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Noelia y Carlos, propietarios de Belmonte
Noelia y Carlos, propietarios de Belmonte

Belmonte, la última bodega de Madrid

Inaugurada en 1976. Noelia, hija de Juan Sánchez, su fallecido fundador, dar una nueva vida a la bodega de su padre para que nunca desaparezca: espíritu castizo de mediodía y tardeo

| Jesús Manuel Ruiz esTendencia

Al acceder a este lugar histórico de Madrid se huele a añejo. A madera de otro tiempo. A vino de otro momento. Es bodega pura. Tiene el pasado en su sello y el presente en sus gentes. Se halla en la calle La Fe número 4. A 50 metros de la Plaza de Lavapiés en pleno barrio de Embajadores. En la barra atienden Noelia Sánchez y su pareja, Carlos. Mucho arraigo de la propietaria en las bodegas. El negocio procede de su abuelo Ubaldo Sánchez y su padre Juan Sánchez. Ubaldo comenzó en el mundo del vino en el año 48 y en la calle Tribulete.

Juan Sánchez fallece en 2020. Su hija Noelia decide dar una nueva vida a la bodega de su padre para que nunca desaparezca. Mantiene lo de antes con una novedad. Es un lugar de vinos de mediodía y de tarde-noche. De 13 a 17 y de 19 a 23 horas. Los domingos de continúo. Es día de Rastro de Madrid y hay mucho curioso que quiere conocer lo de antes con lo nuevo.

Belmonte se inaugura un 16 de mayo de 1976. Ese mismo día de un año antes nace Noelia. Casualidades de la vida. El 16 de mayo es San Ubaldo. Todo tan hilvanado como en la mejor novela romántica. Belmonte no es un nombre azaroso en aquel 1976. Es el lugar de nacimiento de Juan Sánchez. Un municipio madrileño muy cerca de Pinto. La actual propietaria comenzó de adolescente con sus padres los fines de semana. En aquellos años esa ayuda se convertiría en un oficio y una pasión para Noelia transcurrido el tiempo. Ama su negocio y su barrio. Esa nueva generación de Sánchez se siente de Embajadores. De su plaza de Lavapies.



El público actual es variopinto. Diferente. Diverso. Ecléctico. Los de antes y los nuevos. Viejos conocidos de su padre y lo que Noelia y Carlos han incorporado con el cambio que ha sufrido Belmonte. Turistas de otros países buscan el letrero de Belmonte en la puerta. Una de las últimas bodegas de Madrid. Lugar de vinos y vermut. Para tomar en barra con una lata de mejillones o un buen queso con jamoncito. También se puede comprar el vino para llevar. La esencia de bodega continúa. Cambios constantes en la carta de degustación. Precios inmejorables. Noelia y Carlos lo tuvieron claro hace 3 año. Renovar o morir. . Lo han conseguido. Ha sobrevivido a cambios salvajes de costumbre en un Madrid que miró hacia adelante sin olvidar la verdadera esencia castiza.