España, Irán y el Estrecho de Ormuz
Central térmica de Escatrón
La vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, ha mandado un mensaje de calma este lunes al declarar que apenas el 5% del petróleo y el 2% del gas que consume España pasan por el estrecho de Ormuz. Y ha añadido que el conflicto desatado en Irán y la región demuestran la “vulnerabilidad que supone la dependencia energética exterior”, felicitándose de que la “apuesta española y europea es la más acertada”.
Es una forma curiosa de evaluar los riesgos para España de la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán. O tan sesgada que puede concluirse que realmente la Ministra no nos dice la verdad.
En primer lugar, porque el conflicto bélico ha vuelto a recordar una realidad incómoda: la energía sigue siendo uno de los instrumentos de poder geopolítico del mundo. Cada vez que Oriente Medio entra en tensión, los mercados energéticos reaccionan de inmediato.
Pero en esta ocasión el impacto potencial es especialmente delicado para Europa —y también para España— porque llega en un momento en que el continente ha sustituido su dependencia del gas ruso, -barato y en gran medida cautivo al llegar por gasoductos- por otra dependencia distinta: el gas natural licuado (GNL) transportado por mar, más caro y a disposición del mejor postor.
Ese sistema logístico del GNL. -y del petróleo-, tiene un punto crítico: el Estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo circula aproximadamente el 20 % del comercio mundial de petróleo por vía marítima —unos 20 millones de barriles diarios— y cerca del 20 % del GNL global, gran parte procedente de Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Cualquier interrupción del tráfico, ya sea por ataques a infraestructuras, incidentes navales o simples restricciones de seguridad, tiene efectos inmediatos sobre el mercado energético mundial, sus precios y la garantía de suministro.
El mayor riesgo energético desde 1973
La situación actual en el Golfo Pérsico ilustra con claridad ese riesgo. El Estrecho de Ormuz permanece prácticamente bloqueado de facto tras los ataques iraníes y las tensiones militares en la zona.
El tránsito de petroleros se ha reducido drásticamente y más de 200 buques —incluidos numerosos cargueros de GNL— permanecen anclados a la espera de poder cruzar.
Las principales aseguradoras marítimas han retirado la cobertura de riesgo de guerra para buques que operen en el Golfo Pérsico, lo que en la práctica equivale a cerrar el estrecho para gran parte del tráfico comercial.
Los mercados han reaccionado de inmediato. El precio del Brent ha vuelto a situarse en torno a los 82-84 dólares por barril y Goldman Sachs advierte que, si el bloqueo se prolonga varias semanas, el crudo podría superar los 100 dólares. La situación, según expertos analistas, constituye el mayor riesgo energético global desde la crisis petrolera de 1973.
Pero el impacto potencialmente más relevante para Europa no está en el petróleo, sino en el gas.
El gas: la verdadera vulnerabilidad europea
Europa apostó por el GNL tras la invasión rusa de Ucrania. Aquella decisión, -no discutible- permitió sustituir gran parte del gas ruso, pero introdujo una vulnerabilidad distinta: el GNL funciona como un mercado global en el que Europa compite directamente con Asia por los mismos cargamentos.
Tenemos diversificación de proveedores. Pero no de precio. Cuando el suministro se tensiona en un punto estratégico del planeta, el impacto se traslada rápidamente al conjunto del sistema energético europeo.
El mercado europeo del gas (TTF) ha registrado subidas bruscas en apenas unos días. Antes de la escalada militar, el gas en España se movía en torno a los 30 €/MWh. Hoy ronda los 54 €/MWh. Las proyecciones de la consultora ICIS apuntan a que un cierre del Estrecho de Ormuz durante 90 días podría elevar el TTF hasta los 92 €/MWh, con una media cercana a los 86 €/MWh durante el bloqueo.
La prima de riesgo aparece incluso antes de que se produzca una interrupción física del suministro. El coste de alquilar un buque metanero supera ya los 200.000 dólares diarios, más del triple que hace apenas unos días, añadiendo alrededor de 2,5 €/MWh al coste final del gas transportado.
Si Asia pierde parte del suministro qatarí, competirá con Europa por cargamentos alternativos procedentes de Estados Unidos, Australia o África. En un mercado global, esa competencia se traduce inevitablemente en precios más altos. Italia, Bélgica, Polonia y España figuran entre los países europeos más expuestos a estas perturbaciones logísticas.
El impacto inmediato en el sistema eléctrico español
España no es inmune a este shock energético. Más bien al contrario; es uno de los países europeos más expuestos, sobre todo por el sorprendente conflicto diplomático desatado por Sánchez contra EE.UU.
En nuestro sistema eléctrico el gas sigue desempeñando un papel esencial como tecnología de respaldo. Cuando la producción renovable no es suficiente o la demanda aumenta, los ciclos combinados entran en funcionamiento y fijan el precio marginal del mercado eléctrico. Eso significa que cualquier subida del gas se transmite rápidamente al precio de la electricidad.
Además, desde que gobierna Sánchez, contrariamente a lo que se suele sostenerse desde el gobierno, el uso del gas para ciclos combinados ha aumentado en un 50%.
Fundamentalmente por dos razones; por la “excepción ibérica” que subvencionó artificialmente el consumo de gas para generación eléctrica durante la crisis energética de 2022 y, mas recientemente, por el gran apagón, que ha obligado a Red Eléctrica desde mayo pasado a operar el sistema en “modo reforzado”, con mayor participación de ciclos combinados.
Además, ese aumento del consumo de gas se ha concentrado en aprovisionamientos de GNL porque desde 2021 se cerró uno de los dos gasoductos que nos servían gas de nuestro vecino argelino, ante la pasividad del gobierno, enredado entonces en sus relaciones con Marruecos y Argelia.
Los errores estratégicos del gobierno español nos exponen
A los dos errores citados, -incentivos al aumento del consumo de gas para generación eléctrica, aumento de los aprovisionamientos con GNL por pasividad ante cierre de gasoducto de el Magreb-, se suman ahora mas desaciertos; el calendario de cierre de las centrales nucleares impulsado por el Gobierno de Pedro Sánchez, que nos hará aún más dependientes del gas y su volatilidad de precios.
Y la guinda final, el enfrentamiento con Trump…cuando EE.UU. ya ha pasado a ser nuestro mayor suministrador de GNL; el 70% de nuestra demanda de GNL y el 44% de nuestra demanda total de gas.
El otro gran suministrador es Rusia, con el 20% de nuestro GNL, que tendremos que dejar de importarle el año que viene en aplicación de las sanciones de la UE. ¿De verdad, Ministra Aagesen tenemos un suministro de GNL tan diversificado como dice? Mas bien parece que estamos en manos de EEUU y Rusia.
En un momento en que el gas vuelve a situarse en el centro del riesgo geopolítico mundial, eliminar generación firme y estable del sistema eléctrico español solo puede traducirse en mayor dependencia del gas y mayor exposición a los shocks internacionales. Y enfrentarse a nuestro principal suministrador de GNL, un suicidio económico.
La seguridad energética no se construye cerrando centrales que funcionan ni enemistando, -por sospechosas razones de interés doméstico electoral de nuestro presidente-, a nuestro principal aliado y suministrador de gas.
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