| 04 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El presidente del PPCV durante la inauguración de la nueva sede del partido en Orihuela
El presidente del PPCV durante la inauguración de la nueva sede del partido en Orihuela

‘Cuéntame’ en la Covadonga oriolana del PP

Nunca puede ser lo mismo funcionar con una gestora de responsabilidad corta y diluida, fruto de un inevitable golpe de autoridad, que contar con un liderazgo fuerte, todavía por definir

El presidente de la Diputación y aspirante a ser lo propio en la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, escribía en Twiter el pasado viernes 10, a las 9:53 p. m., lo siguiente: “Nueva sede en Orihuela. Arranca la recta final hacia el cambio en la Comunidad Valenciana. La sede del PP para todos los oriolanos”. Hacía un rato que –flanqueado por el presidente de la gestora, Víctor Valverde, el hoy jefe de la oposición municipal Emilio Bascuñana y el presidente provincial, Toni Pérez- había cortado la cinta con los colores nacionales, colocada a la entrada de un local sin amueblar, situado en el número 7 de la Avenida de España. Apenas una veintena de militantes o simpatizantes acudieron a un acto tan improvisado como la anunciada Casa del Limón (“¿líquido o granizado?” se preguntan con mala leche algunos que desconocen ubicación, planos y presupuesto, pero que sí recuerdan aquél éxito de finales de los sesenta que llevó a la fama al cantante y actor venezolano Henry Stephan, fallecido el pasado año: “Mi limón, mi limonero, entero te quiero más. Un inglés dijo yeh, yeh, y un francés dijo la, lá…”). 

En la puerta del local, algunos rostros conocidos: Pepe Vegara, Julio Grao, Jaime López, Jesús Plaza, José Antonio Aniorte El Botas, Emilio Fernández (exalcalde de Redován), el exdiputado autonómico y provincial Sebastián Fernández, o la alcaldesa de Albatera, vicepresidenta emergente de la Diputación y número 2 del partido a nivel provincial, Ana Serna, que se ha llevado a su pueblo el Congreso Nacional del Agua –por algo esta parcela hídrica es cosa suya-, pese a que las anteriores ediciones venían celebrándose en Orihuela. Tampoco faltó a la cita el exalcalde José Manuel Medina; pero, sin duda, la protagonista de la tarde-noche fue Mónica Lorente. Nada más llegar (ojo al dato, que aquí nadie da puntada sin hilo), la excaldesa se fundió en un cariñoso abrazo con su amigo Carlos, ante las cámaras, los miembros de la gestora y los aspirantes a sillas y sillones. Tomen buena nota los interesados porque, aunque los tiempos de la ex no tienen más remedio que ajustarse a la partida judicial que se dirime en la sede ilicitana de la sección VII de la Audiencia Provincial, ello no será óbice –seguro- para que diga a quien corresponda lo que considere oportuno sobre la situación del otrora partido hegemónico oriolano. Y quien corresponda la escuchará atentamente, máxime si en un corto plazo ella consiguiera ver despejado su horizonte judicial.  

Hay que llevar mucho cuidado a la hora de nombrar la bicha, justo cuando coincide que, de un mes a esta parte, el presidente de la Diputación no sale de Elche para anunciar millonarias inversiones

Seguro que tampoco pasaría desapercibida a los capos provinciales la escasa respuesta obtenida ante esta convocatoria: nada que ver con otras ocasiones similares de tiempos pasados en las que se desbordaba el aforo de los locales, como el propio Mazón podía comprobar personalmente cuando iniciaba su carrera política. Y es que nunca puede ser lo mismo funcionar con una gestora de responsabilidad corta y diluida, fruto de un inevitable golpe de autoridad, que contar con un liderazgo fuerte, todavía por definir, lo que conlleva –consecuentemente- que muy pocos estén dispuestos a correr el riesgo de “matar pavos para valientes”. De esto, como es lógico, se habrá percatado la eficaz Consuelo Maluenda que, entre otras cosas, preside el Comité Electoral provincial.  

