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Bar H Emblemático Madrid
Bar H Emblemático Madrid

Tres barras en las que "refugiarse" antes de las comidas de navidad

Te proponemos tres de las mejores barras de Madrid donde disfrutar comiendo. Para que llegues a la comida o a la cena de empresa de turno con la única preocupación de dar tu mejor versión.

| Rodrigo Martínez Gastronomía

Ya está aquí la temporada navideña y con ella llegan las inevitables comidas y cenas de empresa. Estas reuniones son una oportunidad para que los empleados se relajen, socialicen y celebren los logros del año con sus colegas y superiores, pero por experiencia sabemos que en ellas el disfrute alimenticio está limitado. 

Suelen ser eventos formales donde se reúnen en un ambiente más distendido que el entorno de trabajo habitual pero que sigue siendo traicionero. A menudo incluyen cenas en restaurantes, salones de banquetes o incluso en las instalaciones de la empresa. En ocasiones, se organizan actividades, juegos o espectáculos para entretener a los asistentes. Pero comer, lo que se dice comer bien, no es la prioridad.

Las cenas de empresa pueden tener diferentes dinámicas. Algunas son más estructuradas, con discursos por parte de la dirección o reconocimientos a los empleados destacados. Otras son más informales, fomentando la interacción entre los compañeros de trabajo en un ambiente relajado, pero no es el momento para degustar tranquilamente ese plato que tanto te apetece.

Es importante recordar que, a pesar de ser un evento social, sigue siendo una actividad relacionada con el trabajo. Por ello, es recomendable mantener un comportamiento profesional y respetuoso. Además, suele ser una buena oportunidad para fortalecer relaciones laborales, conocer mejor a los compañeros de trabajo y crear vínculos más allá del entorno laboral.

Por todo ello hoy te proponemos tres de las mejores barras de Madrid para que reserves mesa con los amigos de verdad y des rienda suelta a tu gula con algunos de los platos que están en boca de todos los foodies de Madrid, como es la Oreja de Varra Fina, las albóndigas de Bar H o la carne del Capricho de Rocacho Plaza.

Bar H Emblemático. Es la última apertura de los hermanos Hevia, un homenaje a los bares buenos de toda la vida en el que se come con contundencia. Los artífices del mítico restaurante Hevia, los hermanos Ismael y Fernando del mismo apellido, han ideado este luminoso local que gira en torno a la barra, con horario ininterrumpido y una oferta basada en la tradición con producto de calidad: raciones y pinchos clásicos de bar conviven con platos más contundentes, de restaurante. Así, es posible tomarse unas bravas, gambas ajillo, unos torreznos, una ensaladilla rusa o unos genuinos tigres (en barra o en mesa) o comer de manera más formal en la sala, de mesa y mantel: un codillo asado, un arroz del señorito o la sugerencia del día (entendida como plato único, de lunes a jueves)

Rocacho plaza. La versión más joven y renovada de Rocacho, el ya consolidado asador que abrió sus puertas hace cuatro años, se ha consolidado como uno de los máximos referentes de la cocina tradicional de culto al producto. Su nombre, que hace referencia a la roca como símbolo de pureza y sustento de toda naturaleza, es una declaración de intenciones, ya que su oferta está basada en la calidad de una materia prima esencial (carnes, pescados, arroces y verduras de primera categoría) y en el poder de la brasa. Su nuevo espacio cuenta con un salón en el que disfrutar de la carta de siempre y 3 terrazas, dos abiertas y una cerrada, con una carta muy especial de picoteo siendo el lugar perfecto para aperitivos y sobremesas. Es un formato más informal y con un gran protagonismo de la barra y el momento del aperitivo, que sin complejos puede estar protagonizado por las mejores carnes del mundo a la parrilla de carbón de encina.

Varra Fina. El último proyecto de Jorge Velasco y Joaquín Serrano lleva apenas un mes abierto pero ya se ha convertido en un imprescindible de las barras capitalinas por la cantidad de platos que entran a la lista de esos que te hacen volver. Las raciones y el tapeo de calidad deberían ser patrimonio de la humanidad, y estos dos joven chefs les rinden tributo con preparaciones como una gilda de manual, una sopa de cebolla que revive a un muerto, unas canónicas croquetas de jamón Joselito, un pincho de tortilla de escuela, una sublime tosta de de gamba roja de Palamós o una espectacular oreja brava cocinada a baja temperatura y servida con piparras que con su crujiente textura nos haga olvidar todos los reparos de la casquería.