| 27 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Sánchez y Rufián, en septiembre
Sánchez y Rufián, en septiembre

El Gobierno seguirá atado a Podemos, Bildu y ERC ahora y siempre

El espejismo de pactar con Cs la polémica reforma laboral no cambia ni cambiará la dependencia de Sánchez del populismo ni del separatismo.

| ESdiario Editorial

 

El Gobierno de España acudirá el viernes 18 de febrero a la Generalitat a celebrar una “Cumbre Bilateral”, anticipo de la llamada “Mesa del Diálogo” que ERC le impuso a Sánchez como condición para apoyar su investidura y sus presupuestos.

La primera reunión, sin presidentes, agota en realidad el marco constitucional y haría innecesaria cualquier otra de no existir una dependencia tan evidente del presidente hacia ERC. En ella se tratarán, tras el fiasco de la ampliación del aeropuerto del Prat, transferencias competenciales como el SMI o Cercanías y cuestiones presupuestarias que, en realidad, ya están más que cubiertas:

 

Cataluña ha copado hasta el 45% del total del Fondo de Liquidez Autonómica (a razón de 1.600 millones al mes) y es la Comunidad más beneficiada en inversiones en los Presupuestos de 2022 y en la práctica totalidad de los programas de subvenciones, préstamos, ayudas y transferencias.

La “generosidad” es fruto de la dependencia, pues, y obedece a la imperiosa necesidad de Sánchez de reconciliarse con ERC tras su distanciamiento con la reforma laboral, que ha dejado profundas heridas entre el PSOE y todos sus aliados.

La clave, no obstante, no está en este encuentro, sino en el que a lo largo de este trimestre deberá mantener Pedro Sánchez con Pere Aragonés en una “Mesa del diálogo” que ya es, en sí misma, una victoria del independentismo: consagra y legitima su “hoja de ruta” al permitir que se dialogue de tú a tú con el Gobierno sobre cuestiones inconstitucionales, lo que más allá de acuerdos concretos ahora imposibles es un triunfo moral de consecuencias imprevisibles a largo plazo.

Una alianza "para siempre"

Que la agenda catalana vuelva al primer plano rompe toda posibilidad, si alguna vez la hubo, de que el Gobierno de España intenta librarse de las ataduras de Podemos o del nacionalismo: han sido, son y serán los socios del PSOE por una cuestión aritmética que no va a cambiar en muchos años.

Ni aunque Sánchez quisiera, podría: su futuro está definitivamente unido a una alianza que ya ha logrado el mayor de sus éxitos. Hacer que el Gobierno de España dependa de ella, nada menos. Al precio que sea para el país, incluido el de tolerar que todo un presidente como Pere Aragonés llame nazi a un partido plenamente constitucional como VOX y no pase nada.