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Draghi lanza el gran aviso: Europa está sola frente a Estados Unidos, China y Rusia

El ex presidente del BCE alerta del declive estratégico europeo mientras la UE pierde peso económico, capacidad tecnológica y autonomía frente a las grandes potencias mundiales

Mario Draghi, ex presidente del Banco Central Europeo

Mario Draghi, ex presidente del Banco Central EuropeoDPA vía Europa Press

Miguel Cornejo
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En la entrega de los premios Carlomagno de este año, Mario Draghi ha dejado claro lo que se viene afirmando desde tribunas menos moderadas y admiradas. El ex presidente del Banco Central Europeo y ex primer ministro italiano es una de las pocas personas que concitan el respeto oficial de prácticamente todo el continente y de la profesión económica. Su informe sobre la situación y necesidad de reformas de la Unión Europea es el pilar sobre el que se está edificando la política económica de la UE y de los países que la componen (salvo aquellos, como el nuestro, donde hay otras prioridades que se imponen a la supervivencia económica).

Draghi ha dicho que los europeos estamos "por primera vez en la historia reciente, solos juntos." Los países de la UE, muchos de ellos antiguas potencias coloniales y focos de la historia mundial, están esencialmente aislados de un modo que no se conocía, o más bien no se reconocía. Nuestra participación en la escena internacional y hasta nuestro modelo económico se han definido en función de la colaboración con EEUU que se consolidó tras la II Guerra Mundial. Una colaboración que tenía muy poca simetría, pero al menos la suficiente para saber que Europa estaba tan segura como se podía esperar.

Hoy en día, como dice Draghi, EEUU es "más impredecible" y actúa más como un "adversario" o un socio de conveniencia que como un aliado. China por fin es percibida como una amenaza competitiva para Europa, tanto por sus políticas como por sus capacidades y ambiciones. Rusia ha dejado de verse como un vecino al que atraer, después de las últimas agresiones a Ucrania (algo que no habían conseguido las anteriores, ni los asesinatos en territorio europeo, ni las continuas invasiones de nuestra soberanía). 

Eso deja a Europa cada vez más cerca de no estar alineada con ningún otro polo de poder. Y más dependiente de sus propios miembros para lograr la masa crítica, tanto en el aspecto militar como diplomático o económico, necesarias para no ser empujados en la dirección en que sople el hegemón, o aspirante a hegemón, más cercano.

Hace poco leíamos también a Paul Krugman defender, en varios artículos, que la UE no está realmente perdiendo terreno frente a los EEUU basándose en paridad de poder adquisitivo a precios actuales. Según ese análisis, las cosas no han cambiado desde los 2000. Pero como otros economistas han demostrado (ha sido uno de los debates interesantes de la semana) esa medida pierde de vista las ganancias de productividad en las industrias en las que bajan los precios. Es decir, no cuenta el aumento de producción en el sector tecnológico estadounidense, donde los precios han bajado muchísimo pero la producción y la productividad han subido aún más. Que es por lo que los economistas normalmente comparamos usando precios constantes, lo que muestra el avance disparado estadounidense.

El crecimiento estadounidense se puede ver mejor en el mercado de valores. Las seis empresas de tecnologías más notorias (Apple, Amazon, Meta, Alphabet, Nvidia, Microsoft) valen más que el total de las empresas europeas cotizadas. El total. O puede verse en los salarios de esas empresas (salario mediano en Meta en 2025: unos 350.000 euros) o de cualquier otro trabajo en EEUU, donde la diferencia con el equivalente europeo es seria: según Garicano citando a la OECD, cobran entre un 30% más que la mediana holandesa y el 52% más que la francesa. Sobre la comparación con España, mejor no hablar. Y ya no se trata de más horas trabajadas: el famoso mito ha pasado a la historia, ahora se trabaja más a este lado del Atlantico.

Dicho de otro modo, aunque Europa sea agradable para vivir y los precios se parezcan, cuando en EEUU un mismo perfil cobra mucho más, es evidente que las cosas no son equivalentes.

Sobre la comparación con China se ha escrito ya incluso demasiado, y poco nuevo de relevante. El capitalismo estatal chino puede ser frágil, pero su estrategia de exportación masiva subvencionada para suplir la falta de demanda mientras alcanzan economías de escala no sólo funciona sino que arrasa con la competencia. La consolidación económica y tecnológica chinas ya no son un futurible, son una realidad, y su agresividad como competidores apenas ha empezado a ser tratada. Las implicaciones geoestratégicas de alimentar una dictadura nacionalista nuclear en el epicentro de Asia apenas se están tratando en serio, pese al ejemplo de Rusia.

Y de Rusia definitivamente ya hemos hablado demasiado. El colapso económico que hemos venido describiendo en estos artículos se sigue desarrollando; la "gasolinera" cada vez tiene más dificultades para financiar la megalomania de Putin. Pero la creciente inestabilidad del régimen ruso sólo es buena noticia a largo plazo.

En resumen, la prosperidad europea no puede contar con grandes socios externos: estamos solos en la defensa de nuestros intereses y nuestro futuro. Dependemos de los demás (el "juntos" de Draghi). Y quizá de esos socios que tanto nos empeñamos en no ver ni integrar como es debido: la Commonwealth y la Hispanidad.

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