Carlos Mazón, Mónica Llorente y Emilio Bascuñana

Pero vamos al grano. Decía André Maurois (Émile Salomon Wilhelm Herzog) que “Las palabras acercan y los silencios destruyen”. Pues bien, más de uno de los minoritarios asistentes oriolanos salió de Molíns con esa sensación agridulce derivada de la reflexión del ensayista normando. Porque, una vez más, hubo exceso verbal de fuegos artificiales y ausencia total de concretos compromisos con Orihuela. Víctor Valverde, al que le ha tocado el ingrato papel de encabezar una gestora impuesta, calificó de injusta la moción de censura que les desalojó del poder municipal hace un mes y dieciocho días; y se refirió, como su jefe de filas, al calvario soportado durante los últimos tres años –que, por otra parte, ya venían padeciendo desde el anterior mandato-, a causa de la reiterada actitud de sus compañeros de viaje. Parece fuera de lugar venir a estas alturas con jeremíacos llantos o invocar ignorancia; no, porque lo ocurrido traía causa de un acuerdo de gobernabilidad suscrito en 2015, renovado en 2019 con los mismos, sin hacer ascos; y desde luego que no, porque eran conscientes de que firmaban con el mismo padrino, y no otro, a quien la hoy delegada del presidente de la Generalitat, Antonia Moreno, retrató meridianamente en aquel artículo antológico de 2013 titulado “Ahora me toca a mí”. O sea… 

Por su parte, Bascuñana, forzado a beber –qué remedio- el cáliz con aceite de ricino que le ofrecieron, se deshizo en elogios hacia Mazón, recordando sus antiguos lazos con Orihuela -¡qué tiempo aquellos, Carlos!- y llegó a más, porque para eso es galeno y sabe que el vaso hay que apurarlo hasta el final: dijo que el presidente de la Diputación “nos ha ayudado  e incluso nos ha mimado”, frente a los malos malísimos de la Generalitat que sólo entretienen con el humo del Plan Renhace. Yo diría que Emilio se pasó algo de frenada al olvidar que fue Ximo Puig quien le solucionó el marrón del Palacio de Justicia, que está a punto de firmarse la escritura de compra del Palacio Marqués de Rafal (en riesgo de convertirse en otro lunar para el casco histórico); y que, según me aseguran, van por buen camino las gestiones para la compra del antiguo Asilo, a la espera de que la ecónoma de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados vuelva de Filipinas.  

Muy oportuna la petición de Mazón respecto a que la sede del partido permanezca abierta “para escuchar a la gente, porque nuestra obligación es estar con los ciudadanos

Pero, sobre todo, hay que llevar mucho cuidado a la hora de nombrar la bicha, justo cuando coincide que, de un mes a esta parte, el presidente de la Diputación no sale de Elche para anunciar millonarias inversiones: Palacio de Congresos, adquisición de una sede cultural de Diputación, más apoyo al yacimiento arqueológico de la Alcudia y hasta financiar un estudio para implantar el tranvía, entre lo más significativo, porque –dice Mazón y se felicita el alcalde ilicitano Carlos González- “hay que terminar con el déficit histórico inversor de la Diputación con la ciudad de Elche”. Mira que no tiene el presidente campo para reparar –y Bascuñana para reivindicar- la deuda histórica de la Diputación con Orihuela y hacer realidad aquel título de Capital Cultural de la Costa Blanca que le otorgó el gobierno provincial cuando lo presidía César Sánchez…Menos humo y más fuego, por favor. 

Comento con el presidente de la gestora local del PP que aprecié el viernes un evidente espíritu de resignación y me responde sin pestañear que no cabía la actitud reivindicativa en el contexto del acto celebrado al aire libre en Molíns. Y me deja fácil la réplica: si el espíritu que anima a los actuales responsables del partido es el de la conformidad, cobra cada vez más sentido que se movilice la sociedad civil para plantear y conseguir sus aspiraciones, sin pasar por otros peajes partidarios. Es decir,  que está más justificada que nunca la creación del Foro Impulsa Orihuela para hacer, ni más ni menos, la misma función de lobby que realizan con tanto acierto los empresarios de la ciudad del Misteri y exigir a los políticos respuestas concretas a las esenciales peticiones concretas. Esas que, cuantificadas, ya les ha dado a los ilicitanos el presidente de la Diputación, por lo que han empezado a calificarle como “alcalde de Elche”. Y esas que, a poco que espabílen los suyos, empezará pronto a atender en Orihuela el molt honorable president. 

