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Seis manipulaciones de Sánchez para vender un éxito energético que no existe

El Gobierno presume de una política energética modélica, pero los datos completos revelan apagones, sobrecostes, vertidos renovables y pérdida de competitividad industrial.

Las mentiras energéticas de Pedro Sánchez.

Las mentiras energéticas de Pedro Sánchez.Hecho con IA

Javier Peón
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Sánchez Pérez-Castejón sigue sin convocar el tradicional Debate anual sobre el Estado de la Nación en el Congreso donde, -pese a contar con la ventaja del tiempo ilimitado frente al tasado de sus oponentes-, sus datos y argumentos pueden ser replicados en tiempo real. Por eso, llevó su balance al Palacio de La Moncloa, sin replicas y sin riesgo para colocar su propaganda.

Así, dedicó varios minutos a presentar la política energética de su Gobierno como uno de los grandes éxitos de la legislatura. Escuchándolo, cualquiera concluiría que España disfruta de la electricidad más barata de Europa, que la transición energética avanza sin costes relevantes y que las empresas industriales viven hoy una edad dorada gracias a las decisiones del Ejecutivo. Y que con Rajoy, todo sucedía de la manera contraria.

Lástima que los datos completos cuenten otra historia.

Primera manipulación: el "impuesto al sol"

Pedro Sánchez volvió a rescatar uno de sus clásicos: el "impuesto al sol". Lo presentó como el símbolo del atraso energético que su Gobierno vino a corregir. Su “derogación” es una simplificación interesada porque en realidad nunca existió un impuesto al sol ni a la energía renovable con Rajoy, que siguió avanzando con más de 8.000 MW adjudicados en subastas públicas, tras la época de paralización de Zapatero.

El mecanismo que el PSOE bautizó como “impuesto al sol” y que repite desde entonces como un mantra, pretendía limitar posibles efectos negativos en las redes como consecuencia de un despliegue excesivo del autoconsumo. Fue un parche discutible, aprobado en un contexto completamente distinto, con un déficit de tarifa heredado de más de 30.000 millones de euros y con un autoconsumo todavía testimonial. Probablemente fue prematuro y no adecuadamente diseñado.

Pero lo que Sánchez omitió es que su Gobierno ha terminado imponiendo restricciones mucho más costosas para las propias renovables. Primero limitando extraordinariamente sus ingresos mediante el Real Decreto-ley 17/2021 y, después del gran apagón de abril de 2025, implantando una "operación reforzada" que expulsa diariamente del mercado miles de megavatios hora de generación renovable porque el sistema no puede absorberlos. Cambió el nombre del reto, pero no el reto; la integración eficiente de nuestro potencial renovables en nuestras redes eléctricas.

El agravante para Sánchez es que ha dispuesto de 160.000 M€ de fondos europeos, barra libre fiscal y recaudación tributaria récord…pero nada hizo para facilitar esa eficiente integración y nos llevó a un apagón histórico por su despreocupación irresponsable en este tema, que hoy seguimos pagando con sobrecostes en nuestra factura eléctrica.

Segunda manipulación: la electricidad más barata de Europa

Probablemente fue la afirmación más llamativa de todo el discurso. Sánchez aseguró que España disfruta hoy de los precios eléctricos más bajos de Europa, la mitad que Alemania y un tercio que Italia, dando el precio de 45 €/MWh.

Eso simplemente no es verdad.

O, para ser más precisos, sólo lo es si se toma exclusivamente el precio del mercado mayorista diario y se ignora deliberadamente todo lo demás. Incluso ese promedio lo mejora artificialmente al excluir del semestre el me enero, el mes con los precios más elevados del periodo

Pero las familias no pagan el mercado mayorista.

Pagan también servicios de ajuste, peajes, cargos regulados e impuestos. Y cuando se incorpora todo aquello que depende precisamente del Gobierno, la fotografía cambia radicalmente. Sólo por servicios de ajuste, este año los consumidores pagaremos más de 5.000 millones de euros, un promedio de más de 20 €/MWh, alrededor del 25% del coste de la energía en el mercado mayorista.

Según Eurostat, un hogar español pagó en el segundo semestre de 2025, 29,75 céntimos por kilovatio hora (297,5 €/MWh) situándose entre los países con la electricidad doméstica más cara de la Unión Europea, por encima incluso de la media comunitaria.

Y es que menos de un tercio del recibo corresponde realmente a la electricidad consumida. El resto son peajes, cargos regulatorios e impuestos acumulados durante años. Es decir, cuanto mejor funciona el mercado eléctrico, que depende del riesgo que asumen inversores y promotores privados en competencia, menor es el efecto que tiene sobre la factura final. Es lo que depende del gobierno, de las tarifas, peajes, cargos regulados y de los impuestos, lo que nos coloca en desventaja. Y de la escasez de ayudas, frente a las que reciben los consumidores de los países vecinos.

España produce electricidad barata. Lo que resulta caro es todo en lo interviene el gobierno desde que sale del mercado hasta que llega al buzón del consumidor.

Tercera manipulación: las renovables sin costes

Es cierto que España instala renovables como nunca. También es cierto que nunca había desperdiciado tanta electricidad limpia.

