La EPA desnuda al Gobierno: 231.500 parados más y vuelta a la cola de Europa
Los datos del primer trimestre desmienten el relato oficial con destrucción de empleo, récord de pluriempleo y un mercado laboral lastrado por problemas estructurales, mientras el crecimiento sigue apoyado en bases frágiles y el sector público amortigua el deterioro privado

Los datos de la EPA son claros: España no va bien
España suma 231.500 parados más en el primer trimestre del año y recupera el liderazgo europeo en desempleo. Detrás del dato hay algo más que estacionalidad: un modelo laboral con problemas estructurales que la última reforma laboral no ha sabido resolver y que el Gobierno ha preferido tapar con récords de afiliación que no son tal.
Esta semana el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado la encuesta de población activa (EPA) correspondiente al primer trimestre de 2026 con un incremento de 231.500 parados más, convirtiéndose en el peor dato desde 2013 y nos vuelve a poner a la cabeza de Europa como país con mayor tasa de paro (10,83%) por delante de Finlandia.

Fuente: INE (EPA 1º Trimestre 2026)
El Gobierno ha intentado encuadrar estos datos como un ajuste estacional, habitual en los primeros meses del año. Y es cierto que el primer trimestre siempre es flojo para el empleo en España. Pero este ha sido peor que los anteriores. La caída de ocupación duplica la del mismo periodo del año pasado, y Randstad Research la califica directamente como el peor primer trimestre global desde 2020, cuando el mundo estaba sufriendo los primeros compases de la pandemia del COVID-19. El argumento de la estacionalidad, por tanto, explica una parte del fenómeno, pero no lo justifica.
A la subida de los parados se le suma la caída de 170.300 ocupados, el peor dato desde 2020, una cifra que no se veía desde los primeros meses del confinamiento:

Fuente: INE (EPA 1º trimestre 2026).
Resulta extremadamente revelador mirar dónde se ha destruido empleo y dónde se ha creado. Y un trimestre más el sector privado perdió 191.400 ocupados, frente al sector público que ganó 21.100, alcanzando los 3,66 millones de empleados públicos, lo que representa un nuevo récord histórico de España.
Mientras la empresa privada contrae plantilla, la Administración no deja de engordar y así se oculta un problema de fondo que no es más que a las empresas se les está acabando la gasolina y están exhaustas.
Otro dato incómodo para el gobierno es el pluriempleo que alcanza a 611.600 personas en España que tienen la obligación de compaginar al menos dos empleos, lo que supone el 13,74% más que hace un año. El fenómeno del pluriempleo afecta ya al 3% de los trabajadores y está creciendo fundamentalmente por la necesidad económica por la pérdida de poder adquisitivo. Es el indicador más crudo de que una parte de la población trabajadora pese a tener un trabajo no llega a fin de mes. Un récord que el Gobierno de Sánchez hubiera preferido no incluir en su balance.
El economista Lorenzo Bernaldo de Quirós ha señalado que el mercado laboral español no ha subido un escalón, sino que se ha caído por el hueco del ascensor. La metáfora es gráfica, pero también técnicamente fundada. Los datos de afiliación a la Seguridad Social, que el Ejecutivo utiliza habitualmente como argumento para defender su gestión, no miden personas sino relaciones laborales. Una misma persona puede generar varias afiliaciones. Cuando se cruzan esos datos con los de la EPA, que sí mide individuos, el panorama es menos brillante. A ello hay que añadir los fijos discontinuos inactivos —estimados entre 700.000 y 800.000 personas— que en los periodos de inactividad no cotizan como parados pero tampoco trabajan. Son, en cierto modo, el gato de Schrödinger de nuestra estadística laboral: ni parados, ni ocupados, suspendidos en un limbo que el Gobierno ha tenido buen cuidado de no iluminar. Si se incorporaran al total, la tasa de paro real sería considerablemente más elevada que el 10,83% oficial.
El contexto macroeconómico tampoco ayuda. El Adecco Institute subraya en su análisis que el crecimiento económico español sigue descansando más en volumen de empleo que en ganancias de productividad, lo que introduce fragilidades de fondo. España crece, sí, pero lo hace apoyada en el turismo, en la demanda interna y en los fondos europeos, no en la transformación de su estructura productiva. El segundo trimestre será clave para analizar la evolución tanto del turismo, con posibles afecciones derivadas del conflicto en Irán como de la demanda interna. Respecto a los fondos europeos se acaban y se acaban pronto, en agosto para ser más precisos.
Carlos Cuerpo, recién estrenado como superministro de Economía, ha optado por mantener la previsión de crecimiento del PIB en el 2,2% para 2026, descartando revisar al alza ni a la baja. Una posición defensiva que refleja la fragilidad del momento: un Gobierno sin presupuestos, con mayoría parlamentaria bloqueada, dependiente de socios que no coinciden en casi nada, y ahora con una EPA que cuestiona la narrativa del éxito laboral que ha sostenido el relato oficial durante los últimos años.
Los datos son los que son. La EPA no opina, no tiene ideología y no hace campaña. Simplemente mide. Y lo que mide este trimestre es un mercado laboral que, lejos de haber resuelto sus problemas estructurales, los mantiene intactos bajo la superficie de unos registros de afiliación que el Gobierno ha convertido en su principal argumento electoral. El suelo sobre el que camina el gobierno se está agrietando y nadie podrá decir después que no lo sabía.