| 06 de Diciembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Arnaldo Otegi y Pedro Sánchez
Arnaldo Otegi y Pedro Sánchez

La indignidad infinita de Sánchez en su penoso sometimiento a Bildu

España ni puede pagar el precio que Sánchez ya está abonándole a Bildu para garantizarse su apoyo. El blanqueamiento de Bildu es incompatible con el respeto al Estado de Derecho.

| ESdiario Editorial

 

En apenas 48 horas desde que  Otegi simulara mucho dolor por las víctimas del terrorismo, toda su hipocresía y toda la bochornosa complicidad del Gobierno en esta campaña de blanqueamiento de Bildu han quedado en evidencia con estrépito.

De un lado, el líder de esta Batasuna 2.0 maquillada en una coalición de distintos partidos liderada por Sortu; reveló a viva voz sus verdaderas intenciones: quiere aprobar los Presupuestos de Pedro Sánchez para sacar a “200 presos de ETA de la cárcel”.

Sus palabras fueron todavía más lejos: apoya a Sánchez, y le apoyará otros cuatro años si tiene opciones de seguir en Moncloa tras las próximas Elecciones, porque necesita seis años para cumplir su objetivo: liberar a los terroristas y avanzar en su proyecto independentista.

 

Si alguien tenía alguna duda, esa intervención de Otegi se la habrá quitado del todo: piensa lo mismo que siempre, pero cambia de disfraz para facilitarse el intercambio más abyecto con Sánchez. Ni siente dolor por las víctimas, ni arrepentimiento por los asesinatos, ni rechazo por los asesinos.

Su único plan es que no cumplan sus condenas y que, a cambio de sostener a Sánchez, conviertan a Bildu en un actor preferente de la política española y quizá le den el poder en el País Vasco: la incomodidad del PNV es el mejor indicio de que la posibilidad de que Otegi llegue a ser lendakari, respaldado por el PSOE y Podemos, es más cierta que nunca.

Sánchez es rehén de un pecado original, al aceptar llegar a la Presidencia o aprobar los Presupuestos o acceder a Navarra con Bildu

Por si todo esto fuera poco, la trampa abertzale quedó aún más en evidencia al confirmarse su negativa a condenar el terrorismo en el Parlamento Vasco, rechazando sumarse a una iniciativa en ese sentido presentada por el PP en Euskadi, respaldada por el resto de grupos. 

Finalmente, la inminente visita en noviembre de una delegación del Parlamento Europeo para pedir explicaciones a España por los cerca de 400 crímenes de ETA sin resolver, retrata al Gobierno de Sánchez: mientras intenta blanquear un pasado atroz para prolongar su indecoroso pacto con Bildu, es Bruselas quien tiene que ocuparse de la dignidad mancillada de las víctimas.

Todo ello se corresponde con un pecado original de Sánchez, que al aceptar llegar a la Presidencia o aprobar los Presupuestos o acceder al Gobierno de Navarra con el respaldo de Bildu hipotecó su futuro. Porque las obscenas concesiones que le reclaman ya las ido pagando desde 2018.

La indignidad de Sánchez

Desde entonces ha transferido las competencias penitenciarias al País Vasco; ha acercado a sus cárceles a la práctica totalidad de los terroristas; ha aplazado una ley específica para prohibir los homenajes a etarras; ha excluido a las víctimas del terrorismo de la Ley de Memoria Democrática e, incluso, ha rechazado la concesión de la Orden del Mérito Policial a los agentes destinados al País Vasco en los “años de plomo”.

Es decir, el pago de la factura ya es una evidencia abrumadora, pero el arrepentimiento de Bildu es por contra falso. Y es el presidente del Gobierno quien, para garantizarse una mínima estabilidad, permite la burla de sus socios, los rehabilita y les llena de regalos para que cumplan con su parte. Otegi lo ha confesado. Y de paso ha dejado retratado a Sánchez.