España se juega su liderazgo en la automoción: la electrificación avanza demasiado despacio
El Colegio de Ingenieros Industriales de Madrid alerta en un informe estratégico de que solo el 11% de los vehículos vendidos en nuestro país son electrificados, muy por debajo de la media europea, y reclama acelerar en infraestructura, innovación y combustibles renovables.

Fábrica de coches en España
El sector de la automoción español, uno de los motores industriales más potentes de la economía nacional, se encuentra en un momento crítico. La transición hacia la movilidad sostenible, marcada por la electrificación, los nuevos combustibles renovables y la presión normativa de Bruselas, plantea enormes retos y también oportunidades. Así lo recoge el último informe estratégico presentado por el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM), que advierte con contundencia: si España no pisa el acelerador en innovación e infraestructuras, puede perder la posición de privilegio que ha ocupado durante décadas en el mapa automovilístico europeo.
“España tiene una de las industrias de automoción más fuertes de Europa, pero si no aceleramos en innovación e infraestructura, perderemos esa ventaja”, resume Manuel Soriano, presidente de la Comisión de Industria del COIIM, al presentar un documento que busca convertirse en hoja de ruta para gobiernos, empresas y sociedad civil.
España, a la cola en electrificación
Uno de los datos más llamativos del informe es el retraso de España en la venta de vehículos electrificados. Solo el 11% de los turismos nuevos matriculados en 2024 pertenecen a esta categoría —que incluye tanto eléctricos puros como híbridos enchufables—. Una cifra que palidece frente al 20% de media en la Unión Europea y, sobre todo, ante el 40% que ya alcanza China, convertida en la referencia global del coche eléctrico.
El retraso español tiene varias explicaciones: precios aún elevados, ayudas a la compra poco ágiles, escasez de modelos asequibles y, sobre todo, un despliegue insuficiente de puntos de recarga. Esta última cuestión aparece como la gran asignatura pendiente. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija objetivos ambiciosos, pero el ritmo actual está muy lejos de lo requerido. Según el COIIM, España debería multiplicar por ocho la instalación anual de cargadores públicos si quiere cumplir con las metas marcadas para 2030.
La infraestructura de recarga, el cuello de botella
La red de recarga pública es, a juicio de los ingenieros industriales, el cuello de botella que está frenando la adopción del vehículo eléctrico. La percepción de inseguridad del conductor a la hora de encontrar un cargador operativo y cercano sigue siendo una barrera decisiva en la compra.
Actualmente, España cuenta con unos 30.000 puntos de recarga, pero muchos de ellos están en ubicaciones poco estratégicas o presentan problemas de mantenimiento. Para cumplir con los compromisos europeos de reducción de emisiones, serían necesarios más de 300.000 puntos en funcionamiento antes del final de la década. El informe advierte de que, sin un impulso público-privado mucho más intenso, será imposible cerrar esa brecha.
Combustibles renovables: la otra vía hacia la descarbonización
La electrificación es el camino central marcado por Bruselas, pero no el único. El COIIM subraya en su informe que los combustibles renovables —como los e-fuels, los biocarburantes avanzados o el hidrógeno— jugarán un papel clave para complementar la transición energética.
Estos vectores energéticos permiten reducir emisiones de forma significativa en flotas de vehículos pesados, en transporte de larga distancia o en aplicaciones donde la batería eléctrica aún no resulta viable. Además, ofrecen una segunda vida al parque de vehículos actual, evitando que la descarbonización se traduzca en una sustitución masiva y prematura del automóvil existente.
España, con su capacidad de producción energética renovable y su experiencia en el sector químico e industrial, está en posición de convertirse en líder europeo en la generación de estos combustibles sostenibles. Sin embargo, la apuesta regulatoria y la inversión necesaria todavía no están a la altura del potencial.
El desafío chino y la presión de Bruselas
El informe también pone el foco en la competencia exterior, especialmente en el empuje de China. El gigante asiático ha sabido anticiparse a la revolución eléctrica, apoyando con decisión a sus fabricantes y convirtiéndose en exportador neto de vehículos eléctricos de bajo coste hacia Europa.
La consecuencia es doble: presión a la baja sobre los precios y riesgo de dependencia tecnológica. “La automoción europea y española debe responder con innovación, calidad y un marco regulatorio que favorezca la competitividad”, advierte el COIIM.
A ello se suman las exigencias normativas de la Unión Europea, que ya ha fijado la prohibición de vender coches nuevos de combustión a partir de 2035. Este calendario obliga a acelerar, aunque todavía hay incertidumbres sobre su aplicación y sobre la flexibilidad que se concederá a los combustibles renovables.
España, potencia industrial en riesgo
Con casi tres millones de vehículos fabricados al año, España es el segundo productor de automóviles de Europa, solo por detrás de Alemania. El sector supone cerca del 10% del PIB y emplea a cientos de miles de trabajadores de forma directa e indirecta.
Este peso estratégico hace que cualquier retraso en la transición energética tenga consecuencias que van mucho más allá del mercado automovilístico: se trata de empleo, inversión extranjera y posición geopolítica en un sector clave.
La oportunidad de liderar la nueva movilidad existe, pero requiere decisiones valientes. Los ingenieros industriales insisten en la necesidad de combinar la electrificación con los combustibles alternativos, de reforzar la colaboración público-privada y de apostar por la I+D en tecnologías emergentes, desde las baterías hasta la inteligencia artificial aplicada a la movilidad.
Un llamamiento a la acción
El informe del COIIM no se limita a diagnosticar problemas: lanza también una serie de recomendaciones. Entre ellas, acelerar la instalación de puntos de recarga, simplificar los trámites administrativos, reforzar los incentivos a la compra de eléctricos, apoyar la producción de combustibles renovables y garantizar una mayor coordinación entre comunidades autónomas y Gobierno central.
“Estamos en un punto de inflexión”, concluye Soriano. “España no puede permitirse quedar rezagada en una de las transformaciones industriales más importantes del siglo. El sector de la automoción puede y debe ser protagonista de la transición energética”.
La advertencia no puede ser más clara: el futuro del motor español se decide en los próximos años. Si se toman las decisiones correctas, España tiene potencial para seguir siendo un referente en Europa. Si se retrasa la acción, el país corre el riesgo de convertirse en un mero consumidor de tecnologías desarrolladas fuera de sus fronteras.