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41 CONGRESO FEDERAL

Sánchez 'Imperator' en Sevilla

El presidente del Gobierno está dando vueltas al enésimo conejo que piensa sacar de la chistera y salvo sorpresa judicial de última hora que añada más corrupción al entorno del líder del PSOE, saldrá aclamado, vitoreado y jaleado del 41 Congreso Federal.

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un mitin.

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un mitin.Alejandro Martínez Vélez / Europa Press

Esther Jaén
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Se equivocan quienes piensen que bajan las aguas revueltas en la familia socialista y, más concretamente, en el cónclave que celebrarán en Sevilla este fin de semana (41º Congreso Federal del PSOE). El Congreso Federal del nuevo PSOE, el que se ha forjado a imagen y semejanza de Pedro Sánchez, a capricho, incluso, del líder, no pierde el tiempo en fruslerías. Y eso es lo que consideran al PSOE de Madrid y a su ya ex jefe de filas, Juan Lobato.

Quizás ya nadie recuerda que hace tres años, durante la celebración del 40º Congreso, el equipo de Sánchez, del que acababan de descabalgar bruscamente al que había sido todopoderoso secretario de organización y ministro de Fomento, José Luis Ábalos, su sustituto, Santos Cerdán, presentó un informe de gestión de la dirección del partido que hubiera correspondido a Ábalos y, sin cortarse un pelo, ofreció un balance más que positivo de los tres años de PSOE. Entonces, ¿por qué defenestraban de una forma tan brusca y ostensible al ministro y número dos de Sánchez?, cabía preguntarse. Sin embargo, absolutamente nadie levantó un dedo, o planteó ante el plenario la pregunta “¿Qué ha pasado con Ábalos?”.

Recuerdo  -y no soy la única- haber escuchado decir al propio Ábalos que él mismo no sabía por qué lo apartaban, en un pequeño corrillo de pasillos, de esos en los que se dicen, al menos, medias verdades y no la respuesta de argumentario que se despacha por cualquier rincón donde se halle un político presto a dar su “libre versión” de la realidad paralela en la que parecen habitar los partidos.

En aquella ocasión, hace 3 años, nadie alzó la mano para preguntar por esa gestión que aprobaron por asentimiento, sin apenas pronunciar el nombre del secretario de organización saliente. Por los pasillos de ese Congreso celebrado en Valencia circulaba una frase que, supuestamente, Sánchez le había espetado a Ábalos en el momento de comunicarle su cese: “Tú sabes por qué”. El caso es que nadie más se vio en la necesidad de confesar: “Pues yo no lo sé, ¿os importaría comentarlo?”. Entonces, no hubo debate, ni crítica, ni siquiera una pregunta que los propiciase. Porque para entonces, en el PSOE ya se hacía “lo que diga el jefe”.

José Luis Ábalos y Pedro Sánchez

José Luis Ábalos y Pedro Sánchez

Y en esta ocasión, al dimisionario Lobato le va a suceder lo mismo. Nadie hablará en público de él. Será probablemente comentario de pasillo, pero será caso amortizado. A Sánchez le bastó una caída de pestañas en apenas 24-48 horas para sentenciarlo a muerte (política, para que se me entienda).

Creyó el bueno de Lobato que, con su inocencia por delante y asistido por la honestidad, podría librar la batalla contra el equipo de Sánchez, la que ya se temía antes de ir al notario a certificar que, en definitiva, él recibió un documento que no quiso revelar tal como le sugirió su compañera en la dirección del PSOE madrileño, Pilar Sánchez Acera y mano derecha entonces del jefe de gabinete de Pedro Sánchez, el hoy ministro Óscar López. Todo ello por no delinquir y revelar un documento oficial, privado y que solo competía al novio de Isabel Díaz Ayuso, Alberto González Amador , y a la Fiscalía, con la que trataba de pactar la asunción de un presunto delito fiscal a cambio de rebajar su pena.

Nunca fue Lobato de chapotear en el barro y, aunque era consciente de que era lo mismo que picar el hierro frío, una y otra vez ofrecía propuestas, pactos y posibles soluciones a su rival política (que no enemiga acérrima) Isabel Díaz Ayuso. Quiso reivindicar Lobato una forma distinta de hacer política y le dieron matarile. Por traidor.

Pedro Sánchez y Juan Lobato durante un mitin del PSOE.

Pedro Sánchez y Juan Lobato durante un mitin del PSOE.Europa Press

Y de la manera más cruel. Desde que la dirección federal del PSOE decidió que merecía morir (políticamente hablando) no fue capaz de resistir ni las 72 horas que le faltaban por completar hasta llegar al Congreso de Sevilla. Le hicieron un '10 Negritos' y los que hace apenas unas semanas eran sus principales valedores, escuderos y amigos, fueron dejándole solo, abandonado a su suerte, que ya había sido dictada por el pulgar hacia abajo de Sánchez. Los suyos, su Ejecutiva, dejó de serlo y, de pronto, se dio cuenta de que no tenía a nadie a su alrededor.

Si eso sucedió con los propios ¡imaginen qué harán los ajenos! Por eso, pensar -como creen algunos insignes dirigentes del PP- que el affaire Lobato o el caso de su hermano, su mujer o su mascota si fuera menester le van a arruinar el Congreso es desconocer al personaje, a estas alturas. Sánchez está dando vueltas al enésimo conejo que piensa sacar de la chistera. Pero salvo sorpresa judicial (que no acostumbra a manifestarse en fin de semana) Sánchez saldrá aclamado, vitoreado y jaleado del Congreso de Sevilla, sin que nadie le haga ni un ruidito.

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