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Natascha Kampusch, 20 años después de escapar de su secuestrador: “Se siente como si estuviera prisionera de nuevo”

Veinte años después de escapar de su secuestrador, Natascha Kampusch vuelve a estar en el foco. Su familia alerta ahora de su delicado estado y pide que se trate su historia con especial sensibilidad.

Natasch Campus.

Natasch Campus.Archivo

David González
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El 6 de septiembre de 2006 una entrevista en un plató informativo de Austria se convirtió en una de las emisiones más vistas de la televisión internacional. Varias cadenas firmaron un convenio con la televisión austriaca para poder emitir la entrevista. En España lo hizo Antena 3. La entrevistada no era una figura política internacional, ni una deportista laureada o una estrella del pop. Era Natascha Kampusch una joven de 18 años que se durante los minutos de la transmisión se mostró calmada y con gran capacidad de comunicación y de síntesis a la hora de trasmitir su mensaje y trasladar al mundo su historia: había permanecido ocho años encerrada tras ser secuestrada con tal sólo diez años.

La desaparición de Kampusch se produjo el 2 de marzo de 1998 cuando se dirigía al colegio. Una furgoneta blanca se detuvo junto a ella y Wolfgang Přiklopil, un técnico de Telcomunicaciones de 35 años, se la llevó con él. La instaló en su casa de Strasshof, a 30 kilómetros de Viena. Concretamente en un zulo de 5 metros cuadrados sin ventanas y con aislamiento sonoro.

Empezó así una tortura de 3.096 días. Durante ese tiempo, Natascha fue creciendo pasando de la infancia a la adolescencia al mismo tiempo que evolucionaba su relación con su secuestrador.

Přiklopil intentó someter completamente a Natascha. Le hizo creer que sus padres no la querían y que, desde entonces, ella le pertenecía. Incluso quiso cambiarle el nombre por Bibiana o Vivi y exigía que lo llamara “Maestro”, aunque ella se resistía. Poco a poco, estableció un sistema de control basado en el aislamiento, la vigilancia, las amenazas, la falta de alimentos y la pérdida progresiva de autonomía.

Afirmaba tener una pistola y explosivos y amenazaba con matar a otras personas y suicidarse si Natascha intentaba escapar. Por ello, ella temía que una fuga pudiera provocar la muerte de quienes trataran de ayudarla. Además, carecía de documentación, dinero y conocimientos suficientes sobre el mundo exterior.

Su cautiverio combinaba momentos aparentemente normales con episodios de extrema violencia. Přiklopil le proporcionaba libros, una radio y, ocasionalmente, televisión, pero también la golpeaba, humillaba, le afeitaba la cabeza, limitaba su alimentación y la obligaba a realizar trabajos domésticos y de construcción. A los 16 años pesaba unos 38 kilos. Cualquier gesto podía provocar un castigo y devolverla al sótano.

La alternancia entre violencia y pequeñas concesiones reforzaba su dependencia. Un plato de comida o unas horas fuera del sótano podían parecer privilegios. Natascha también sufrió abusos sexuales, aunque decidió mantener esos detalles en privado.

Para sobrevivir, aprendió a anticipar los cambios de humor de su captor, reconocer situaciones peligrosas y aprovechar sus debilidades. Leer, estudiar y discutir con él fueron pequeñas formas de conservar su voluntad. Comprenderlo no significaba justificarlo, sino encontrar maneras de resistir.

Con el tiempo, Přiklopil permitió que saliera de casa y la llevó a comer, comprar o viajar. Sin embargo, ella seguía creyendo que cualquier intento de pedir ayuda podía tener consecuencias mortales. Por eso esperó durante años una oportunidad de escapar que no pusiera inmediatamente su vida en peligro.

"Soy Natascha Kampusch"

El 23 de agosto de 2006, mientras su secuestrador atendía una llamada telefónica, ella aprovechó para salir corriendo hacia la casa más cercana. “Soy Natascha Kampusch”, dijo a una mujer de 71 años que no daba crédito a lo que hoy. La desaparición de la pequeña ocho años antes había impactado a la sociedad austriaca y muchos la daban por muerta.

Natascha Campus en 2019.

Natascha Campus en 2019.Bwag

El ADN demostró que la joven decía la verdad y comenzó un escrutinio mediático al saberse del horror que había vivido la niña de diez años que ahora se presentaba ante el mundo como una joven de 18.

Su historia la convirtió en un personaje mediático y algunos pusieron en duda parte de su relato cuando aparecieron imágenes de ella junto a su secuestrador. Hubo quien pensó en que era víctima de una especie de síndrome de Estocolmo. Lo cierto, es que partes de su relato no se pueden reconstruir ya que su secuestrador antes de ser detenido se suicidó tirándose al tren.

Campus se convirtió desde entonces en una habitual de los medios de comunicación en Austria y Alemania, para participar en debates y entrevistas. Además, publicó dos libros sobre sus experiencias y lanzó una línea de joyas diseñadas por ella. Su historia se llevó al cine en 2013.

El secuestrador de Nastascha.

El secuestrador de Nastascha.Archivo

Hoy, veinte años después, parece que su situación ha empeorado. Desaparecida de redes sociales desde 2023, su hermana Claudia ha intentado poner un poco de luz sobre cómo se encuentra su hermana hoy: “Todos saben cómo se desenvolvía Natascha frente a las cámaras. Eso ha desaparecido por completo. Vive prácticamente en su propio mundo. Se siente como si estuviera prisionera de nuevo. Es desgarrador y nos sentimos imponentes”.

“Sufrió una crisis nerviosa, por lo que no queremos que se publiquen reportajes insensibles en el vigésimo aniversario de su fuga”, remata Claudia previendo que el vigésimo aniversario de su liberación volverá a poner la figura de Natascha Kampusch bajo el foco. 

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