27 de Febrero de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez e Iglesias

Si Sánchez no echa a Podemos del Gobierno, es cómplice e inductor de sus abusos

Iglesias es incompatible con una democracia occidental, y sería irrelevante de no ser por la decisión de quien eleva a categoría institucional sus desvaríos: Pedro Sánchez.

| ESdiario Editorial

 

El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias, traspasó ayer todas las líneas rojas de nuevo, algo tan poco sorprendente como en todo caso inaceptable: en una sola jornada, convirtió la violencia de Pablo Hasel en una persecución de la libertad de expresión; amenazó a la prensa exigiendo desde le Congreso una mordaza para el sector y, finalmente, permitió que su partido jaleara los gravísimos disturbios en Madrid y Barcelona, provocados por una horda antisistema seguidora del deleznable rapero preso.

Nada es nuevo en un dirigente que, desde su irrupción, ha vitoreado las peores causas y defendido los peores propósitos, entre ellos el asalto al poder judicial, la demolición de la Corona, la defensa de la autodeterminación o, entre otras barbaridades, el blanqueamiento del terrorismo.

 

Lo único que ha cambiado en Iglesias es que ahora lanza todas esas diatribas desde el Gobierno, con amplios poderes ejecutivos y un gran aparato económico, legislativo y mediático a su disposición. Y también que sostiene ese discurso antisistema formando parte del sistema y beneficiándose de él como pocos: desde que este dirigente chavista llegó al poder, España se ha empobrecido en relación inversamente proporcional a cómo él, su familia y su tribu se han enriquecido a costa del erario público.

Iglesias sería irrelevante de no ser por Sánchez, auténtico responsable de que el populismo campe a sus anchas

Pero cabe recordar que Iglesias es algo más que un agitador por obra y gracia de su mentor, Pedro Sánchez, que le ha habilitado como socio desde 2015, en un lamentable itinerario que primero incluyó el control de municipios y comunidades y finalmente ha acabado con la gobernación del país y la incorporación en esa misión de otros aliados siniestros.

Sánchez, único responsable

La relación entre ambos no se mide por gestos de ocasional hostilidad ni por tensiones ocasionales, sino por la existencia de una coalición firme que retrata a este presidente y a su desdibujado partido. Por mucho que se empeñe en marcar distancias, Sánchez será siempre cómplice e inductor de las tropelías del populismo mientras lo mantenga en el Gobierno. 

Iglesias, como Junqueras u Otegi, deben ser personajes marginales en una democracia digna de tal nombre. Y si todos está habilitados e influyen de manera decisiva en el rumbo de España, es por decisión directa de un presidente irresponsable que, teniendo otras alternativas, ha escogido de forma premeditada y sostenida a sus socios.