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Juego de jaques

Una semana más, y por desgracia, seguimos hablando del Golfo Pérsico y el Océano Índico

Una imagen ampliada de un mapa, vista a través de una lupa de mano, muestra el Golfo Pérsico, Irán, el Estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán.

Una imagen ampliada de un mapa, vista a través de una lupa de mano, muestra el Golfo Pérsico, Irán, el Estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán.Andre M. Chang

Miguel Cornejo
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En lo que se agota el alto el fuego y (ahora sí) parece haber negociaciones entre EEUU e Irán, ambos lados están bloqueando el tráfico del Estrecho de Ormuz, cada uno con sus medios y con sus consecuencias.

Como ya comentamos, Irán tiene minado el estrecho, lo que le permite ofrecer su ayuda a los buques que se avienen a pasar por su zona de control, y cobrar por ella. Esto supone un control efectivo del tráfico, y una fuente de ingresos, que Irán pretende consolidar tras el alto el fuego. Y la consecuencia ha sido que casi todo el tráfico por el Estrecho han sido barcos de la "flota fantasma" que trafica con petróleo iraní pese a las sanciones, con destino (oficial) a Indonesia y (menos oficial) China. Para los demás barcos, el comercio petrolífero está cerrado.

Esto está llevando al desabastecimiento crítico, no ya en países desarrollados como Nueva Zelanda y Australia (y asomando en partes de Europa con menos diversificación de suministro) sino en los que no tienen el lujo de contar con una reserva energética significativa. Ya no hablamos de restricciones en los vuelos, sino en la distribución de combustible para automóviles y generadores. Las consecuencias van a pasar de "dinero" a "daño" muy deprisa.

El segundo bloqueo es el que ha establecido EEUU como respuesta, impidiendo el acceso de barcos neutrales a puertos iraníes. La flota estadounidense está desviando, bajo amenaza, a los barcos que se aproximan al Estrecho o a las terminales iraníes ya en el Índico. Aún no han decidido exponer sus barcos a las minas y los misiles iraníes, pero no lo necesitan: les basta con bloquear desde donde pueden operar con seguridad.

Este bloqueo es demasiado reciente para saber qué grado de eficacia alcanza, aunque EEUU asegura que es completo.

La consecuencia del bloqueo estadounidense va más allá de limitar el acceso a divisas internacionales. La capacidad de almacenamiento de crudo y productos refinados en tierra no es infinita y, como ya han señalado varios analistas, Irán no puede mantener la producción actual sin darle salida durante mucho más de 15 días. A partir de ese punto tiene que cerrar yacimientos, un proceso que no es tan sencillo como cerrar un grifo y puede causar daños serios. Algo que ni los clientes de Irán ni Irán se pueden permitir.

Todo esto les deja con tres alternativas:

1. Irán podría llegar a un acuerdo con EEUU. La decisión de Trump de decretar que el cese el fuego sí incluye el Líbano (tras haber dicho lo contrario, y sin contar con Israel) es un paso que desbloquea parte del camino. Pero la República Islámica quiere mucho más. El derecho a enriquecer uranio puede que sea abandonado, pero la petición de reparaciones por el ataque y la insistencia en mantener el control de Ormuz como garantía de no volver a sufrir un bloqueo no van a desaparecer por las buenas.

2. Irán podría incitar a sus socios y clientes a burlar el bloqueo estadounidense. La legalidad del mismo ya es dudosa, y si bien un barco indonesio puede plegarse a las amenazas, está por ver lo que pasaría si China decide que necesita el combustible.

3. Si no se rompe el juego de mates antes de que se acabe el cese el fuego, cualquiera de los dos bandos puede empezar a disparar. EE. UU. ha amenazado con dejar a la población iraní sin energía. Las plantas desalinizadoras de los países del golfo ya están en la lista de objetivos. Y lo que queda del tráfico en la zona está en la picota.

Mientras EEUU intenta forzar a la OTAN a actuar fuera de su marco y de su mandato, la cascada de consecuencias del doble bloqueo sigue aumentando. En Europa y EEUU apenas es visible, pero en el Pacífico y África pasa de lo que se puede tolerar sin daños.

Trump parece pensar que sólo se juega su reputación, como demuestra que sus drones ya estén sobrevolando Cuba. La realidad es que se juega lo que queda de sus alianzas, y una posible escalada, si no es capaz de resolver las necesidades de sus socios y de China en el corto plazo.

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