Plan Auto 2030: promesas, rectificaciones y un sector que ya no se cree nada
Sánchez, participará el próximo 3 de diciembre en la presentación del Plan Auto 2030, una batería de medidas que pretenden servir de hoja de ruta para impulsar la industria automovilística en España. Es imprescindible que las ayudas lleguen a tiempo.
Archivo - El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la clausura de la IV edición del Foro ANFAC ‘Juntos hacia el futuro’, celebrado el pasado febrero.
El próximo 3 de diciembre Pedro Sánchez acudirá a la presentación del nuevo Plan Auto 2030, la enésima hoja de ruta con la que el Gobierno asegura querer impulsar la industria del automóvil en España. Sobre el papel, es un documento para modernizar el sector, electrificar la movilidad y garantizar el futuro industrial del país. En la práctica, se parece demasiado a lo que el sector lleva años viendo: más anuncios, más fotos y más planes sin presupuesto garantizado.
El Ejecutivo insiste en que será una estrategia “ambiciosa y consensuada”, según defendió el secretario de Estado de Industria, Jordi García, en el Congreso. Pero la industria, escarmentada por los retrasos del Moves, el atasco del PERTE VEC y la falta de ejecución real, recibe estas palabras con el mismo escepticismo que acumula desde hace dos legislaturas.
Mientras el Gobierno promete, el sector sigue esperando. Y el país, también.
Un plan que vuelve a llegar tarde… y sin cifras claras
El presidente de Anfac, Josep María Recasens, lo ha dicho sin rodeos: un plan serio necesita objetivos, responsables y, sobre todo, presupuesto. Si no, es propaganda. El Plan Auto 2030 aún no ha demostrado que tenga nada de lo primero y demasiado de lo segundo.
España es el segundo mayor productor europeo de vehículos. Mantener esa posición exige certidumbre regulatoria y financiera, no más titulares. La industria reclama realismo, pero el Ejecutivo sigue hablando como si bastaran las palabras para electrificar fábricas y atraer inversiones.
El Moves III: ejemplo de lo que no debe repetirse
Una de las grandes banderas del nuevo Plan Auto es la reforma de la gestión del Moves III: ahora será el Estado quien centralice los trámites y pagos de las ayudas. La idea, en teoría, es acabar con el caos autonómico, las demoras interminables y las desigualdades territoriales.
El problema es que es el propio Gobierno el que ha demostrado ser lento, opaco y burocrático ejecutando fondos. Los retrasos en los reembolsos y la falta de claridad presupuestaria han desgastado la confianza del comprador y de los concesionarios. Por eso el sector insiste en lo mismo desde hace años: las ayudas deben descontarse directamente en el concesionario. Sin esperar meses. Sin papeleo absurdo. Sin incertidumbre.
Pero, de nuevo, el Gobierno no confirma nada.
El PP entra en escena con un plan alternativo: menos papeleo, más realismo
Mientras el Ejecutivo sigue presentando planes sin concretar cifras, el Partido Popular llevará este miércoles al Congreso una proposición no de ley para impulsar un Plan Nacional de Renovación del Parque Automovilístico, complementario al Moves y centrado en incentivos reales, inmediatos y fáciles de cobrar.
El diagnóstico del PP es claro: el Moves III no ha funcionado. Y no lo ha hecho porque:
No ofrece ayudas directas en factura.
Su tramitación es excesivamente compleja.
Obliga al comprador a adelantar el precio completo del coche.
Los reembolsos tardan meses o incluso años.
Y las ayudas no son suficientes para las rentas medias, que suelen adquirir seminuevos o híbridos básicos.
Por eso el PP propone que el futuro Moves IV —cuando llegue— incluya un descuento directo en el momento de la compra, tanto para eléctricos como híbridos enchufables, pero también para vehículos de ocasión Euro 6d. Y, sobre todo, que sirva para retirar de las calles los coches más antiguos, que son los que más contaminan y peor seguridad ofrecen.
Una propuesta que, paradójicamente, ya defiende desde hace meses la propia industria y que el Gobierno sigue posponiendo.
Medidas fiscales y una red de recarga que España todavía no tiene
El PP también pide al Gobierno un paquete serio de medidas fiscales:
Reducción temporal del IVA en vehículos de bajas emisiones.
Deducciones en el IRPF por la compra de coches electrificados.
Incentivos por instalar puntos de recarga domésticos o profesionales.
Es decir, medidas que existen en otros países europeos y que han demostrado ser eficaces para dinamizar el mercado.
Además, los populares plantean un Plan de Despliegue de una Red Nacional de Recarga Pública, con mecanismos de concurrencia competitiva y participación de comunidades y ayuntamientos. Esto ayudaría a cumplir los requerimientos europeos sobre distancias máximas entre cargadores para eléctricos, biocombustibles, sintéticos e hidrógeno.
Un enfoque práctico, frente al eterno “vamos camino del liderazgo” que repite el Gobierno mientras España sigue sin superar el cuello de botella de la infraestructura.
Subvenciones a la carga rápida: un asunto pendiente
La propuesta del PP cierra con algo que la industria lleva reclamando desde hace tiempo: ayudas para compensar el coste del suministro eléctrico en carga rápida y ultrarrápida, especialmente para usuarios profesionales, pequeñas y medianas empresas, autónomos y flotas de alta utilización.
Un punto clave para que operar un cargador rápido deje de ser un negocio ruinoso en muchas zonas del país.
El Gobierno presenta el Plan Auto 2030 como su gran apuesta industrial. El PP responde con un plan más pragmático y centrado en el comprador. Lo que tienen en común ambas propuestas es algo evidente: llegan tarde.
España necesita un plan ejecutable, financiado y estable. No otro titular. No otro acto. No otro documento que acabe en un cajón. El sector está cansado de promesas y exige certezas.
Porque mientras la política discute, la industria se juega su futuro. Y ese futuro no se construye con slogans: se construye con presupuesto, con simplificación administrativa y con una visión clara. Todo lo que este Gobierno todavía no ha demostrado. Dos visiones, un mismo problema… y una industria que no puede esperar más.