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13 curiosidades sobre las torrijas que te van a sorprender

Aunque todos (o casi todos) los españoles las hemos comido alguna vez, hay muchos datos curiosos sobre las torrijas que desconocemos

| Begoña Tormo Gastronomía

Gastronómicamente, la Semana Santa está hecha de bacalao, potajes y dulces. Y, entre estos últimos, si tuviéramos de quedarnos sólo con uno, sería probablemente con las torrijas, por ser uno de los más consumidos en nuestro país. Sin embargo, poca gente sabe que estas delicias no fueron siempre típicas de la Cuaresma. Ni que en otras épocas tuvieron un significado distinto al actual. Ni que se comen versiones, más o menos similares a las nuestras, en muchos otros países del mundo. Repasamos 13 curiosidades sobre las torrijas.

1 LOS DULCES DE LA SEMANA SANTA

Ya hemos dicho que las torrijas son, probablemente, el postre más emblemático de la Semana Santa, pero, para ser justos, no son ni mucho menos el único. Depende mucho de la comunidad autónoma, provincia, e incluso del pueblo en donde nos encontremos, porque hay un buen número de especialidades locales que toman las mesas estos días. Muchas de ellas pertenecen a la categoría de las llamadas “frutas de sartén”, y, curiosamente son de herencia sefardí (pestiños, rosquillas, buñuelos, flores, leche frita…), aunque no hay que olvidar las filloas gallegas, las monas de pascua y otras masas horneadas, como el panquemao valenciano, o los bollos de Arcos de la Frontera (Cádiz). 

2 UN CURIOSO ORIGEN

Es muy curioso, pero, parece que las torrijas comenzaron siendo el alimento que se daba tradicionalmente a las mujeres que acababan de dar a luz en muchos lugares. De hecho, esta circunstancia sigue presente en el nombre que reciben. En Menorca, por ejemplo, se conocen como “sopes de partera”, en algunas zonas de Galicia, como “torradas de parida”, en Portugal, como “fatias de parida”, y para los sefardíes eran “revanadas de parida”. Está bastante claro que era alimento de puérperas, pero, por si quedara alguna duda, basta coger el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa, editado en 1734 y buscar el término: “Rebanada de pan frita y untada en miel que dan a las mugeres paridas en España”. Lo más lógico sería pensar que, al tratarse de un alimento bastante calórico, se daba a las mujeres que acaban de tener un hijo para recuperarse del parto, pero también hay que tener en cuenta que, antiguamente, se pensaba que tomar leche de algún animal estimulaba la secreción de leche en la propia mujer. 

3 LIGADAS A LA CUARESMA

Entonces, ¿cómo llegaron a ser las torrijas el dulce más típico de la Semana Santa? El motivo parece ser eminentemente práctico: son un alimento bastante calórico, y, por tanto, capaz de proporcionar energía en una época en la que los preceptos religiosos prohíben el consumo de carne, pero se puede afinar un poco más para encontrar el momento histórico exacto. Y eso nos lleva al final de la Guerra Civil. El régimen franquista, de confesión católica, obligaba a celebrar la Semana Santa, pero, tras la contienda, los medios para hacerlo eran muy limitados. Se necesitaba un plato que pudiera elaborarse con ingredientes sencillos, pero que pudiera pasar como “de fiesta”, y las torrijas daban perfectamente el tipo.  

4 LOS INGREDIENTES

Por poco que hubiera en las casas, si había algo, era pan. Y con el añadido de algunos productos relativamente sencillos de tener, como huevos, azúcar y leche (o vino), y, por supuesto, aceite, se podía confeccionar un producto digno de ser un considerado especial. 

5 DE LECHE O DE VINO

En este punto, conviene aclara que, aunque la mayor parte de las torrijas que se consumen en la actualidad están preparadas con leche, en la época en la que se empezaron a tomar como algo típico de la Semana Santa eran muy frecuentemente de vino, ya que era más fácil de encontrar, y, por tanto, más barato (hablamos de vino peleón, claro). Hay que tener en cuenta que, por aquellos años, no estaba mal visto que los niños tomaran vino en pequeñas cantidades. Algo impensable en nuestros días.

6 NO SÓLO EN SEMANA SANTA 

Aunque hay zonas de España (Madrid, Castilla La Mancha…), en las que las torrijas son casi exclusivamente de la Semana Santa, hay otras en las que se consumen sobre todo en otras épocas del año. En Cantabria, por ejemplo, son habituales en las fiestas navideñas. En Asturias, Canarias, y el País Vasco, son típicas en Carnavales y en otros lugares, se consumen durante todo el año. 

