| 06 de Febrero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

× Home España Medios Investigación Opinión Estilo Chismógrafo Deportes Tecnología Tvcine Economía Sostenibilidad ESdiario TV Mundo C. Valenciana Andalucía Suscribirse
Grande-Marlaska e Irene Montero en el Senado
Grande-Marlaska e Irene Montero en el Senado

Irene Montero y Grande-Marlaska: la ideología por encima de los ciudadanos

El aumento de los asesinatos machistas pone de relieve que algo falla en la estrategia del Gobierno. Cuando se prima la ideología por encima del interés común el resultado suele ser nefasto.

| Benjamín López España

El último episodio de discordia en este Gobierno de coalición entre enemigos íntimos ha llegado de la mano de Irene Montero y Fernando Grande Marlaska a costa del aumento de la violencia machista. Es una pelota que nadie quiere en su tejado, que se arrojan mutuamente en un ejercicio carente de la más mínima autocrítica cuando lo cierto es que es evidente que algo falla.

Ni las medidas policiales, que dependen de Marlaska, ni las sociales, que pertenecen a Montero, han dado resultado. Ahí están las cifras, que hablan por sí solas. Los cientos de millones destinados a combatir esta lacra no están siendo efectivos. La pregunta es qué pasa, por qué falla.

Y la respuesta no es fácil, seguro que no hay una sola causa, pero sí hay una que es evidente: el Gobierno actúa más por ideología que por racionalidad. Y eso lleva, como mínimo, a ser ineficaz o incluso contraproducente.

 

La ministra de Igualdad dilapida muchos recursos y muchos esfuerzos en tratar de imponer su visión del mundo. Mucho hablar de perspectiva de género (hasta en las matemáticas), de feminismo, de lenguaje inclusivo, de heteropatriarcado… y muy poco actuar con medidas efectivas que protejan a las mujeres.

No vale con condenar los asesinatos de mujeres con altisonantes palabras contra el sexo masculino. Eso no evita que un malnacido -afortunadamente son una inmensa minoría los hombres maltratadores, pero hacen un daño terrible- coja un cuchillo y apuñale a su mujer o a su pareja.

Hay que actuar. Y eso pasa por más medidas judiciales y policiales, por destinar el dinero a proteger a las mujeres que están en la diana. Más de la mitad de las asesinadas habían denunciado a su agresor y no ha servido para nada. Es indiscutible que algo falla gravemente.

El problema es que eso de actuar según la ideología por encima de cualquier cosa es moneda de curso corriente en este Gobierno. El mejor ejemplo es la ley del sólo sí es sí. Van ya más de 130 delincuentes sexuales beneficiados por la norma de Irene Montero que a pesar de todo se empeña en defender que esta es una ley sólida que protege a las mujeres. ¡Increíble pero cierto! Un escándalo monumental ante el que nadie, ni Montero ni Sánchez, rectifican ni reconocen error alguno.

 

Marlaska, experto en no reconocer fallos

Hay ahí una mezcla de ignorancia, ineficacia y soberbia ideológica que impide reconocer los fallos y repararlos. Marlaska, el otro en discordia, es maestro en esas lides. Recordemos aquella farsa que montó el ministro cuando un homosexual denunció haber sido víctima de un ataque homófobo en el que supuestamente le habían escrito a navaja en el trasero la palabra “maricón”.

Le faltó tiempo a Marlaska para hacer el ridículo dando credibilidad a algo que estaba sin contrastar, montando un follón en busca de rédito político. El problema es que se demostró en muy poco tiempo que era un bulo gigantesco.

 

Y si ampliamos un poco el foco vemos otras muchas leyes dictadas desde las entrañas ideológicas, desde el puro sectarismo, sin tener en cuenta el interés general de los ciudadanos. La ley trans es un ejemplo de ello, la ley de familias también y la de protección animal. Todo llevado al extremo sin contar con nadie que no piense como ellos. Incluso el Código Penal se ha reformado por razones ideológicas. La derogación de la sedición y la rebaja de las penas por malversación se han hecho en función de criterios políticos, para satisfacer los deseos de un socio necesario, como es patente y notorio.

Y no acaba ahí. La renovación del Tribunal Constitucional con dos candidatos que proceden del Gobierno, una ex alto cargo en Moncloa y un ex ministro de Justicia, es una nueva demostración de sectarismo.

Queda patente que “la gente” -como dicen ellos- les importa un bledo. Es una pose. Lo que de verdad les preocupa es imponer su ideología por encima de todo.