Volvo, Mercedes y Tesla marcan el ritmo en la carrera por un acero sin emisiones
El acero verde se convierte en el nuevo campo de batalla para la industria automovilística europea, presionada por Bruselas y vigilada por las ONG ambientales.

Archivo - Acero verde.
La transición hacia la movilidad limpia no se juega únicamente en el motor eléctrico, las baterías o la infraestructura de recarga. Uno de los frentes menos visibles pero más determinantes es el del acero. Hasta un 30% de las emisiones asociadas a la fabricación de un automóvil proviene de este material imprescindible para la estructura y la seguridad de los vehículos. Y en ese terreno, según un nuevo estudio publicado por la organización ecologista Transport & Environment (T&E), son Volvo, Mercedes-Benz y Tesla quienes se sitúan a la cabeza de la descarbonización.
Un ranking con ganadores y rezagados
El informe, elaborado en el marco de la iniciativa Lead the Charge, analiza la transparencia de los fabricantes, los compromisos de compra de acero bajo en carbono, el uso de material reciclado y la firma de contratos con proveedores de acero casi libre de emisiones.
Volvo Cars, que ya había hecho de la sostenibilidad un argumento central de su estrategia, obtiene calificaciones sobresalientes en todos los parámetros. Mercedes-Benz destaca especialmente en los acuerdos de compra: ha firmado múltiples contratos tanto en Europa como en Norteamérica con productores de acero que utilizan hidrógeno verde o electricidad renovable en lugar de carbón. Y Tesla, a pesar de las polémicas que rodean a menudo a la marca de Elon Musk, sigue siendo la única que publica de manera detallada las emisiones de alcance 3 de su cadena de suministro, un aspecto clave para medir el impacto real de la producción.
El podio lo completan General Motors y Ford, lo que refleja que las grandes estadounidenses también pisan fuerte en esta carrera, aunque el grueso de la presión normativa se concentra en Europa.
De la cola a la mitad en apenas dos años
El contraste con la fotografía de hace solo dos años es llamativo. En 2023, dos tercios de los fabricantes de automóviles obtenían una puntuación de cero en sus esfuerzos por limpiar su acero. Hoy, ese porcentaje ha bajado a menos de un tercio. Un avance notable que demuestra que la presión social, la acción regulatoria y las propias necesidades de competitividad han empezado a mover el tablero.
Europa es especialmente sensible en este aspecto: la industria del automóvil representa un 17% de la demanda total de acero en el continente, un porcentaje que sube hasta el 26% en países como Alemania o Estados Unidos. Es decir, lo que hagan las grandes marcas con sus cadenas de suministro tendrá un impacto directo sobre la viabilidad de la emergente industria del acero verde, que busca financiación, clientes y economías de escala para despegar.
La presión de Bruselas
El informe de T&E no se limita a radiografiar el presente. Advierte también del reto regulatorio que viene. La organización pide a la Comisión Europea que, a partir de 2030, obligue a los fabricantes a garantizar que al menos un 40% del acero utilizado en cada nuevo vehículo vendido en la UE proceda de fuentes verdes, incluidas las recicladas. Ese porcentaje debería elevarse al 75% en 2035 y alcanzar el 100% en 2040. Todo ello enmarcado en la próxima Ley de Aceleración de la Descarbonización Industrial (IDAA), que Bruselas pretende aprobar en los próximos meses.
Además, T&E reclama la implantación de etiquetas de carbono obligatorias para todo el acero utilizado en automóviles, una medida que, de prosperar, pondría negro sobre blanco qué fabricantes avanzan y cuáles maquillan cifras.
Entre la ambición y el riesgo competitivo
El reto, sin embargo, no está exento de tensiones. Oscar Pulido, responsable de electrificación de flotas de T&E en España, lo resume con claridad: “Los vehículos eléctricos están eliminando las emisiones del tubo de escape, pero aún queda mucho por hacer para reducir el impacto del carbono en los componentes. Si Europa quiere ser competitiva, sus fabricantes deben limpiar sus cadenas de suministro”.
El dilema es evidente: las marcas que se adelanten podrán presumir de liderazgo ambiental y atraer a consumidores cada vez más sensibles con el clima, pero los costes de producción también se disparan. El acero verde sigue siendo más caro que el convencional, y aunque los costes tenderán a bajar con la escalabilidad, el corto plazo obliga a asumir márgenes más estrechos o trasladar el sobreprecio al cliente final.
Un cambio sistémico en marcha
Los expertos consultados por T&E coinciden en que el sector del automóvil está en el epicentro de una transformación que va más allá de los motores eléctricos. “El coche del futuro será eléctrico, conectado, autónomo… y fabricado con materiales bajos en carbono”, señala uno de los autores del informe. Un horizonte que obliga a repensar no solo la relación con los proveedores de acero, sino con toda la cadena de valor, desde el aluminio hasta las baterías.
Por ahora, Volvo, Mercedes y Tesla han tomado la delantera en el terreno del acero. La cuestión es cuánto tiempo podrán mantener esa ventaja y si el resto de los fabricantes europeos, especialmente los generalistas, están preparados para seguirles en un terreno donde la innovación tecnológica y la política industrial caminan de la mano.