7 Y EN OTRAS ÉPOCAS HISTÓRICAS

Podríamos decir que las torrijas, o su antecedente directo, datan de la época de los romanos. Marco Gavio Apicio, que vivió en el siglo I, incluyó en su archiconocida obra “De re coquinaria”, dos recetas que bien podrían pasar por nuestras actuales torrijas. Para una de ellas, se necesitaban unos panecillos (concretamente de mosto africanos, pero sin corteza), que se remojaban en leche, se horneaban y se untaban en miel. Para la segunda se necesitaba pan sin corteza, cortado a trozos grandes, que se remojaban en leche, se freían en aceite y se terminaban con un chorro de miel por encima.

8 ¿AZÚCAR O MIEL?

En la actualidad, el azúcar es un producto barato y abundante, pero hay que tener en cuenta que, hasta el siglo XVIII era un producto de lujo, al alcance sólo de las clases más pudientes. Por tanto, debemos pensar que las primeras torrijas se elaboraban con miel. Hoy en día, es mucho más frecuente utilizar azúcar, e incluso podemos encontrar fácilmente torrijas endulzadas con edulcorantes, aptas para diabéticos, y con muchas menos calorías. 

9 ¿CUÁL ES EL MEJOR PAN PARA HACERLAS?

No podemos contestar esta pregunta sin meternos en el pantanoso terreno de los gustos personales. De unos años a esta parte, la mayoría de las torrijas que se venden en tiendas y que se sirven en restaurantes en España, están elaboradas a partir de brioche (una masa enriquecida con mantequilla, huevos y azúcar). Sin embargo, hay que reivindicar que este plato no deja de ser una receta que se hacía en las casas con ingredientes comunes y que las torrijas hechas a partir de pan normal son también deliciosas. Lo mejor, eso sí, es elegir un pan de miga prieta, como el candeal, y dejarlo “asentar” un día para que sea más fácil manipularlo a la hora de hacer la receta. 

10 ¿FRITAS O AL HORNO?

Otra cuestión de gustos. Si buscamos en los libros de cocina casera, las torrijas siempre se han frito. Sin embargo, la preocupación por las calorías, o incluso por el gasto en aceite (que, con el precio que ha alcanzado el de oliva, tampoco es raro), han hecho frecuentes otras versiones en las que se hornean. Como decimos, depende de lo que prefiera el consumidor, pero, en cualquier caso, es imprescindible bañar el pan (empapado antes en la leche aromatizada), en huevo batido para formar una costra dorada. 

11 ¿TORRIJAS SALADAS?

Si lo pensamos bien, una torrija, en esencia, no deja de ser un pedazo de pan que se ablanda mojándolo en algún líquido (leche o vino azucarados y aromatizados con canela y piel de cítricos), que se pasa por huevo, se fríe y se termina con almíbar o miel, para hacerlo más sabroso y apetecible. Y, por eso mismo, es fácil elaborar una versión salada. Ya en 1913, doña Emilia Pardo Bazán, en su obra “La cocina española antigua”, recoge una receta de “toriija de anchoas”, en la que se freían rebanadas de pan, se empapaban en una especie de vinagreta, y se coronaban con una anchoa. También hay versiones más modernas, como la ganadora del Concurso a la Mejor Torrija de restauración, convocado por la Asociación de Cocineros y Reposteros de Madrid (ACYRE), en la categoría de innovación, ha sido una “torrija de potaje”. Elaborada por Yolanda Rebollo, pastelera del Hotel The Westing Palace, se realiza con un pan de brioche con harina de garbanzos, y con aquafaba (agua de cocer los garbanzos). Estas “torrijas” se bañan en una brandada de bacalao infusionada en nata y leche, se fríen pasados por huevo y se rematan con unos “corales crujientes de espinaca”.

12 EN OTROS PAÍSES

No sólo ha habido torrijas en otras épocas históricas. De hecho, existen versiones más o menos similares a nuestras torrijas tradicionales en muchos otros países. En el mundo sajón, son conocidas como “french toast”, es decir: tostadas francesas…. Aunque, en Francia, las llaman “pain doré” o “pain perdu”, o sea: pan dorado, o pan perdido. Si queremos una torrija en Grecia, tendremos que pedir una “avgofeta”. Si es en Alemania, unas “arme ritter” (que literalmente se traduciría como “caballeros pobres”) y si estamos en Austria, unas “pofesen”. La versión suiza tiene por nombre fotzelschnitten”, la húngara: “bundás kenyer”, y la belga, “wentelteefje. Y eso, sin salir de Europa. 

13 COGERSE "UNA TORRIJA"

Terminamos con la contestación a una pregunta que no muchos conocen. ¿Por qué se dice “cogerse una torrija” para referirse a una borrachera? Para encontrar la respuesta, tenemos que situarnos en el Madrid de finales del siglo XIX. Por aquel entonces, las torrijas eran un producto habitual en tabernas de la Villa y Corte, y se servían casi siempre para acompañar el vino. Por eso, cuando algún cliente se pasaba con el vino, se entendía que se había cogido una buena torrija. De hecho, se dice que el término se acuñó concretamente en la Taberna de Antonio Sánchez, que aún mantiene sus puertas abiertas en la capital.