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Paraguay se lanza a por el “milagro turístico”: de dos a diez millones de visitantes en una década

El Gobierno de Santiago Peña impulsa un giro estratégico en el turismo con el nombramiento de Jacinto Santa María, que fija como meta multiplicar por cinco la llegada de viajeros y convertir al país en un polo de inversión en ocio y entretenimiento.

Jacinto Santa María, ministro de turismo de Paraguay 

Jacinto Santa María, ministro de turismo de Paraguay 

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Paraguay ha decidido dar un golpe de timón en su política turística. El presidente Santiago Peña ha colocado al frente de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) a Jacinto Santa María con una misión clara, pero de enorme dificultad: transformar al país en un destino de referencia regional y pasar de los actuales dos millones de turistas a nada menos que diez millones en el horizonte de 2037.

El propio ministro no ha ocultado la magnitud del reto. “El desafío es inmenso y el fracaso no es una opción”, ha afirmado en sus primeras declaraciones, marcando un tono poco habitual en un sector que, hasta ahora, había avanzado sin grandes ambiciones en el país sudamericano.

El “modelo Orlando” como hoja de ruta

La nueva estrategia no es improvisada. Paraguay quiere replicar, salvando las distancias, el llamado “modelo Orlando”. La ciudad de Orlando, en Estados Unidos, se ha convertido en el ejemplo que inspira al Ejecutivo paraguayo: un enclave sin grandes atractivos naturales que, sin embargo, recibe decenas de millones de turistas al año gracias a su potente industria del entretenimiento.

El referente es claro: Walt Disney World transformó un territorio de pantanos en uno de los mayores polos turísticos del planeta. Ese es el espejo en el que se mira ahora Paraguay, que aspira a atraer inversiones para desarrollar parques temáticos de última generación y complejos de ocio tecnológico capaces de cambiar el mapa turístico del país.

La apuesta no es menor. Supone pasar de un modelo basado en recursos naturales y turismo de paso a uno centrado en grandes infraestructuras de entretenimiento, con fuerte componente internacional y capacidad de generar estancias prolongadas.

El gran problema: turistas que pasan, pero no se quedan

Uno de los diagnósticos más claros del nuevo ministro tiene que ver con la paradoja turística del país. Paraguay se encuentra junto a uno de los grandes iconos mundiales, las Cataratas del Iguazú, que atraen a millones de visitantes cada año. Sin embargo, ese flujo apenas se traduce en beneficios directos para el país.

El problema es estructural: los turistas llegan, disfrutan del espectáculo natural… y se marchan sin cruzar la frontera. Paraguay no logra retenerlos ni una noche, ni una comida, ni una experiencia que justifique prolongar la estancia.

Santa María lo ha resumido con crudeza: el país carece de un “producto atractivo” que invite a quedarse. Y ahí es donde entra en juego la nueva estrategia, centrada en crear una oferta capaz de generar gasto, actividad económica y empleo.

Eventos internacionales y orgullo nacional

El Gobierno defiende que Paraguay ya ha demostrado su capacidad organizativa en los últimos años. Entre los ejemplos más recientes figura el Rally de Paraguay, celebrado por primera vez en 2025 y que, según las autoridades, logró un reconocimiento internacional inmediato.

A ello se suman eventos de gran visibilidad como el Congreso Mundial de la FIFA o competiciones como los Juegos Odesur y citas panamericanas, que han servido para proyectar la imagen del país en el exterior.

El mensaje del Ejecutivo es claro: si Paraguay ha sido capaz de organizar grandes eventos globales, también puede construir una industria turística sólida si logra coordinar inversión, sector público y tejido empresarial.

Turismo de alto gasto: la clave del nuevo modelo

Más allá de aumentar el número de visitantes, el plan del Gobierno pone el foco en elevar la calidad del turismo. La prioridad será atraer viajeros internacionales de alto poder adquisitivo, aquellos que se alojan en hoteles de cinco estrellas y generan un gasto diario elevado.

El objetivo es claro: maximizar el impacto económico del turismo. Cada visitante de alto nivel no solo incrementa la entrada de divisas, sino que impulsa sectores como la hostelería, la gastronomía, el transporte o el comercio local.

En este sentido, Paraguay quiere abandonar su imagen de destino secundario para convertirse en una opción atractiva dentro del mapa turístico latinoamericano, compitiendo no tanto por volumen como por valor.

Un reto ambicioso… y lleno de incógnitas

El plan, sin embargo, no está exento de dudas. Multiplicar por cinco el número de turistas en poco más de una década exige inversiones multimillonarias, seguridad jurídica, infraestructuras modernas y una estrategia de promoción internacional sostenida.

Además, replicar el modelo de Orlando no es una tarea sencilla. Requiere no solo capital, sino también marcas globales, alianzas estratégicas y una planificación a largo plazo que trascienda ciclos políticos.

Paraguay ha dado el primer paso con un mensaje claro: quiere dejar de ser un destino invisible para el gran turismo internacional. Ahora falta comprobar si esa ambición se traduce en proyectos concretos y, sobre todo, en resultados reales.

Porque, como ha advertido el propio Santa María, en esta ocasión el margen para el fracaso es mínimo.

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