa han conseguido excepciones) se han comprometido a reunir 90.000 millones de euros en préstamos a interés cero para financiar a Ucrania.
Además, en caso de que Rusia se niegue a pagar reparaciones de guerra, la Unión se reserva el derecho de usar los 185.000 millones de fondos rusos congelados en Euroclear para recuperar el importe prestado.
Este es el acuerdo al que han llegado los Estados miembros tras más de un mes de debate sobre el uso de esos fondos para financiar directamente a Ucrania, un debate protagonizado por el primer ministro belga y Georgia Melonia por un lado, y por el canciller alemán en el otro. Finalmente Francia y Luxemburgo se pasaron al lado belga, y el acuerdo previsto para este viernes se derrumbó a las 10 de la noche, dando paso a la solución de deuda conjunta.
El argumento formal belga para no usar los fondos directamente es legalista: al no haber aceptado Rusia ese uso de los fondos, no hay una base legal para expropiárselos. Algo que ignora el derecho de guerra y la realidad de la situación, pero que se entiende muy bien porque sería el único país europeo bajo cuya jurisdicción se expropiaran fondos rusos. Recordemos que hay otros (Gran Bretaña sin ir más lejos) con decenas de miles de millones de fondos también congelados, a los que no se ha pedido que se pongan en el disparadero de un gobierno manifiestamente capaz de incumplir la legalidad y recurrir a medidas extremas. En resumen, Bélgica tenía miedo, y otros países (Italia) le han dado la razón. Sumando esa resistencia a la del trío de países menos favorables a financiar la guerra, el acuerdo final parece un triunfo notable.
Por supuesto, que la UE “se reserve el derecho” no implica que Bélgica vaya a cambiar de opinión en un futuro. Si esos fondos no forman parte de un eventual acuerdo de reparaciones de guerra, su destino puede ser complejo y su congelación muy larga.
El lado inmediatamente positivo es que Ucrania se asegura su financiación a corto plazo con un apoyo europeo efectivamente garantizado (en palabras del primer ministro danés). El país “sin cartas” sigue destrozando la capacidad energética y financiera de su enemigo, como vimos la semana pasada, mientras refuerza su propia capacidad de resistencia, y dando sorpresas a los escépticos en el frente.