Así se ha gestado el histórico acuerdo entre Apple y Trump: el iPhone será más ‘americano’
Una estrategia de aranceles quirúrgica y una negociación astuta llevaron a una inversión de 600.000 millones de dólares (552.000 millones de euros) en Estados Unidos

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump con su habitual bronceado. CHRIS FURLONG / PA WIRE / DPA 01/8/2025
En un giro inesperado de los acontecimientos, Apple, la gigante tecnológica conocida por su iPhone, y el presidente Donald Trump han sellado un acuerdo que promete transformar la economía estadounidense. El pasado 20 de agosto de 2025, tras intensas negociaciones marcadas por amenazas arancelarias y un ultimátum que Tim Cook no pudo ignorar, la empresa anunció una inversión de 600.000 millones de dólares (552.000 millones de euros) en suelo americano durante los próximos cuatro años. Este pacto, que incluye la creación de 20.000 empleos y una nueva instalación de servidores de inteligencia artificial en Houston, no solo evita un arancel del 100% sobre los semiconductores, sino que redefine las relaciones entre el gobierno y las corporaciones multinacionales en un contexto de tensiones comerciales globales.
El origen de este acuerdo radica en la dependencia de Apple de una cadena de suministro global compleja, con 2.700 piezas provenientes de 187 proveedores en 28 países, mayoritariamente China. Esta vulnerabilidad fue el punto que Trump decidió explotar. A principios de agosto, desde la Oficina Oval, el presidente anunció un arancel del 100% sobre las importaciones de semiconductores, un componente esencial para cada iPhone, iPad y Mac.
La medida no era un capricho: un informe del Departamento de Comercio de 2018 había alertado sobre la fragilidad de la cadena de suministro estadounidense de chips, y Trump vio en ello una oportunidad para presionar a una de las empresas más valiosas del mundo. Los aranceles existentes ya habían costado a Apple 800 millones de dólares (736 millones de euros) en el trimestre de junio y se proyectaban 1.100 millones de dólares (1.012 millones de euros) más para septiembre, según datos revelados en una llamada de ganancias reciente.
La amenaza era clara: o Apple trasladaba su producción a Estados Unidos, o enfrentaría un incremento masivo en los costos que podría duplicar el precio de los componentes clave overnight. Sin embargo, un análisis de Wedbush de 2022 estimó que ensamblar iPhones completamente en suelo americano elevaría su precio en unos 1.000 dólares (920 euros), una perspectiva inviable para mantener la competitividad de la marca. Ante este dilema, Cook tuvo tres opciones: absorber los aranceles y ver cómo se desvanecían los márgenes, asumir el costoso traslado de la producción, o buscar un punto intermedio. Optó por lo último, volando a la Casa Blanca con una propuesta que sorprendió a todos.
La contrapropuesta de Apple fue ambiciosa: una inversión inicial de 100.000 millones de dólares (92.000 millones de euros), que escalaría hasta los 600.000 millones de dólares (552.000 millones de euros) en cuatro años, enfocada en la fabricación de componentes, infraestructura de inteligencia artificial y empleo local. Este movimiento no implicaba trasladar el ensamblaje del iPhone, que seguiría ocurriendo en el extranjero "por un tiempo indefinido", pero sí respondía a las demandas de Trump de reforzar la economía estadounidense. Como gesto simbólico, Cook presentó una placa de vidrio sobre una base de oro de 24 quilates, fabricada en California con materiales de Utah, un detalle que selló la alianza con un mensaje claro: "Estamos en el mismo equipo".
El acuerdo, anunciado públicamente en un evento cargado de simbolismo con banderas de la Fuerza Espacial y el escudo presidencial de fondo, incluyó la construcción de una fábrica de servidores de IA de 250.000 pies cuadrados (23.225 metros cuadrados) en Houston para 2026 y asociaciones con empresas como GlobalFoundries y Amkor para la producción de chips en Nueva York y Arizona. Además, Apple se comprometió a comprar imanes de tierras raras producidos en Texas, reforzando la narrativa de autosuficiencia industrial. Wall Street reaccionó con entusiasmo, elevando las acciones de Apple entre un 5% y un 6%, y los inversores lo calificaron como una "solución inteligente" que preservaba los márgenes mientras cumplía con las exigencias políticas.
Este pacto marca un cambio en la estrategia de Trump, que anteriormente había intentado, sin éxito, forzar a Apple a fabricar iPhones en Estados Unidos con aranceles más generales. La clave de esta victoria negociadora fue su enfoque quirúrgico: en lugar de demandas amplias e impracticables, apuntó al talón de Aquiles de Apple, los semiconductores, un componente imposible de reemplazar rápidamente. Estudios recientes, como uno de MIT de 2023, confirman que los aranceles bien dirigidos pueden redirigir inversiones sin colapsar los mercados, una lección que Trump aplicó con maestría.
El acuerdo trasciende el ámbito económico. En el contexto de la guerra comercial con China, donde las sanciones a empresas como Huawei han puesto de manifiesto las tensiones tecnológicas, este movimiento refuerza la postura de Estados Unidos como líder en innovación. Sin embargo, la decisión de mantener el ensamblaje del iPhone en el extranjero sugiere que el camino hacia una producción completamente nacional sigue siendo un desafío. Para Apple, el trato es un equilibrio entre presión política y viabilidad económica; para Trump, una demostración de su arte de la negociación que podría sentar un precedente para futuras disputas comerciales. En un mundo cada vez más fragmentado, este acuerdo histórico entre Apple y Trump, alcanzado el 20 de agosto de 2025, podría ser solo el comienzo de una nueva era en las relaciones entre tecnología y poder estatal.