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Tirando la energía limpia y barata

Más renovables, pero también más vertidos, precios negativos y costes para el consumidor.

El avance solar no se traduce en ahorro: la infraestructura sigue sin acompañar a la generación.

El avance solar no se traduce en ahorro: la infraestructura sigue sin acompañar a la generación.

Javier Peón
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Durante años nos dijeron que la transición energética iba a abaratar la electricidad, democratizar la energía y empoderar al consumidor. Hoy, cuando España bate récords de potencia fotovoltaica instalada y de producción solar, conviene preguntarse por qué aumentan simultáneamente los vertidos de energía renovable, los precios cero y negativos, la canibalización de ingresos de las plantas solares y los costes que terminan pagando los consumidores.

La respuesta no está en las renovables. Tampoco en la tecnología. El problema es mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más grave: se impulsó la instalación masiva de generación sin desarrollar al mismo ritmo las redes, el almacenamiento, la digitalización y las herramientas necesarias para operar con seguridad un sistema eléctrico profundamente diferente.

Los elocuentes datos de mayo 2026; estancados…

Mayo de 2026 es un buen ejemplo de lo que viene sucediendo y permite ponerles cifras al desequilibrio. Este pasado mes debería haber sido el mes de la gran victoria de la fotovoltaica española. El sistema incorporó cerca de 10 GW renovables adicionales respecto al año anterior y registró el mejor mayo de la historia para la generación fotovoltaica. Nunca habíamos producido tanta electricidad solar ni dispuesto de tantos recursos renovables para abastecer hogares e industrias.

Pero a pesar de haber conectado aproximadamente 10 GW adicionales de renovables en el último año, el porcentaje de energía renovable efectivamente integrada en el sistema permanece prácticamente estancado en torno al 63%. En mayo de 2025 fue del 64%.

Por tanto, el hecho a celebrar no sería cuanto puede producirse con energía renovables sino cuanto acaba siendo aprovechado por el sistema y cuanto baja el coste para los consumidores. Y ahí no podemos celebrar nada, al contrario. Ahí es donde sigue radicando el problema desde hace años ante la pasividad del gobierno.

…y aún peor

En mayo las renovables siendo el 64% de la generación, no pudo integrarse el 1,5%. En mayo de 2026, con un 63% de la generación peninsular, lo que no ha podido integrase se ha elevado al 6,5%, se ha multiplicado por cuatro. Recordemos que según cálculos de APPA Renovables España desperdició casi 38 TWh de energía renovable en 2025 y en este 2026 va a ser mucho más. En las horas solares se están perdiendo del orden de 7 GW diarios de producción fotovoltaica, equivalentes a unos 70-80 GWh diarios de energía renovable desperdiciada.

Además, la sobreoferta en horas solares hace que los precios caigan; el sistema acumulaba más de 700 horas con precios cero o negativos, casi duplicando todas las registradas en 2024.

El sobrecoste para los consumidores

En cuanto a los precios para el consumidor, el pico horario de la fotovoltaica alcanzó a cubrir el 70% de toda la demanda peninsular. Y sin embargo el precio en el mercado spot subió a 51 €/MWh frente a los 40,5 de abril. Es decir, que la fotovoltaica deprime el precio al mediodía generando precios cero o negativos para los productores, pero después de las horas solares el precio repunta hasta los 118 €/MWh. Más fotovoltaica no rebaja el precio medio, sino que incrementa sus picos y valles y su volatilidad.

A todo ello hay que añadir los costes por las restricciones técnicas que todo este desequilibrio genera, siguen creciendo para los consumidores. De enero a mayo de 2026, más de 2.200 millones de euros, siete veces más que los millones de euros de enero a mayo 2021.

Éxito privado, fracaso público

Y todo ese desperdicio se produce por falta de redes suficientes y por falta de demanda suficiente; la demanda eléctrica apenas creció un 0,1% en mayo, por lo que la absorción de toda esa nueva generación renovable simplemente no está ocurriendo. Aquí el autoconsumo juega un papel fundamental, porque las instalaciones de autoconsumo de aquellos que pueden salir de su dependencia de las redes, se traducen en una “reducción” de la demanda conectada a las redes.

En definitiva, nunca habíamos generado tanto valor potencial para destruir tanto valor económico al mismo tiempo. El éxito de la generación renovable coincide con el fracaso de su integración en el sistema. El éxito en lo que no depende del gobierno, sino de la tecnología, el mercado y los inversores. El fracaso en lo que si depende de la política gubernamental, la planificación de las redes y su retribución y la adecuada regulación para su operación.

Se sigue instalando fotovoltaica y se siguen incrementando los vertidos, los precios cero y negativos, la canibalización, los costes de la operación del desequilibrio y los costes finales para el consumidor. Un desastre porque no hubo una política que atendiera a las advertencias de Red Eléctrica en 2019 que anticipaba lo que se nos venía encima y no se preocupó de desarrollar redes digitalizadas, almacenamiento y nueva normativa y tecnología para la operación segura.

¿Quién gana con el desastre?

Ahora pagamos las consecuencias; las pagan las renovables y las pagan los consumidores. ¿Y quién gana? El gas de las eléctricas para los ciclos combinados (más emisiones) y quién puede instalarse un autoconsumo (que no suelen ser los consumidores vulnerables ni la mayoría de los hogares) para salirse un marco que ha degenerado en este sistema eléctrico desequilibrado, ineficiente e injusto.

El problema es que los que se quedan obligados pagamos los sobrecostes que se generan en el sistema para operar de manera segura tanto autoconsumo. Según una estimación de la CNMC, si en 2030 se alcanzan los objetivos de autoconsumo del PNIEC (19 GW instalados), los peajes y cargos perderían ingresos equivalentes a 535 Millones de euros, que supondría nuevos costes para los que siguen conectados a las redes.

A esto el gobierno y la izquierda lo llaman empoderar al consumidor y democratizar la energía. Pero también se le puede llamar quitar a los que menos tienen para dárselo a los que más tienen. Anti-Robin Hood.

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