| 23 de Abril de 2024 Director Benjamín López

× Portada España Investigación Opinión Medios Chismógrafo Andalucía Castilla y León Castilla-La Mancha C. Valenciana Economía Deportes Motor Sostenibilidad Estilo esTendencia Salud ESdiario TV Viajar Mundo Suscribirse

Las sectas

No hay fórmulas mágicas ni milagrosas para evitar que una persona sea atraída por una secta. La mejor manera de disminuir el riesgo de captación sectaria es la prevención

| José Carlos Fuertes esTendencia

La palabra 'secta' viene del latín, 'sequor' (marchar detrás, seguir a un maestro particular). También se dice que viene de 'secare'; es decir, sectar, cortar. Por último, podría venir de 'secedere', que puede traducirse por separarse. En cualquier caso, el denominador común de toda secta va íntimamente unido a la idea de separación.

De una forma psicopatológica podemos definir a una secta como a un grupo social que se separa del grupo de origen preexistente para, una vez escindido, seguir directamente a un jefe carismático o líder. También se puede hacer extensivo el concepto de secta cuando no se sigue al líder mismo, sino a sus enseñanzas.  Etimológicamente el término lo podemos aplicar tanto a un grupo religioso, como espiritual o, incluso, político.

Toda secta es una reunión de personas perfectamente estructurada, jerarquizada y con una doctrina propia, lo más frecuente es que sea de carácter místico-religioso, pero también sería aplicable a otros tipos de disciplina como las antropológicas y políticas.

El denominador común de todas las sectas es que sus actividades se llevan a cabo de una manera no publicitada, sino con secretismo para quienes no pertenecen a ella, y para los adeptos con una información muy limitada, a veces errónea e incluso muy sesgada, dando lugar a que la adherencia se haga por simples creencias y nunca por un análisis racional y mucho menos científico.

La estructura de las sectas es de tipo piramidal y tienen en su cúspide no a un dios, sino a un líder carismático, que con frecuencia suele ser su fundador, y en torno al cual gira todo, absolutamente todo: el engranaje de información, manipulación y presión psicológica a los adeptos.

Los seguidores sufren una manifiesta y clara alienación, así como lo que podemos denominar despersonalización, en la medida en que el todo, es decir, la organización, está muy por encima de las necesidades, e incluso de la vida, de cualquiera de sus miembros. Un elemento muy característico y común de las sectas es el proceso de captación, proceso que sigue habitualmente una serie de pasos que se repiten, en mayor o menor medida, en todos los casos.

Las sectas buscan a personas psicovulnerables, es decir, sensibles al mensaje fundamental que la secta pretende divulgar. Por eso con frecuencia vemos que muchos adeptos son personas que se hallan, en una situación vital conflictiva, ya sea por sufrir enfermedades propias o en el medio familiar, problemas económicos serios o tropiezos personales importantes.

 

También la fragilidad puede derivar por ser sujetos en cuya personalidad predominan rasgos de baja autoestima, inestabilidad emocional, trastornos psicoafectivos, abuso o dependencia de sustancias que han producido daños cerebrales, complejos o sentimientos de inferioridad, etc. Todo ello determina en muchos casos que la persona se sienta sola, desarraigada, despreciada e, incluso, resentida con su entorno.

Lo primero que va a hacer la comunidad sectaria es proporcionar al adepto recién llegado una acogida afectuosa, cálida y aparentemente sincera. Todos los miembros se muestran muy receptivos y empáticos con el 'nuevo'. En ese primer momento, y tras la actuación preparada de lo que podemos denominar un 'gancho', éste considera al 'candidato' después de una valoración minuciosa (de breves minutos), con aptitudes suficientes para ingresar en el grupo.

El 'aspirante' recibe, de forma instantánea y supuestamente sincera, una acogida tan cariñosa que le cautiva y le emborracha. La persona, que muchas veces tiene falta de cariño, o con una autoestima muy deficitaria cuando no nula, se siente fortalecida por esta respuesta del grupo que es, precisamente, lo que necesita intensamente.

En esa sesión de captación, siempre queda claro que el líder de la secta es el padre que ha construido una familia afectuosa y cercana. Y ante esa aparente actitud inicial de tener una nueva familia, se produce una reacción psicológica en la que hay una disminución de las barreras de censura y crítica, porque ya no es el neocortex (cerebro racional) quien actúa, sino el sistema límbico (cerebro emocional) quien lleva la voz cantante. Por lo tanto, en la captación, se desactiva el control racional dejando despejado el camino para que sean las emociones quienes dominen la respuesta del individuo.

Sin crítica

Pero como el sistema racional no desaparece nunca por completo, la secta pone en marcha un segundo mecanismo que consiste en una respuesta agresiva y hostil a la discrepancia. Todo el cariño, el cuidado y las ternuras de los otros adeptos, se pueden convertir en un ostracismo e incluso maltrato si se discute el más nimio de los postulados. La adhesión debe ser plena, total e inquebrantable. La más mínima crítica puede resquebrajar el sistema, y, por tanto, es forzoso cortarla usando toda la contundencia que sea necesaria.

La persona/adepto, con el paso del tiempo, construye su vida social solo dentro de la secta. Por lo tanto, se les obliga a excluir todos los contactos con aquellos que no sean miembros de la secta, y este aislamiento mental neutraliza cualquier mecanismo de defensa para evitar críticas. Pero, si la persona decidiera, en un momento de lucidez, abandonar la secta, aparece una consecuencia incomoda y dañina a tal posición: Una verdadera 'ley del hielo'. A partir de ese momento el miembro quedará aislado. A todos los efectos, se le trata como un 'apestado', al ser considerado por el líder como si fuera un ser contagiado, corrompido y peligroso.

Lamentablemente, no hay fórmulas mágicas ni milagrosas para evitar que una persona sea atraída por una secta. La mejor manera de disminuir el riesgo de captación sectaria, es la prevención. Por ello es esencial fortificar la autoestima cuando estamos ante un menor, lanzando mensajes ciertos pero positivos, escuchando lo que nos tiene que decir, por poco relevante que nos parezca, jugando con él e interactuando de una manera proactiva, es decir, dando respuesta a sus problemas cuando puedan surgir. No obstante, aun con toda prevención, los adeptos de cualquier secta religiosa, ideológica o política son entes que se dedican 24 horas al día a esta labor de captación y adhesión, es decir, nos encontramos con profesionales de la seducción, de la manipulación y del chantaje emocional. Es difícil competir con expertos así.

Un aspecto clave es el diagnóstico precoz y tan pronto como se detecten los primeros signos de captación, hay que actuar. En el caso de un menor, es difícil que sea captado, pero no imposible, y la respuesta debe ser no sólo asistencial, sino legal también.

Pedir ayuda, esa es la clave. Existen asociaciones de afectados, así como equipos terapéuticos y de asesoramiento en las principales localidades de nuestro país que pueden dar una orientación y apoyo a los familiares. La solución al problema no suele ser rápida ni fácil, ni siempre satisfactoria, pero existen ciertos medios que pueden cooperar a conjurar el daño que estos entes causan a las personas.