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Irán planta cara a EE.UU.: exige 10.000 millones, frenar a Israel en Líbano y congelar el debate nuclear

Teherán condiciona el acuerdo a desbloquear fondos, garantías de seguridad y 60 días sin tocar Ormuz ni su programa atómico, mientras mantiene su desconfianza hacia Trump

Esmail Baqaei y Donald Trump. Imagen generada con IA

Esmail Baqaei y Donald Trump. Imagen generada con IA

Adrián Petregal
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Irán ha endurecido su posición en las negociaciones con Estados Unidos y ha puesto sobre la mesa un paquete de exigencias que complica, y mucho, la firma de un acuerdo inmediato. Teherán reclama la liberación de unos 10.000 millones de euros en activos congelados, garantías de que Israel detendrá sus operaciones en Líbano y una moratoria de al menos 60 días para abordar dos de los puntos más sensibles: su programa nuclear y el control del estrecho de Ormuz.

Estas condiciones forman parte del borrador de un posible “memorando de entendimiento” que podría firmarse este fin de semana en Ginebra. El texto, estructurado en 14 puntos según la versión iraní publicada por la agencia Mehr, busca sentar las bases de un acuerdo más amplio, aunque las discrepancias entre ambas partes siguen siendo profundas.

Dinero, sanciones y presión económica

Uno de los principales escollos está en el desbloqueo de fondos. Irán exige el acceso inmediato a sus activos congelados por Washington, mientras que Estados Unidos plantea un levantamiento progresivo y condicionado al cumplimiento de compromisos verificables.

Además, Teherán introduce nuevas líneas rojas: exige la suspensión de sanciones sobre su industria petrolera, petroquímica y derivados antes incluso de iniciar las negociaciones finales previstas para agosto. 

En paralelo, plantea discutir no solo el acceso a más activos retenidos, sino también un ambicioso programa de compensaciones por los daños sufridos durante los ataques de EE.UU. e Israel, cifrado en hasta 260.000 millones de euros.

Ormuz, el punto estratégico

El control del estrecho de Ormuz, clave para el comercio mundial de petróleo, se mantiene como uno de los grandes focos de tensión. Irán propone reabrir el paso en un plazo de 30 días, pero bajo su propia gestión y en coordinación regional con Omán, defendiendo que se trata de un asunto soberano.

Frente a esto, Washington apuesta por una reapertura inmediata y con mayor implicación internacional. Desde Teherán, sin embargo, se insiste en que Estados Unidos no tendrá un papel relevante en la futura administración del estrecho, reforzando así su posición de control sobre uno de los puntos más estratégicos del planeta.

Líbano y el factor Israel

En el plano militar, Irán vincula directamente cualquier avance diplomático a la situación en Líbano. Exige garantías claras de que Israel cesará sus ataques, en un contexto de enfrentamientos continuos entre el Ejército israelí y las milicias de Hezbolá.

No obstante, el Gobierno de Benjamin Netanyahu ya ha dejado claro que no renunciará a sus operaciones si considera que existen amenazas, lo que introduce un elemento de inestabilidad difícil de encajar en el acuerdo. Estados Unidos, por su parte, plantea el memorando como una especie de extensión temporal —de unos 60 días— del actual y frágil cese de hostilidades.

El pulso nuclear, en pausa y desconfianza total

El programa nuclear iraní, eje histórico del conflicto, quedaría temporalmente fuera de la negociación directa. El borrador contempla que Irán reafirme su compromiso de no desarrollar armas nucleares y su adhesión al Tratado de No Proliferación.

Sin embargo, los aspectos más delicados —como el nivel de enriquecimiento de uranio o sus reservas actuales— se aplazan para una fase posterior. Esta pausa busca facilitar un primer entendimiento, aunque deja sin resolver el núcleo del conflicto entre ambas potencias.

Más allá de los detalles técnicos, el gran obstáculo sigue siendo político. Irán insiste en que la posible firma del memorando no elimina su profunda desconfianza hacia Estados Unidos ni hacia Israel.

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baqaei, ha acusado a Washington de combinar el discurso diplomático con acciones militares, denunciando lo que considera una estrategia contradictoria y peligrosa. Teherán teme repetir escenarios recientes en los que, según denuncia, se produjeron ataques en pleno proceso negociador.

A pesar de ello, ambas partes reconocen que el documento está “prácticamente finalizado”. La posible firma, prevista como pronto para este domingo en Ginebra, marcaría el inicio de una nueva fase diplomática.

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