Reza Pahlavi desde Washington lidera la revuelta que podría restaurar la monarquía en Irán
Las consignas "¡Muerte al dictador!" y "¡Ni sha ni clérigos!" conviven con gritos de "¡Viva el sha!" y "¡Pahlavi regresará!", mientras multitudes en Teherán, Mashhad, Isfahán y Kermanshah ondean la bandera pre-1979 del león y el sol.
Reza Pahlavi.
Irán enfrenta su crisis más grave desde la Revolución Islámica de 1979. Desde finales de diciembre de 2025, una ola de protestas masivas ha sacudido el país, impulsada por el colapso económico, la inflación desbocada, superior al 40%, el hundimiento del rial y el agotamiento social tras décadas de represión. Las manifestaciones, que comenzaron por demandas laborales y económicas, se han transformado rápidamente en un rechazo frontal al régimen teocrático de Ali Jamenei, con consignas como "¡Muerte al dictador!" y "¡Ni sha ni clérigos!" en algunas zonas, aunque en muchas ciudades resuenan gritos de "¡Viva el sha!" y "¡Pahlavi regresará!".
El detonante clave ha sido el impacto acumulado de la guerra de 12 días con Israel en junio de 2025 (también conocida como Rising Lion), donde Israel, con apoyo estadounidense, destruyó instalaciones nucleares críticas (Natanz, Fordow, Isfahan), eliminó líderes militares y científicos clave, y dejó al régimen humillado y debilitado. Esta derrota, sumada a la caída de aliados regionales como el régimen de Assad en Siria y el debilitamiento de Hezbolá, ha expuesto la vulnerabilidad de la República Islámica, que ahora enfrenta un descontento interno sin precedentes.
En este contexto emerge con fuerza Reza Pahlavi, de 65 años, hijo del último sha Mohammad Reza Pahlavi y exiliado desde 1978 (cuando dejó Irán para entrenamiento militar en EE.UU., justo antes de la revolución). Desde su residencia en un suburbio de Washington, Pahlavi ha multiplicado sus llamados a través de videos en redes sociales y medios como Fox News e Iran International. El 6 de enero de 2026 instó a coordinar cánticos masivos a las 20:00 hora local los días 8 y 9, lo que resultó en manifestaciones coordinadas en decenas de ciudades pese al apagón casi total de internet impuesto por el régimen. El 10 y 11 de enero escaló: pidió huelgas generales en sectores clave (petróleo, gas, transporte, energía), ocupar centros urbanos con banderas prerevolucionarias (el león y el sol), y prepararse para "el día designado" en que las fuerzas de seguridad se unan al pueblo o queden inhabilitadas.
Pahlavi ha prometido regresar "pronto" a Irán para liderar una transición pacífica hacia una democracia laica, con un gobierno interino y un referéndum que permita elegir el sistema político (incluyendo la opción monárquica). Ha calificado al régimen de "criminal" y "al borde del colapso", y ha dirigido mensajes directos a las fuerzas armadas y de seguridad para que "elijan el lado de la historia" y frenen la represión.
La respuesta popular ha sido notable: videos verificados muestran multitudes en Teherán, Mashhad, Kermanshah e Isfahán ondeando la bandera del león y el sol, coreando "¡Javid Shah!" (larga vida al rey) y "¡Esta es la batalla final, Pahlavi regresará!". Aunque las protestas no son uniformemente monárquicas, algunos rechazan tanto a los ayatolás como a un retorno al sha, el apellido Pahlavi actúa como símbolo unificador de resistencia para sectores cansados de la teocracia. X (antes Twitter) cambió temporalmente el emoji de la bandera iraní al diseño pre-1979.
La represión ha sido brutal: grupos como HRANA e Iran Human Rights reportan al menos 65-116 muertos (incluidos menores) y más de 2.300 detenidos en las primeras dos semanas, con cifras posiblemente mucho mayores tras el blackout de comunicaciones (más de 70 horas en algunos momentos). El régimen ha acusado a EE.UU. e Israel de orquestar el caos y ha importado milicias extranjeras para reforzar la seguridad.
La represión ha sido brutal: grupos como HRANA e Iran Human Rights reportan al menos 65-116 muertos (incluidos menores) y más de 2.300 detenidos en las primeras dos semanas, con cifras posiblemente mucho mayores tras el blackout de comunicaciones (más de 70 horas en algunos momentos). El régimen ha acusado a EE.UU. e Israel de orquestar el caos y ha importado milicias extranjeras para reforzar la seguridad.
Un manifestante muestra la cara del Sha en una protesta contra el régimen iraní en Berlín.
Geopolíticamente, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha avivado esperanzas entre partidarios de Pahlavi. El príncipe lo ha calificado de "hombre de paz" y "líder del mundo libre", pidiéndole estar "preparado para intervenir" y actuar como en Venezuela. Trump ha advertido que golpearía "muy fuerte" si el régimen masacra manifestantes, pero ha descartado reunirse con Pahlavi por ahora, prefiriendo observar ("dejemos que emerja quien emerja"). Sectores conservadores estadounidenses y aliados israelíes muestran entusiasmo, pero la administración es cauta para evitar compromisos prematuros.
Casi 47 años después de la caída del sha, marcada por el abandono percibido de EE.UU. bajo Carter y el ascenso de Ruhollah Jomeini, Irán (con casi 100 millones de habitantes, vastas reservas petroleras y una superficie tres veces mayor que España) parece más frágil que nunca. Reza Pahlavi se perfila como la figura opositora más visible internacionalmente, pero su éxito dependerá de superar las divisiones en la oposición fragmentada, ganar apoyo masivo interno más allá del exilio y navegar un panorama donde el cambio podría ser caótico. Como él mismo ha dicho: el régimen está "de rodillas", y el pueblo iraní escribe la historia en las calles.