| 23 de Febrero de 2024 Director Antonio Martín Beaumont

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Felipe González y Pedro Sánchez
Felipe González y Pedro Sánchez

La larga sombra de Felipe sobre el sanchismo

En la conmemoración del histórico triunfo del PSOE en 1982 son inevitables las comparaciones entre aquel socialismo y el presente de Sánchez. Y el deterioro no puede ser más desolador.

| ESdiario Editorial

 

Arrecian en estos días los actos conmemorativos del 40 aniversario del histórico triunfo del PSOE en 1982. Aquella victoria electoral representó, según coinciden todos los analistas políticos e historiadores, el broche definitivo de la Transición, el punto de arranque de nuestra modernización y la incorporación definitiva de España al mundo democrático occidental.

El empuje de un líder político como Felipe González tuvo mucho que ver en ese enorme cambio, con todas sus luces y sombras, de modo que también es inevitable establecer comparaciones entre su carisma y el de Pedro Sánchez.

Porque si de algo presume el actual secretario general de los socialistas y jefe del Gobierno es de liderazgo y de estadista influyente, aunque ni la personalidad ni las circunstancias son las mismas que acompañaron a Felipe hace cuatro décadas, cuando empezó a forjar una hegemonía que duro casi tres lustros.

 

A lo largo de aquel largo espacio de tiempo, bajo el rodillo felipista, se fraguaron no pocos males y vicios que hasta mucho tiempo después no se manifestaron y aún hoy padecemos. Quizá los dos más ponzoñosos fueron las cesiones y concesiones a las fuerzas nacionalistas y las injerencias en el poder judicial, maniobrando con descaro para controlar y manipular dos órganos tan estratégicos como el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional.

Quizá en estos días sufrimos con mayor virulencia los lodos de aquella polvareda de mangoneo y malas artes. Pero también es verdad que echamos de menos convenciones y compromisos que, durante la extensa etapa socialista, se cimentaron hasta parecer inamovibles. Y tenían que ver, por encima de todo, con la necesidad de pivotar toda la acción política y de oposición sobre el espacio moderado del centroizquierda y el centroderecha, excluyendo de todo poder de decisión a las fuerzas radicales de un extremo y otro.

La comparación, en fin, no puede ser más devastadora para Pedro Sánchez, que daría lo que fuera por hacerle "un Hu Jintao" a Felipe

De aquello, hoy en día, solo queda una pálida sombra, pues si por algo se caracteriza el sanchismo es por practicar todo lo contrario. En el afán por llegar a la Moncloa a cualquier precio, el PSOE se echó en brazos de la extrema izquierda, del independentismo y de los herederos de la banda terrorista ETA. Y hará lo que haga falta, incluido quebrar el Estado y el imperio de la ley, para permanecer en el Gobierno.

La comparación, en fin, no puede ser más devastadora para Pedro Sánchez, que daría lo que fuera por hacerle "un Hu Jintao" a Felipe. Pero ni esa desaparición forzosa borraría el convencimiento cada vez más extendido entre la ciudadanía de que, a diferencia de aquel PSOE del 82 con un proyecto de país en su discurso y en su programa, el sanchismo solo cuenta con un plan: acaparar poder por el poder mismo. Quizá por eso excluye a Alfonso Guerra de la efeméride: es el único, ahora mismo, que denunciaría públicamente esa evidente distancia.