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vivir después de matar

Veinticinco años del terrible crimen de la catana: así vive el asesino hoy

El 1 de abril de 2000 el joven acabó con al vida de sus padres y su hermana pequeña con síndrome de Down con la catana que su propio padre le había comprado. Hoy ha rehecho su vida en libertad y ha formado su propia familia. 

José Rabadán.

José Rabadán.

David González
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Hace 25 años, el 1 de abril de 2000, la sociedad española se escandalizó con un terrible crimen. En Murcia José Rabadán con tal sólo 17 años asesinó a su padre con la catana que este le había regalado. También a su madre y a su hermana con síndrome de Down. Pocas veces se había conocido un crimen tan gratuito como cruel. Cometido, además, en el seno de una familia de clase trabajadora que podía ser la de cualquiera. La Policía se encontró con el macabro escenario y el joven había huido de la casa. Desde el principio fue el principal sospechoso del crimen. Llevaba días chateando por internet con Sonia una joven de Barcelona y su intención era acudir allí a una cita con ella.

Los días previos a la tragedia nadie se esperaba un final sangriento. En las últimas semanas Rabadán se había mostrado contrariado. No conseguía pasar de cinturón blanco en sus clases de kárate. Se mostraba más retraído de lo normal. Comentó a los amigos que estaba pensando en matar a su familia porque creía que estaría mejor solo. Por otro lado, había conocido por internet a Sonia, una joven catalana y su padre le había regalado una catana.

A las siete y media de la mañana del 1 de abril, el joven se dirigió con la catana a la habitación donde dormía su padre solo. Le golpeó tres veces con toda su fuerza en la cabeza y luego le clavó en cinco ocasiones el arma blanca en el pecho. No se detuvo ahí. Se dirigió a la habitación donde dormía su madre junto a su hermana de 11 años con síndrome de Down. La madre de Rabadán ya estaba despierta y sabía que algo había hecho su hijo a su marido y gritó llamando al hombre que ya no podía oírla. José golpeó tan fuerte a su madre que llegó a partirle la espalda. Tampoco tuvo piedad con su hermana en pánico que había asistido a cómo su hermano mataba a su padre. Rabadán declararía más tarde que fue un crimen por compasión. Entendía que su hermana no podría sobrevivir sin sus padres.

José Rabadán en 'Yo fui un asesino'. 

06/11/2017

José Rabadán en 'Yo fui un asesino'. 06/11/2017

Para evitar que el olor de los cadáveres alertase a los vecinos, llenó la bañera con agua y metió el cuerpo de su hermana. Arrastró el del padre hasta el cuarto de baño, pero como pesaba demasiado lo dejó al lado de la bañera. El de la madre apareció mutilado sobre la cama. La ropa de Rabadán estaba completamente ensangrentada era la prueba de aquella masacre, así que decidió cambiarse de vestimenta, pero dejándose la camiseta y la ropa interior.

Rabadán fue detenido tres días después. El caso espeluznó a los españoles y, además, estaba recién aprobada la Ley de Responsabilidad Penal del Menor y bajo ella iba a ser juzgado el murciano. Fue condenado por un juez a pasar seis años en un centro de menores y otros dos en régimen de libertad vigilada. Una sentencia que estuvo rodeada de polémica al dictarse en un juicio de treinta minutos de duración en el que fue clave un único informe psiquiátrico, que le diagnosticaba psicosis epiléptica idiopática, lo que sirvió como atenuante de la pena. La Fiscal Mercedes Soler nunca estuvo de acuerdo con la condena y llegó a decir que Rabadán “se le escapó vivo”.

Pasó su primeros meses en el Centro de Menores de Las Moreras en su tierra natal. Allí recibió muchas cartas de jóvenes que se consideraban fans del crimen. Entre ellas, dos jóvenes que acabarían matando en imitación a una compañera de clase en 2002. Serían conocidas como 'las brujas de San Fernando'.

Con una de sus fans se planteó casarse. Eso sí, de entre todas las cartas recibidas hubo una que cambiaría su vida. Se trataba de un preso de la cárcel de Mansilla de las Mulas (León) que le recomendaba que se pusiera en contacto con una iglesia evangélica que se dedicaba a la rehabilitación de presos, la Asociación Evangélica Nueva Vida. El 1 de enero de 2008, a los 24 años, Rabadán quedó en libertad.

La vida lejos de la prisión 

Al salir de prisión quedó bajo libertad vigilada y fue cuando conoció a su actual mujer, Tania, hija de un pastor evangélico, con quien se casó y tuvo una hija. Ambos viven dentro de la comunidad evangélica en Cantabria, a 718 kilómetros de Murcia e intentando escapar de un crimen que le perseguirá toda su vida. Actualmente Rabadán tiene 41 años.

En Cantabria, a excepción de los responsables de la casa de acogida, nadie conocía el pasado de aquel joven amable, que solía saludar a los vecinos con una sonrisa cuando se los cruzaba en la calle, habían pasado muchos años y nadie se acordaba del crimen. Todo cambió años después, cuando Rabadán decidió conceder una entrevista para el documental de DMAX Yo fui un asesino. Sus vecinos comenzaron a reconocerle y a sentir miedo de él.

En esta entrevista Rabadán declaro que “soy consciente de que muchos seguirán pensando que soy un monstruo. No fui yo, fue mi cuerpo, pero no yo. Me sorprendió mi propio acto. Sólo quería volver a mi cama para que no me viera, pero mi espada bajó, bajó sola”. 

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