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El milagro invisible

España crea empleo y crece, pero la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos dejan un balance mucho menos brillante

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,  durante el acto ‘España verde y digital.

(Foto de ARCHIVO) El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto ‘España verde y digital.Diego Radames

Miguel Cornejo
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Una de las anomalías de la política (y del debate en redes) en España es que se perciben dos bandos que parecen habitar realidades distintas en lo económico. Por un lado tenemos a los que exaltan el milagro del crecimiento de la economía española, y por otro a los que lo descartan y critican. Este debate acabará siendo importante a medida que nos acerquemos a las elecciones generales.

Partamos de dos cosas que se suelen olvidar. El crecimiento de la economía española obedece, todavía, a la recuperación tras el mayor bache europeo de la era COVID. España perdió más terreno, y tardó más en recuperarlo, que nuestros vecinos. Presumir de correr más que los demás cuando el resto ya ha llegado a la meta es poco serio.

Segundo, España parte de una situación particularmente complicada. La falta de reformas económicas como las que han llevado ya a cabo casi todos nuestros vecinos, la enorme carga de deuda que casi nos hunde antes de que Draghi estabilizara los tipos de interés europeos, y un nivel de paro sostenido que sigue siendo el segundo más alto de Europa (el primero si descontamos la anomalía finesa, o nos centramos en los jóvenes) hablan de un país donde la competitividad decrece y la productividad por hora de trabajo apenas se mueve.

En los años de Sánchez España ha creado empleo. No sólo ha bajado el paro (la proporción de la población que busca activamente trabajar y no puede). De hecho se ha creado empleo neto. Una gran parte de él, sobre todo al principio, ha sido empleo público. Otra parte tiene un componente temporal que se intenta disimular. Pero las empresas y entidades públicas españolas han creado empleo.

Además, debido a la subida del salario mínimo interprofesional, el escalón salarial más bajo ahora cobra más. Es cierto que según todos los modelos, sin esa subida el empleo habría crecido más. Y es cierto que esa subida no ha impedido el aumento de la “pobreza trabajadora”.

Porque ese es el otro lado del problema. Sí, hay más trabajo, pero los sueldos (descontada la inflación oficial, que personalmente no me parece bien medida) han crecido poco más del 2% desde 2019. Muchísimo menos que en nuestro entorno.

No sólo eso. La política fiscal de Sánchez ha aumentado los impuestos en este periodo mucho más que un 2%, y lo ha hecho desde unos tramos de renta inesperadamente bajos.

Esto supone que al final del día, la capacidad adquisitiva media de los trabajadores españoles es hoy menor que en 2019. Somos más pobres, punto.

Si nos percibimos (y somos) más pobres, además cargamos con otro problema. La efectividad de los impuestos se percibe cada vez más baja. La calidad de los servicios públicos es manifiestamente peor que en 2019. No sólo aquellos objetivamente sobrecargados por el cambio de la población, como educación, sanidad o seguridad. También el transporte público. O la seguridad energética. O la coordinación de emergencias.

Este es el secreto del milagro invisible. Sí, hay más empleo, más trabajadores (muchos de ellos extranjeros). Pero hay mucha menos calidad de los servicios que pagamos, menos poder adquisitivo, y peores perspectivas.

Hay una franja de la población que está mejor, no siempre gracias a las políticas de Sánchez. Hay otra que cree estarlo (parte de los pensionistas). Y hay una gran capa del tejido productivo español que se está quedando atrás. La clase media española está perdiendo poder adquisitivo, capacidad de ahorro, calidad de vida. Se está estrechando.

Y eso tiene efectos más allá de la economía, de los que quizá hablamos otra semana. Que aproveche el desayuno.

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