Espejos y espejismos
El informe del FMI fractura el relato del Gobierno y constata la pérdida de poder adquisitivo y el freno a la inversión en España.

A comienzos de esta semana conocimos el último informe del FMI que concierne a España, y volvimos a vivir ese fenómeno donde dos leen el mismo documento y cada uno te cuenta unas conclusiones radicalmente diferentes.
Lo bueno de este país, desde hace unos pocos años, es que la lectura gubernamental ya no es la obligatoria. Recordemos que no hace tanto, aún había una mayoría a la que le mostrabas los datos y prefería creer al telediario. Hace meses, organizabas una sesión sobre el asalto al Estado de Derecho, y no acudía (casi) ni el tato. Hemos querido vivir de espaldas al problema salvo cuando nos ha salpicado de cerca, y sólo las barbaridades más egregias (a falta de otra palabra publicable) nos han sacado de la indiferencia. Ha hecho falta que toda una ciudad fuera abandonada a los pies de un vecino sin escrúpulos para que la gente decidiera que realmente había que preocuparse por una degradación que lleva una década en marcha.
Pero la degradación no es nueva, ni leve, ni se cura con convocar elecciones. Es la consecuencia de una falta de responsabilidad increíble entre los diputados de los partidos que han formado o apoyado al gobierno, a los que sólo les falta invocar la "obediencia debida" para justificar lo que han votado o intentado vender a la ciudadanía. Una irresponsabilidad que ha causado un daño enorme a la democracia y a la fe de los ciudadanos en el sistema de partidos. Y sí, a la economía.
El FMI no ha hecho más que confirmar, con la solvencia que pueda darle su sello, lo que venimos diciendo aquí (y en otros medios) desde hace tiempo.
Que el crecimiento del "cohete" de Sánchez es falso. Que "la economía" no crece, se hincha porque se fomenta la llegada de más gente a consumir, a recibir partidas públicas, a trabajar en puestos de (generalmente) poco valor añadido. Que "la economía" por habitante, el PIB per cápita, se estanca o baja (y si nos fijamos en el PIB por trabajador, ya no hay duda). Que la inflación es superior al crecimiento de productividad y sueldos, y se ha comido el poder adquisitivo de la población (trabajadora o no) causando un empobrecimiento masivo ("pobres trabajadores") que afecta especialmente al sector privado, y mucho menos al público y a los pensionistas... que son el único segmento que ha ganado poder adquisitivo estos años, curiosamente. El FMI señala el gasto en pensiones y lo llama "insostenible", porque no lo están pagando las cuotas, ni siquiera los impuestos: gran parte se traslada a deuda, y ya estamos endeudados por encima del 100% del PIB.
Algo, por cierto, que debería preocupar más a la luz de lo que está volviendo a pasar. Cuando el populismo o la ineficacia hacen dudar de que un país (sea Francia, España o Venezuela) pague su deuda, los tipos de interés suben, lo que hace que pagarla cueste cada vez más. Los tipos se están disparando.
Pero volvamos al Fondo Monetario Internacional. El cohete de Sánchez se ha dejado mucha gente en tierra. Las reformas sobre salarios mínimos y la falta de seguridad jurídica son sólo dos de los factores que dejan sin gasolina el crecimiento del empleo privado (del público ya hemos hablado alguna vez, y ver la composición del aumento del empleo en los gobiernos de Sánchez es suficiente para perder el color que haya sobrevivido a la playa). Las reformas de Sánchez no gustan al FMI, ni sirven para crear empleo a largo plazo. No ya donde "hace falta" de cara al telediario, centrado como siempre en el masivo desempleo juvenil, sino en todos los segmentos. El paro de larga duración, el de las personas mayores de 50, se acaba tapando con subvenciones también de larga duración cuando estas personas renuncian a reincorporarse al mercado.
Y si la intención del PSOE ha sido centrar la campaña electoral en el problema de la vivienda, el informe señala tranquilamente las causas del problema. Falta de suelo disponible, hiperregulación que paraliza los planes y desarrollos, y falta de seguridad jurídica: todo lo necesario para acabar con la oferta. Si encima añades el efecto de regar una economía que no crece con fondos europeos, tienes un crecimiento del precio de los activos (hechos de ladrillo, muchos de ellos) que agrava el problema. De la falta de capacidad de la red eléctrica actual mejor ni hablamos.
Subyaciendo todo ello: con un clima como el actual, especialmente desde el punto de vista de inseguridad legal, la inversión privada no arranca. Ni la inmobiliaria, ni la industrial, ni ninguna (con la salvedad, quizá, de las maquilas chinas). Sin inversión no hay aumento de la productividad. Sin aumento de la productividad, por mucho que hinches el pastel, la riqueza por habitante no crece sino que se sigue hundiendo.
Y sin embargo hemos leído y escuchado a portavoces del gobierno aferrándose a frases y datos concretos para decir que el informe apoya su gestión, y a gente de la calle elegir creerlos. Cuando tenemos una realidad que es palpable (basta meter la mano en el bolsillo y ver qué encuentras, no es necesario intentar salir a buscar piso), hay quien sigue intentando vender que los galgos son podencos en lugar de asumir que se nos están llevando por delante.
La pregunta, sin embargo, es cuántas de las medidas de fondo, no sólo económicas, necesarias para reconstruir la confianza, la seguridad jurídica y la actividad en España, realmente están asumidas en los programas de los partidos con posibilidades de formar gobierno. Y cómo vamos a hacer, desde la sociedad civil, para conseguir que lo estén, en las pocas semanas que quedan antes de acudir a las urnas. Ese es el reto: convencerles de que hagan lo que saben que hace falta (porque lo saben) sin miedo a que los ciudadanos no lo aprecien y les devuelvan a la oposición. No les podemos pedir responsabilidad y también que nos traten como a niños.
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