Tenía razón Valverde. El presidente de la Diputación no vino a hablar de Orihuela, ni nadie se lo pidió, porque -desde la puerta misma de la nueva sede- su discurso era en plan candidato a la Generalitat, y por tanto preñado de lugares comunes en clave autonómica (oír determinadas propuestas políticas me traen a la memoria las composiciones de ciertos poetas profesionales que tiempo ha presentaban a los juegos florales los mismos versos pero cambiando palmeras por naranjos, nardos por claveles, hórreos por torres y así sucesivamente):  “Esta tierra no se puede permitir un Consell que no nos defiende y que calla cuando nos quitan la financiación, nos quitan el agua, los trenes y billetes del AVE y no respetan nuestra identidad, porque somos Comunidad Valenciana y no somos los que otros quieren que seamos y que es una entelequia que no existe”. Es cierto que Mazón -cuyo oficio nadie pone en duda y por eso me sorprende lo que está pasando en Orcelitania- , dice esto con mucho más ardor que aquellos vates de la desaparecida Fiesta del Azahar. Pero no estaría de más –mutatis mutandis- que, como hacía el recordado Adolfo Suárez antes de llegar a una ciudad, pidiera al secretario el nombre de la mujer del alcalde para preguntar por ella nada más bajar del automóvil. En periodismo –asesores tiene de sobra don Carlos- eso se llama publicar ediciones locales, que atienden los intereses informativos de cada lugar.  

También afirmó Mazón –antes de ordenar a José Antonio El Chanos, que enchufara el grifo de la cerveza y sacara las empanadillas (posiblemente lo mejor de la fiesta)- que está harto de que lo quieran “engañar con el Vega Renhace, con la mentira barata del pancatalanismo, con el mal funcionamiento de la sanidad y con la guerra del agua”. Harto –dijo- “pero no cansado por lo que he venido de nuevo a Orihuela, a la Covadonga del PP, para cargar las pilas y desde aquí volver a reconquistar la Generalitat”. Por ello, para que no todo fuera negativo, lanzó un “sí a la libertad de educación, sí a la calidad de la sanidad, sí a la defensa de nuestras señas de identidad, sí al agua para siempre, sí a la bajada de impuestos”. Pero ya dije que (aunque hasta este emblemático rincón de la huerta oriolana llegaron de otros lugares de la provincia y de la comarca, incluidos el alcalde de Torrevieja, el exalcalde de Algorfa y el portavoz adjunto del PP en las Cortes Valencianas, José Antonio Rovira), esta vez el grito de salida de la larga campaña con la vista puesta en el Palau fue escuchado por mucha menos audiencia que la de aquellos días cuando eran otros y otras quienes movían el cotarro.  

Y eso que don Carlos, como continuación del golpe de autoridad de la gestora, montó una “conjura” de la unidad con los antiguos primeros ediles oriolanos (hubiera sido ya mucho sumar a Cartagena al aquelarre, pero sí pudo verse por allí un sobrino suyo) que llevó a Bascuñana a reconocer y lamentar, dentro del guión, el costo político de la división producida en el partido cuando él fue proclamado candidato: en la hemeroteca han quedado las graves acusaciones intercambiadas con motivo de la escisión producida por la creación –respaldada por Mónica Lorente- de Foro Demócrata, con su fiel Pepa Ferrando al frente.  

Finalmente, me pareció muy oportuna la petición de Mazón respecto a que la sede del partido permanezca abierta “para escuchar a la gente, porque nuestra obligación es estar con los ciudadanos para poder aportar soluciones a sus problemas y necesidades”. Y es que mucho van a tener que escuchar y trabajar, unos y otros, si quieren que Orihuela vuelva por los fueros de la Covadonga del PP y no se quede esto del viernes en un mero Cuéntame 

  1. S.- Tengo que llamar a mi amigo Juan Díaz para que le diga a su jefe Toni Pérez que actualice algo la web del PP provincial. Y de paso, que echen un vistazo a la de Populares Comunidad Valenciana, donde aún campean en portada Casado y García Egea. De nada.