Los precios ahogan la vuelta al trabajo
Septiembre arranca con una inflación del 4,3% y una factura energética que dispara el coste de vida

Cartel de precios en una gasolinera de Repsol.
Septiembre llega puntual, como cada año y con él, la vuelta a la rutina y la famosa cuesta de septiembre. Pero este año la pendiente es mucho más pronunciada que otros años y haría sudar hasta al mejor corredor de la Vuelta a España, que este año es Enric Mas, como si fuera el propio Angliru.
El precio mayorista de la electricidad cerró agosto en 118,25 euros por megavatio hora. En agosto de 2025 estaba en 68,44. Es decir, en un solo año, la electricidad ha subido el 72,8% llegando a alcanzar el valor más alto desde febrero de 2023. Lejos de ser un problema puntual, los mercados de futuros anticipan que el cuarto trimestre será aún peor, con precios en torno a los 127 euros por megavatios hora, un 16,4% por encima de las previsiones previas. La razón es una vieja conocida por todos los españoles, el gas natural. El gas, que sigue siendo el que fija el precio de toda la electricidad en el mercado marginalista español, ha subido el 89,6% en el mercado ibérico respecto a agosto de 2025. Las reservas europeas están trece puntos por debajo del nivel del año pasado y la tensión en el estrecho de Ormuz no ayuda.
Pero la luz no es el único frente abierto. El transporte acumula una subida del 6,2% interanual según el INE, y la gasolina 95 roza ya los 1,74 euros por litro. Llenar un depósito de 50 litros cuesta 87 euros. Para quien necesita el coche para ir a trabajar, que en España sigue siendo la mayoría, es un gasto que vacía un poco más la cartera. Esta misma semana entró en vigor la reducción del descuento fiscal a la gasolina, que pasó de 10 a 5 céntimos por litro en septiembre, en medio de una escalada de precios de los carburantes y no ha podido llegar en peor momento. Con las gasolinas, como con la ruleta, siempre gana la banca, y en este caso el Estado.
Todo esto tiene su reflejo en el IPC, que en agosto alcanza el 4,3%, siete décimas más que en julio y el dato más alto desde principios de 2023. Todo apunta a que no ha tocado techo ya que el pasado septiembre la inflación bajó tres décimas, pero con la energía en estos niveles, este año el escenario pinta mucho más pesimista. La inflación subyacente, la que excluye energía y alimentos frescos, baja una décima hasta el 2,9%, lo que revela que el problema no está en el consumo ni en los salarios: está en la energía y en los carburantes. Es un problema de oferta, no de demanda. Y eso lo hace más difícil de combatir con las herramientas habituales.
A todo esto hay que sumarle el euríbor. El índice al que está referenciada las hipotecas variables en España cerró agosto en el 2,952%, frente al 2,114% de agosto de 2025. Un incremento de casi un punto en doce meses que, trasladado a una hipoteca media, supone cerca de 1.000 euros más al año. Sin que haya cambiado nada en la vida de esa familia, solo por el paso del tiempo y la revisión anual del contrato. Para quien tiene hipoteca variable, septiembre trae una letra más alta y para quien alquila, la presión también aumenta porque el mercado del alquiler sigue tensionado mientras el gobierno colecciona políticas fracasadas, en vivienda sobretodo.
Hay, sin embargo, un actor que atraviesa esta cuesta con mucha más comodidad que el ciudadano medio y no es otro que el Estado. La recaudación fiscal creció un 10,4% en el primer semestre de 2026, hasta los 148.944 millones de euros. El mecanismo es tan sencillo como injusto: cuando suben los precios, sube la base imponible del IVA y el Estado recauda más sin mover un dedo. La inflación, en definitiva, es el mejor aliado de Hacienda y el peor de las familias. Cuando suben los salarios nominales para intentar compensar la pérdida de poder adquisitivo, más trabajadores saltan de tramo en el IRPF y pagan un porcentaje mayor de su renta al fisco. Es lo que se llama progresividad en frío, y en España llevamos años sufriendo sus efectos porque el Gobierno se niega a deflactar el impuesto.
Y al final, las cuentas son las que son. Los convenios colectivos han subido en torno al 3% este año. El IPC general sube un 4,3% y subiendo. La luz ha subido un 72,8%. Los alimentos, un 18,7% desde 2022. La hipoteca, casi 1.000 euros más al año. Quien crea que su poder adquisitivo se ha mantenido intacto, que haga cuentas.
La realidad es que la mayoría de los españoles tienen hoy menos capacidad de compra que hace doce meses. Ganan más en términos nominales, sí. Pero compran menos porque todo está mucho más caro. Así se está empobreciendo la clase media española. Eso es lo que trae consigo la cuesta de septiembre de 2026.