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El PSOE, ante el "sálvese quién pueda"

La "rebelión fiscal" iniciada por Puig y seguida por Vara echa por tierra el cierre de filas de Pedro Sánchez. El camino hasta las elecciones se le va a hacer muy arduo a los socialistas.

Sánchez, rodeado de barones socialistas

Sánchez, rodeado de barones socialistas

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El cierre de filas que Pedro Sánchez ordenó hace unos días dentro de su partido en torno a la maniquea estrategia electoral basada en la 'caza fiscal' al rico y el supuesto apoyo a la "clase media y trabajadora" ha saltado por los aires a las primeras de cambio.

El presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, abrió el camino con una rebaja de impuestos y el extremeño Rodríguez Vara ha seguido sus pasos con recortes en tasas. Y todo apunta a que esta tendencia va a ser un no parar entre barones y alcaldes socialistas bajo la misma prioridad: separarse del itinerario marcado por Sánchez si quieren albergar alguna opción de cara al ciclo electoral que arrancará la próxima primavera.

Ni la reforma fiscal presentada casi a la desesperada por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, parece que vaya a torcer esa tendencia. Con mucha retórica demagógica y tiranteces con los socios de Unidas Podemos, el sablazo a los 23.000 contribuyentes más ricos y la rebaja en el IRPF para las rentas más bajas previstos en la propuesta del Gobierno no tienen pinta de que vayan a contribuir a remediar la situación.

El contribuyente medio, los autónomos o los pequeños empresarios continuarán soportando cargas cada vez más asfixiantes, a la vez que se espantan a los grandes inversores y se muestra el camino de salida a los capitales. Incluso los mileuristas, con salarios inferiores a los 15.000 euros anuales, quedan fuera de un paquete de medidas que dice buscar una rebaja pero incluye el objetivo de recaudar 3.100 millones más en dos años.


Y son los ‘gobernantes de proximidad’, esto es, los dirigentes autonómicos y municipales, los primeros en percibir estas penalidades y en experimentar los sinsabores de la gestión, de ahí que la “batalla de los impuestos” no sea más que la punta de un iceberg de un estado de angustia y desconfianza mucho mayor.

En primer lugar, porque comprenden que el ciudadano advierte el sinsentido que representa su pérdida de poder adquisitivo casi diario mientras que el Ejecutivo recauda para las arcas del Estado más que nunca. La misma inflación, en fin, empobrece a familias, trabajadores y empresarios y llena las cuentas estatales merced a auténticas plusmarcas recaudatorias.

Decretado un “Sálvese quién pueda” tácito en las filas del PSOE, a Pedro Sánchez solo le queda esperar, ver y echarse a un lado

Como consecuencia de lo anterior, es más que razonable que barones y regidores municipales ansíen distanciarse de Sánchez y de sus políticas en la medida de lo posible con vistas a la cita con las urnas. Porque si las encuestas ya dibujaban un panorama sombrío para los carteles electorales socialistas, las respuestas desde Moncloa a la brutal recesión que padecemos han hundido aún más las expectativas.

Decretado un “Sálvese quién pueda” tácito en las filas del PSOE, a Pedro Sánchez solo le queda esperar, ver y echarse a un lado. Le va a costar tener refrenar su proverbial arrogancia, pero de ello y de darle rienda suelta a los presidentes regionales y alcaldes dependerán sus propias aspiraciones de mantenerse en Moncloa.

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