en concreto del 25 al 21%
El Instituto Juan de Mariana demuestra que bajando el impuesto de sociedades se recauda más
El documento recuerda que la recaudación por Sociedades ha aumentado un 57% desde que Gobierna Pedro Sánchez y que parte de esta carga termina trasladándose a los trabajadores.

Una de las múltiples sedes de la Agencia Tributaria. EUROPA PRESS 22/4/2015
El Instituto Juan de Mariana acaba de hacer llegar a Esdiario dos informes con propuestas concretas para la reforma de la fiscalidad empresarial.
El primero de ellos, elaborado por Diego Sánchez de la Cruz y Fernando Pinto, calcula la Curva de Laffer del Impuesto de Sociedades y recomienda la rebaja del tipo general del 25% al 21%. El segundo, firmado por Sánchez de la Cruz junto a Santiago Calvo, propone la instauración de un nuevo sistema de deducción inmediata de las inversiones empresariales, con ánimo de impulsar el crecimiento y la formación de capital.
La curva de Laffer y el impuesto de sociedades
En 2024, los ingresos tributarios alcanzaron 294.734 millones de euros (+8,4%), muy por encima del crecimiento del PIB (+3,5%).
Desde 2018 hasta 2024 se han aprobado 97 subidas o endurecimientos fiscales, lo que apunta a una estrategia de mayor extracción fiscal, y no a un crecimiento orgánico de las bases.
Economía
¿Cuánto cuesta el exceso de burocracia que sufre nuestro país? 90.000 millones de euros al año
Israel García-Juez
La recaudación por Sociedades se ha disparado un 57% desde que gobierna Pedro Sánchez
La recaudación del IS pasó de 24.838 millones en 2018 a 39.096 millones en 2024. España mantiene un tipo nominal del 25%, frente a una media europea cercana al 21%, pese a que los márgenes empresariales en 2024 son similares a los de 2019.
El análisis econométrico realizado sitúa el tipo de equilibrio recaudatorio en el 21,6%, es decir, 3,4 puntos por debajo del tipo general vigente. Reducir el IS hasta ese entorno permitiría mantener o incluso aumentar la recaudación, gracias a una mayor base imponible.
Ejemplo USA
Tras bajar el IS del 35% al 21% en 2017, la recaudación corporativa en EE. UU. es hoy un 40% mayor en términos reales que antes de la reforma. En el medio plazo, el recorte fiscal fue acompañado de un fuerte aumento de inversión y actividad.
Países con tipos similares o superiores al nuestro —como Alemania, Italia o Países Bajos— han anunciado rebajas relevantes. En el ranking de competitividad fiscal de la OCDE, España ocupa el puesto 29 de 38 en fiscalidad empresarial.
¿Cómo impacta en los salarios la presión fiscal?
La evidencia empírica indica que alrededor del 50% del Impuesto de Sociedades se traslada a los trabajadores. En España, esto se traduce en unos 940 euros menos al año por trabajador en términos de salario.
Reducir el IS hacia el entorno del 21% no solo no pondría en riesgo la recaudación, como demuestra el análisis realizado a partir de la Curva de Laffer, sino que también mejoraría inversión, productividad y salarios, reforzando la competitividad de la economía española.
El sistema actual penaliza la inversión
La amortización por tablas obliga a deducir las inversiones durante décadas, ignorando la inflación y el valor del dinero en el tiempo.
Como resultado, las empresas españolas solo recuperan el 61% del coste real de sus inversiones, una de las cifras más bajas de la OCDE.
La penalización es mayor en maquinaria, tecnología, I+D y activos intangibles, precisamente los más relevantes para el crecimiento potencial.
España arrastra un déficit persistente de inversión, especialmente en intangibles, frente a las economías avanzadas.
La inflación es otro impuesto oculto
Una inversión de 1 millón de euros amortizada en 10 años permite deducir solo unos 686.000 euros en valor presente real. El resto se pierde por inflación y coste de oportunidad, elevando artificialmente la base imponible.
Por este motivo, el modelo de full expensing permitiría deducir el 100% de la inversión en el momento en que se realiza, igualando gasto real y gasto fiscal. Esto reduce la tasa efectiva marginal sobre la nueva inversión al 0%, eliminando el sesgo actual del sistema, que mina la formación de capital.