| 15 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez e Iván Redondo
Pedro Sánchez e Iván Redondo

¿Para qué quería Sánchez a Iglesias y Redondo controlando el CNI?

El Tribunal Constitucional propina el enésimo varapalo al cesarismo regresivo del Gobierno, que acumula ataques a los poderes e instituciones para someterlos a sus intereses.

| ESdiario Editorial

 

El Tribunal Constitucional se ha sumado a la ya larga lista de instituciones que, desde 2018, han enmendado, rectificado o desafiado decisiones relevantes del Gobierno de Sánchez, marcadas a menudo por tres condiciones lamentables: o son irregulares, o son contraproducentes o son directamente ilegales.. Cuando no todo ello a la vez.

Desde el Banco de España hasta la AIREF, pasando por la Comisión Europea, los Consejos de Estado y de Transparencia o el Poder Judicial; la lista de instituciones que ha enmendado la plana a Moncloa es interminable, y siempre con la misma respuesta: o la indiferencia o el intento de asalto para controlarlas.

 

El último caso es tan sangrante como los anteriores, y evidencia la inaceptable tendencia de Sánchez a ocupar hasta el último rincón del Estado, por razones alejadas del interés general y relacionadas, directamente, con el objetivo de someterlo todo al interés partidista.

Sánchez acumula enmiendas de instituciones y poderes clave a los que ningunea o asalta para salirse con la suya

Incluir al vicepresidente Iglesias y al Director de Gabinete en la Comisión de control del Centro Nacional de Inteligencia es ilegal, según el Constitucional, y se hizo mediante un decreto espurio que se sirvió de la situación de excepcionalidad de la pandemia para conseguir un objetivo siniestro.

Un abordaje reiterado

Nada menos que someter la Inteligencia española a un líder con sospechosas relaciones con regímenes como el iraní o el venezolano que desafía a la Constitución y a la Corona y era partidario de cualquier método para desmembrar el "Régimen del 78". Y completar la jugada con la incorporación de su publicista personal, convertido en la persona con más poder en España pero menos control de los españoles.

Un varapalo así no debería salirle gratis a Sánchez, cuya deriva liberticida es evidente y se plasma en la criminalización de la oposición; el abordaje de las herramientas de control del poder y la colonización masiva del Estado con sus delegados personales.

Como mínimo, y para empezar, el presidente tiene la obligación de responder a una pregunta clave: ¿Para qué quería que Iglesias y Redondo tuvieran mando en la inteligencia española?