| 13 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez tras su comparecencia de este martes en La Moncloa.
Pedro Sánchez tras su comparecencia de este martes en La Moncloa.

El millonario aparato propagandístico de Sánchez se vuelca con los indultos

El presidente se aprovecha de las apreturas financieras de los empresarios y de la prensa después de año y medio de pandemia para que su "mensaje de paz" cale en la opinión pública.

| Antonio Martín Beaumont España

 

Los indultos lo inundan todo. Estos días hemos asistido a una de las más enormes campañas publicitarias desplegadas hasta ahora por un Gobierno español de cualquier signo. Se han visto cambios en la opinión “publicada” de muy difícil explicación. Grandísimas decepciones sólo atribuibles al delicado momento económico que viven medios, periodistas y opinadores.

Se busca que los españoles traguen de cualquier forma, por lo civil o por lo criminal, la píldora amarga que supone dejar en libertad a quienes dieron un golpe de Estado contra el sistema democrático español rompiendo la convivencia en Cataluña.

Encima, son unos condenados que se proclaman preparados para repetir sus delitos. No, Oriol Junqueras no es Nelson Mandela, aunque así lo pinten desde La Moncloa, ni España es la Sudáfrica del apartheid.

Para justificar lo injustificable, se ha machacado incluso urbi et orbi el prestigio de la Justicia. Nuestros jueces del Tribunal Supremo han sido emborronados por el propio Gobierno y sus adláteres. El presidente los ha puesto a los pies de los caballos hablando de que terminan los días “revanchistas” y “vengativos” ante la “concordia” que, por supuesto, representa él con las medidas de gracia a los líderes del procés.

El hombre de la paz

Pedro Sánchez -así lo marca el guión del servicio de propaganda monclovita- pasará a la historia como el hombre de la paz. Por el contrario, los españoles debemos pedir perdón por lo que hemos hecho sufrir a Junqueras y a sus ocho compañeros de celda.

Este lunes el presidente hizo en nuestro nombre un “me too” en un escenario simbólico para la burguesía catalana como es El Liceo de Barcelona. La oligarquía patria, como ha hecho el presidente de la patronal, Antonio Garamendi, por interés, puede mirar hacia otro lado, pero la gente corriente está indignada.

Pere Aragonés en su comparecencia tras aprobarse los indultos.

 

Nada ha detenido a Sánchez en su lucha por ganarse el permiso de sus incómodos socios para permanecer unos meses más en el poder. Este es el verdadero trasfondo del asunto. Porque con un líder socialista tan débil, con un político cuya continuidad depende de formaciones que desean terminar con la Constitución de 1978 y el sistema surgido de ella, cualquier cosa puede ocurrir.

La falta de escrúpulos con que se maneja buena parte del Consejo de Ministros es seguramente el principal problema al que nos enfrentamos.

Antes, los asesores en comunicación solían decir a los políticos que no hicieran nada que no pudiesen contar. El miedo a la crítica frenaba la desmesura habitualmente consustancial al cargo público.

La falta de escrúpulos es el principal problema de este Gobierno

Esa ha sido la gran ventaja de los sistemas democráticos frente a otros en donde la opinión púbica importa poco menos que nada. Quien se pasaba de rosca lo pagaba, porque perdía su prestigio bajo el acecho mediático y terminaba cayendo en las urnas.

Esos tiempos están cambiando groseramente. Ahora se hace cualquier cosa que le permita al mandamás de turno “sacar cabeza”, y luego una legión de argumentistas crea el relato para que los espectadores-votantes lo sobrelleven.

No importa la razón

Muchos medios, demasiados, son meras comparsas del poder. La división partidista y el sectarismo en las redes sociales facilitan después el trabajo de los gabinetes de comunicación. Todo depende del color del cristal por el que se mire. En realidad, no importa la razón sino la apariencia.

Circulamos instantes muy inciertos, donde pronosticar el destino del país es tan complicado como acertar la bonoloto. Pero España parece estar encaminando sus pasos hacia la “republiqueta” plurinacional. Para ello se retorcerá la ley en lo que sea preciso. El sanchismo es un permanente juego trilero en el que la bolita aparece en la mano donde menos se la espera.

Y el PSOE ha demostrado que lo único que le importa es seguir en el poder. Así que todo, todo, está al servicio del líder: Estado, Gobierno, poder legislativo, empresarios ávidos de fondos europeos, instituciones sociales bien regadas de subvenciones y una gran parte del llamado “cuarto poder”, que cree desayunar cada día periodismo auténtico pero sólo olfatea por dónde llega la colosal publicidad monclovita.

Ave, Sánchez, "morituri te salutant".