ley de envases

El nuevo sistema de reciclaje llega con trampa: pagas la fianza, pero tendrás que esperar para recuperar el dinero

La norma europea empieza a aplicarse este miércoles y España ultima un modelo que obligará a conservar las botellas y latas hasta su devolución

La botella que ya no bastará con tirar al contenedor: habrá que devolverla para recuperar la fianza.JESUS HELLIN / STUDIOMEDIA19

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La nueva normativa sobre envases empieza a cambiar desde este miércoles la relación de los consumidores con las botellas, las latas y otros recipientes de uso cotidiano. Pero el verdadero problema no está únicamente en los 10 céntimos de depósito que tendrá cada envase incluido en el futuro sistema. Está en una cuestión mucho más sencilla: ¿Qué ocurre con el dinero si el sistema para devolver los envases todavía no está preparado?

España se encuentra en plena cuenta atrás para implantar el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR), un modelo que obligará al consumidor a adelantar una cantidad por determinados envases y que permitirá recuperar ese dinero cuando sean entregados en los puntos habilitados.

Sobre el papel, el funcionamiento parece sencillo: comprar, pagar la fianza, consumir, devolver y recuperar el dinero.

El problema aparece cuando la teoría se encuentra con la realidad. La normativa empieza a desplegarse antes de que toda la infraestructura necesaria para recoger los envases y devolver el dinero esté plenamente disponible.

Y eso deja una situación difícil de explicar al consumidor: una obligación que comienza a ponerse en marcha mientras la maquinaria para hacer efectivo el retorno todavía está pendiente de completarse.

La pregunta incómoda: ¿Dónde guardamos las botellas?

El nuevo modelo cambia una costumbre que millones de españoles tienen automatizada. Hasta ahora, después de beber una botella de agua o una lata de refresco, el recipiente podía terminar directamente en el contenedor amarillo.

Con el sistema de depósito, el envase tendrá un valor económico. Y para recuperar esos 10 céntimos habrá que conservarlo y llevarlo posteriormente a un punto de devolución.

La pregunta que surge inmediatamente es evidente: ¿Qué hará una familia que acumule varias botellas y latas cada semana?

El nuevo sistema exige disponer de un espacio para almacenar temporalmente los envases y trasladarlos posteriormente hasta un establecimiento o punto habilitado. Y cuanto mayor sea el consumo, mayor será también el número de recipientes que habrá que conservar.

La cuestión adquiere todavía más relevancia durante el periodo de transición. El sistema español debe estar plenamente operativo antes del 22 de noviembre de 2026, después de que España incumpliera los objetivos de recogida separada de botellas de plástico establecidos por la normativa.

Mientras tanto, la nueva normativa europea sobre envases empieza a aplicarse desde este 12 de agosto con diferentes obligaciones para fabricantes, distribuidores, supermercados y establecimientos de hostelería. El Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases busca reducir los residuos y aumentar la reutilización y reciclabilidad de los recipientes.

La diferencia entre ambas cuestiones es importante: el reglamento europeo empieza ahora, mientras que el sistema español de depósito tendrá que estar operativo en los próximos meses.

El dinero tendrá que esperar

Los famosos 10 céntimos no son, técnicamente, un impuesto. Son un depósito reembolsable. El consumidor adelanta ese dinero y tiene derecho a recuperarlo cuando devuelve correctamente el envase.

Pero para recuperar la fianza hace falta algo imprescindible: un sistema capaz de recoger el recipiente y efectuar la devolución.

Ahí está precisamente uno de los grandes retos de la implantación española. La puesta en marcha del SDDR exige una red de puntos de devolución, sistemas de recogida, almacenamiento, transporte y mecanismos para gestionar los reembolsos.

En los supermercados y establecimientos de mayor tamaño podrán instalarse máquinas automáticas de devolución, mientras que otros comercios podrán utilizar sistemas manuales. Todo ello requiere una adaptación logística que todavía está en proceso de implantación.

La situación plantea una pregunta que afecta directamente al bolsillo: si el ciudadano tiene que adelantar el dinero, ¿Cuándo podrá recuperarlo realmente?

La respuesta dependerá de que los puntos de devolución estén disponibles y de que el sistema funcione correctamente. La promesa es que la fianza regresará al consumidor cuando entregue el envase, pero la transición hasta que toda la red esté operativa será uno de los puntos más delicados.

Y mientras tanto aparece otra cuestión: ¿Qué ocurre con los depósitos que nunca se recuperan?

Si un consumidor pierde una botella, la tira por error al contenedor convencional, la deja abandonada o simplemente no se molesta en llevarla a un punto de devolución, los 10 céntimos no volverán a su bolsillo.

No significa que esos diez céntimos se conviertan automáticamente en beneficio de una empresa. El depósito está diseñado como una cantidad reembolsable y el sistema deberá contar con mecanismos de gestión y control. Pero el volumen de dinero que puede quedar sin reclamar hace que la transparencia sobre su gestión sea especialmente importante.

Millones de envases circulando cada día significan también millones de pequeñas fianzas. Por eso será necesario conocer quién administra esos fondos, cómo se contabilizan y qué destino tienen las cantidades que los ciudadanos no recuperan.

El sistema, además, tendrá un coste de implantación. Máquinas, espacio de almacenamiento, transporte, logística y gestión son elementos que deberán financiarse. El sector de la distribución y la hostelería ya ha advertido del impacto económico que pueden tener las nuevas obligaciones asociadas a la normativa de envases.

La paradoja es que una medida presentada para facilitar el reciclaje puede añadir una nueva rutina al consumidor: pagar una fianza, guardar el residuo, desplazarse para devolverlo y esperar a recuperar el dinero.

El objetivo medioambiental es aumentar la recogida de envases y evitar que botellas y latas terminen fuera del circuito de reciclaje. España no alcanzó los objetivos establecidos para la recogida de botellas de plástico, lo que activó la obligación de implantar el sistema de depósito. Pero la eficacia medioambiental no elimina las preguntas prácticas.

¿Habrá suficientes puntos de devolución? ¿Tendrán espacio los pequeños comercios para almacenar los envases? ¿Cuánto tardará el consumidor en recuperar su dinero? ¿Y qué ocurrirá con los depósitos que nunca sean reclamados?

Son las preguntas que acompañarán a la implantación del nuevo sistema durante los próximos meses. Porque el cambio no consiste simplemente en pagar diez céntimos más por una botella. Consiste en convertir cada envase en una pequeña fianza que el ciudadano tendrá que recuperar por sí mismo.

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Y ahí está la verdadera incógnita: que el sistema consiga que reciclar sea más fácil y no simplemente más engorroso.