GASTO MILITAR
Sánchez se va a París a escuchar cómo el resto de líderes aumentan el gasto en defensa haciendo recortes
El presidente del Gobierno vuelve a sentarse a la mesa junto a Emmanuel Macron y a otros mandatarios europeos. Hoy volverá a escuchar lo que harán otros países para destinar más recursos a su defensa.

Emmanuel Macron recibe a Pedro Sánchez en el Palacio de El Elíseo.
Tras el mal trago del Congreso de los Diputados, Pedro Sánchez se sube al Falcon para estrechar la mano a Emmanuel Macron, hacerse la foto de unidad, poner tierra de por medio durante un rato ante las críticas recibidas y sentirse arropado por el resto de líderes europeos.
Sin embargo, lo que va a escuchar en París el presidente del Gobierno este jueves, puede que tampoco le guste demasiado. Estaría bien saber si allí también se ríe a carcajadas, como hizo este miércoles desde la tribuna de la Cámara Baja.
Sobre la mesa, el creciente gasto en defensa que muchos países europeos están asumiendo en el actual contexto geopolítico. La guerra en Ucrania, la presión de la OTAN y las amenazas de Rusia han impulsado a los gobiernos del continente a reforzar sus presupuestos militares, en algunos casos, con cifras récord.
Y eso escuece. Cuando además, asumen con resignación y responsabilidad de dónde tienen que salir esas partidas armamentísticas que harán menguar otras: sobre todo, las sociales.
Reino Unido marca el camino
Uno de los ejemplos más destacados es el Reino Unido, que ha decidido elevar su gasto en defensa al 2,5% del PIB, lo que supone un aumento de 2.200 millones de euros. Sin embargo, este esfuerzo se financiará a través de recortes en el gasto social. Evidentemente, esto ha generado un intenso debate interno sobre las prioridades del Ejecutivo británico. Pero el laborista Keir Starmer lo ha asumido.
Francia, por su parte, ha optado por incrementar en 1.700 millones de euros su presupuesto militar, alcanzando un 3,5% del PIB. Para lograrlo, recurrirá a una combinación de subida de impuestos, incremento del gasto público y emisión de bonos.
Alemania sigue una senda similar: aunque las cifras concretas aún no se han detallado, Berlín también destinará el 3,5% de su PIB a reforzar su capacidad de defensa y armamento, lo que se traduce en cientos de millones de euros adicionales para su ejército.
Más cerca de Moscú, más inquietud
Otro caso significativo es el de Suecia, que ha cifrado en 28.000 millones de euros su inversión en gasto militar. Esta cantidad, financiada mediante deuda y préstamos, permitirá a Estocolmo destinar el 3,5% de su PIB al rearme de sus tropas.
Aunque si hay un país que está apostando con mayor contundencia por la seguridad, ese es Polonia. Varsovia, en la primera línea de la tensión con Rusia, destinará un impresionante 4,7% de su PIB a defensa. En su caso, una parte considerable de estos fondos procederá de los mecanismos de recuperación europeos, lo que le permitirá financiar este esfuerzo sin deteriorar significativamente sus cuentas nacionales.
El debate en Europa es inevitable: mientras unos defienden que el refuerzo militar es necesario para garantizar la seguridad del continente, otros advierten sobre las consecuencias de reducir el gasto en áreas como la sanidad, la educación o la protección social.
Sánchez, con unos presupuestos reprorrogados, no concreta absolutamente nada. Se niega a tender la mano al PP y huye de cualquier posibilidad de recortar partidas sociales para no romper definitivamente con los socios a su izquierda.
Lo que ya está más que claro es que la geopolítica actual está empujando a los países europeos a tomar decisiones de calado que marcarán el futuro de la Unión en los próximos años. Y Sánchez, mientras tanto, permanece inmovilizado.