Los vertidos renovables se han disparado porque la red ya no consigue absorber todo el crecimiento de la generación fotovoltaica. Miles, decenas de miles de megavatios hora terminan desperdiciándose mientras los costes de operación del sistema se multiplican y la dependencia de los ciclos combinados sigue siendo imprescindible para garantizar la estabilidad de la red. En el último año esa energía renovable “vetada” y desaprovechada se ha incrementado en un 60% y ya supone un 10% del total de la energía renovable.

Celebrar únicamente la potencia instalada sin hablar del coste de integrarla es como presumir del número de coches vendidos ocultando que no existen carreteras suficientes para que circulen.

La planificación 2021-2026 partió de 6.964 millones y ha necesitado tres modificaciones por 1.854 millones adicionales, hasta 8.818 millones: un 26,6% más. Las dos últimas llegaron tras el apagón. Ahora el Ejecutivo autoriza otros 17.900 millones hasta 2030 —10.200 millones en distribución y 7.700 en transporte—, pero la planificación 2025-2030 acumula diecinueve meses de retraso y el 73,4% de la inversión anunciada procede de actuaciones ya incluidas anteriormente. Más que anticipación, es una costosa operación de rescate de lo que no se ejecutó a tiempo.

Cuarta manipulación: la competitividad industrial

El presidente también presentó a España como un paraíso energético para la industria. De nuevo, sólo contó la mitad de la historia.

Es cierto que la industria española presenta buenos resultados medios frente a otros países europeos gracias al mercado mayorista. Pero los grandes consumidores electrointensivos siguen denunciando una pérdida de competitividad frente a Francia y Alemania. Según AEGE, la actividad industrial continúa aproximadamente un 20 % por debajo de la registrada en 2019 y el coste energético sigue siendo uno de los principales factores que explican esa situación. Sus empresas pagan 2,5 veces el coste de sus competidoras francesas y un 34% más que las alemanas. El mercado ayuda; impuestos, peajes y escasas compensaciones deshacen la ventaja.

Las medias, otra vez, esconden precisamente a quienes más dependen de la electricidad.

Quinta manipulación: presumir de 600 millones de ayudas

El ministro de Industria presumía esta misma semana de los 600 millones destinados a compensar los costes indirectos del CO₂ y se ufanaba de la comparación con la cifra del último año de Rajoy. La cifra impresiona. Hasta que se explica.

Entre 2017 y 2025 España recaudó 18.762,5 millones por ingresos procedentes de subastas de derechos de emisión y concedió 1.855,4 millones en compensaciones: sólo el 9,89%. En el último ejercicio completo de Rajoy se destinó alrededor del 17%; en 2018, ya con Sánchez, apenas el 0,46%; entre 2020 y 2023, entre el 4,92% y el 7,55%; en 2024, el 10,98%, y en 2025, el 22,96%. Desde 2025, si, los 600 millones son récord, pero siguen sin alcanzar el 25% autorizado por Bruselas y llegan después de años de clara insuficiencia.

Además, hay que fijarse en el reparto relativo a cada empresa afectada. Los mismos 600 millones de 2025 deberán repartirse ahora entre 36 sectores, frente a los 14 anteriores. El reparto se realizará mediante prorrateo, de modo que la ayuda efectiva dependerá del número de solicitudes y podría diluirse significativamente. El propio sector estima que serían necesarios alrededor de 1.000 millones de euros para cubrir adecuadamente las necesidades elegibles.

Presumir del importe absoluto ocultando el reparto real y vuelve a ser una forma muy particular de rendir cuentas.

Sexta manipulación: convertir la propaganda en política energética

Todas las anteriores desembocan en la misma conclusión. No estamos ante errores aislados. Estamos ante una forma de comunicar. Esta semana son seis, pero si repasamos hemeroteca, pueden llegar a ser 66. Porque la política energética de este gobierno ha sido un absoluto fracaso porque su inacción, su falta de política, sus parches, prórrogas y contraprórrogas, nunca llegaron a corregir los desequilibrios de un sector que se estaba transformando a marchas forzadas. El resultado, un colapso sistémico inédito e histórico. Un gran apagón.

Ahora, tras el apagón, corren para recuperar el tiempo perdido. Y corriendo, tropiezan una y otra vez. Y el coscorrón, lo pagamos todos. Pero para el gobierno anda importa; se seleccionan únicamente las estadísticas favorables, se omiten los costes regulatorios, desaparecen los vertidos renovables, el apagón, la pobreza energética o los problemas de competitividad industrial, y el resultado termina presentándose como un éxito rotundo.

Pero la energía tiene una ventaja sobre la propaganda: acaba sometiendo cualquier relato a la prueba de la realidad.

Las redes no distinguen entre discursos y hechos. Las industrias no pagan la electricidad con el precio del mercado diario. Las familias no abonan su factura con gráficos de potencia instalada.

Por eso el verdadero balance energético del Gobierno no debería medirse por los titulares del martes, sino por una pregunta mucho más sencilla: si todo va tan extraordinariamente bien, ¿por qué cada vez hace falta manipular más los datos para convencer a los españoles de que viven un milagro energético?

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