Francia arde con 1.200 detenidos y Milán vive su propia batalla campal
Las protestas por el coste de la vida y los servicios públicos degeneran en saqueos, incendios y ataques contra la Policía. Grupos de ultraizquierda aparecen entre los protagonistas de unos incidentes que también sacudieron Italia

París es un caos tras los incidentes iniciados este 17O
Francia ha amanecido contando detenidos, policías heridos, escaparates y tiendas vandalizadas y edificios públicos atacados después de una jornada de protestas que terminó convertida en una de las noches más violentas vividas por el país en los últimos años. Y las imágenes han encontrado rápidamente compañía al otro lado de los Alpes.
El balance provisional francés alcanza ya 1.200 detenidos y 150 policías y gendarmes heridos. Entre los manifestantes no existe todavía una cifra consolidada de heridos, aunque un joven de 17 años perdió una mano por la explosión de una granada en Saint-Étienne.
Las manifestaciones habían reunido pacíficamente a entre 550.000 y 800.000 personas, según las distintas estimaciones, para protestar por el coste de la vida, el deterioro de los servicios públicos y las condiciones de la educación. Después llegaron los encapuchados, los incendios y los saqueadores.
París ofreció algunas de las imágenes más impactantes. Grupos violentos alcanzaron calles situadas a apenas 300 metros del Palacio del Elíseo, levantaron barricadas y saquearon supermercados, farmacias, comercios de telefonía, automóviles y tiendas de lujo. La Policía terminó multiplicando las detenciones cuando consiguió recuperar efectivos y controlar la zona.
Fuera de la capital tampoco hubo demasiada tranquilidad. El Ayuntamiento de Limoges quedó seriamente afectado por un incendio, en Lyon ardió una oficina de turismo y en Burdeos fue asaltada la residencia de la prefecta. La magnitud de los disturbios obligó incluso a movilizar al RAID, la unidad de elite de la Policía Nacional francesa, en esta última ciudad. La revuelta se extendió por multitud de localidades francesas.
El Gobierno de Sébastien Lecornu señala directamente a grupos de ultraizquierda y delincuentes que aprovecharon las movilizaciones para provocar disturbios y saquear. Medios franceses describen también la presencia de pequeños grupos organizados de extrema izquierda preparados para enfrentarse a las fuerzas de seguridad.
Y mientras Francia ardía, Milán montaba su propia batalla campal. Grupos vestidos de negro lanzaron petardos, vallas y papeleras contra la Policía en la plaza del Duomo. Los antidisturbios cargaron dentro de la Galleria Vittorio Emanuele II mientras empleados y clientes de las tiendas de lujo bajaban las persianas y quedaban encerrados en los establecimientos.
Unos 50 participantes fueron conducidos a dependencias policiales, casi la mitad menores, y cinco manifestantes acabaron hospitalizados con heridas inicialmente leves. En Bolonia hubo otros cuatro menores arrestados, siete denunciados y 36 miembros de las fuerzas de seguridad heridos o contusionados. La Policía llegó a utilizar más de 400 botes de gas lacrimógeno.
Las imágenes han incendiado también las redes. Entre vídeos de coches ardiendo, escaparates reventados y policías desbordados circula una definición especialmente demoledora de Francia: "Estado fallido". No es un diagnóstico institucional, sino una etiqueta política utilizada en la conversación digital. Pero pocas imágenes alimentan mejor ese relato que una multitud enfrentándose a la Policía a unos cientos de metros del Elíseo.