FÚTBOL
Mourinho vuelve a ser la receta antiBarça: ¿le bastará al Real Madrid?
Florentino Pérez pone en manos del portugués una plantilla renovada tras dos años en blanco, pero el campeón español negocia por Rodri y sueña con Julián Álvarez: el desafío será un triple mortal con tirabuzón incluido

Mourinho, otra vez contra el FC Barcelona
José Mourinho no ha vuelto al Real Madrid para ejercer de escudo protector. Ha vuelto porque el club enlaza dos temporadas en blanco –los famosos nadapletes de las redes sociales– y porque enfrente manda otra vez el Barcelona. Florentino Pérez ha recuperado al técnico que rompió el monopolio de Guardiola. Aquella receta funcionó. Falta saber si conserva el mismo efecto con los ingredientes que le han añadido a lápiz en el margen.
El club, desde luego, no se ha quedado mirando. Dumfries y Cucurella ensanchan los laterales. Konaté añade jerarquía y músculo. Bernardo Silva aporta oficio, inmensa clase y pausa. Yan Diomandé, desborde y una inversión de estrella. Carlos Espí completa una plantilla más larga, más fuerte y bastante más cara. Eso no admite discusión.
Sí admite debate que sea exactamente la que pidió Mourinho. El portugués señaló a Mateus Fernandes como prioridad para añadir piernas y mando al centro del campo. El Madrid consideró excesiva una operación cercana a los 100 millones y el futbolista terminó en el Tottenham. Apareció Rodri. Era la solución evidente. También para el entrenador. Y más tras un Mundial en el que fue el padre de los otros 1.247 futbolistas presentes en el torneo.
Y ahí llegó el gatillazo. El capitán de España dio luz verde para negociar desde enero, pero el Madrid, más preocupado de mirarle las rodillas que de ir a por él, nunca terminó de lanzar una ofensiva capaz de tumbar la puerta del Manchester City. El Barcelona vio el hueco y entró. Su primera propuesta ha sido rechazada y las conversaciones están ahora en un impás que promete tormenta; el club azulgrana sigue al acecho. El Madrid, mientras, mira.
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El agujero continúa ahí. Tchouaméni, Camavinga y Valverde ofrecen potencia, recorrido y piernas suficientes para cruzar LaLiga saltando –perdón Pajarito por la expresión– de mesa en mesa. Arda Güler tiene talento aunque le falta músculo. Bernardo puede ayudar a gobernar. Pero ninguno es ese centrocampista que recibe, ordena y decide por dónde debe respirar el equipo. Desde las despedidas de Kroos y Modric, el Bernabéu lleva demasiado tiempo esperando al director de orquesta. Es un agujero negro que todos ven, salvo los que mandan.
Tampoco ha llegado el central zurdo reclamado por Mourinho. Konaté fortalece una defensa castigada por las lesiones, pero no resuelve ese perfil. El técnico quiere un especialista capaz de iniciar el juego con naturalidad desde la izquierda. Hay centrales. Hay laterales. Incluso hay futbolistas que pueden apañar el puesto. No es lo mismo. Y él lo sabe.
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La renovación de Vinicius hasta 2032 sí se contempla dentro del club como un éxito rotundo. Se blinda a un futbolista decisivo y se apaga un culebrón incómodo, aunque su relación con Mbappé y Bellingham será mirada con gafas antieclipse. El contrato no firma la paz con ellos, ni con la grada. Una parte del Santiago Bernabéu le tiene atravesado y cada mal gesto reabre la herida. Mourinho también deberá entrenar eso. Sin balón. Habrá que ver si en rueda de prensa o, como ahora pretende, nada de micrófonos y todo en el vestuario.
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Al otro lado, el campeón negocia por Rodri y sueña con Julián Álvarez. Ya dispone de Lamine Yamal, Pedri, Dani Olmo, el extraordinario Raphinha y un bloque que sabe a qué juega. Si consigue añadir al mediocentro del City y encuentra una rendija para sacar al argentino del Atlético, el listón dejará de estar alto. Habrá que buscarlo en la cumbre del Everest.
Florentino ha entregado a Mourinho más talento, más profundidad y bastante artillería. Pero algunas peticiones importantes se han quedado en el despacho. Falta el metrónomo. Falta el central zurdo. Y Vinicius continúa caminando sobre cristales en su propia casa. El portugués vuelve a ser la receta antiBarça. Esta vez, parece, tendrá que cocinarla con algún ingrediente menos de los que pidió y con un chorretón de una salsa que ya veremos si realmente le agrada.