GUERRA ARANCELARIA
Sánchez y su puesta en escena: copia de Trump su populista imagen
"Nuestros valores no están en venta. Nuestros productos, SÍ". El líder socialista, que se mira en el espejo del presidente estadounidense en todo aquello que le conviene y le resulta útil, pone el foco en la imagen, la grandilocuencia y el relato.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presenta su plan contra los aranceles de Trump
La cámara enfoca la entrada, se hace el silencio y, de repente, ahí está él. Aparición nada casual y milimétricamente estudiada. Avanza con paso firme, el foco le sigue, se va abriendo el plano, mientras giran las cabezas. Él sonríe, sabedor de que le enfocan y encuadran los objetivos, saluda a su parroquia más cercana y justo cuando se sienta, escuchamos: "Señoras, señores, buenos días, bienvenidos".
Es el arranque de la comparecencia de Pedro Sánchez, una vez que la guerra económica mundial ha estallado. Aunque, antes de subir al atril, dentro vídeo.
Presidencia del Gobierno recurre al contenido audiovisual. Se trata del prólogo editado con el fin de preparar a la audiencia antes de recibir el mensaje. Se busca reforzar la idea de un relato construido desde la imagen, donde cada plano y cada palabra están pensados para emocionar más que para informar.
En poco menos de un minuto hay que dejar claro que el nuestro "es un gran país, el motor económico de la Unión Europea. Un país que produce, que investiga, que cultiva, que fabrica. Un país que no se para, y que no se va a parar por muchos obstáculos que nos encontremos".
"Porque aquí -sigue contando la voz en off- sabemos lo que hacemos" -¿quién lo diría?, se pregunta más de uno-. "Vamos a seguir exportando al mundo lo que hoy es España, una manera muy especial de hacer las cosas, la nuestra".
"Nuestros valores no están en venta"
Y es aquí cuando llega la frase culmen con la que Moncloa pretende evocar las emociones del espectador. "Lo que no vamos a vender nunca son nuestros valores. Ni nuestros principios". Resulta cuanto menos curioso escuchar este tipo de afirmaciones en un acto institucional con Pedro Sánchez presente. Es evidente que la frase no es baladí, como tampoco lo es su elección. Hay que ganar el relato.
Los 54 segundos de vídeo se cierran con un eslogan clave: "Compra lo tuyo, defiende lo nuestro". No es más que la populista puesta en escena del líder socialista. El mismo que cuando se mira en el espejo ve al adalid del progresismo anti Trump. Una especie de salvador del planeta. Los españoles tienen la enorme suerte de que sea él y no otro quien dirija su presente y futuro inmediato.
Si hay algo de lo que este presidente no puede sacar pecho es de tener una visión de Estado. Eso está marcando su mandato, como también lo está haciendo su celo por resistir en beneficio de intereses personales.
El debate sobre la renuncia a ciertos principios fundamentales ya se ha instalado en la opinión pública. Su permanencia en el Palacio de la Moncloa está sostenida por una aritmética que incluye cesiones políticas a quienes abiertamente desean romper el país. Carles Puigdemont es, sin duda, el rostro más visible de esa contradicción. Que se reivindique la defensa de “los valores” al tiempo que se consiente, normaliza y blanquea la figura de un prófugo de la justicia, convierte esa declaración en una frase vacía, diseñada para el titular pero huérfana de coherencia.
Del 'trumpismo' al 'sanchismo'
Pero, ¿no es eso mismo que hace Donald Trump lo que se critica desde Moncloa? El jefe del Ejecutivo recurre -de nuevo- al tono solemne, envolviendo en grandilocuencia lo que presenta como un ambicioso paquete de medidas “en defensa de la industria española” frente a la ofensiva arancelaria anunciada por la Casa Blanca.
En una especie de espejo -otro- invertido de Donald Trump, Sánchez parece haber tomado nota del manual del mandatario norteamericano: ocupar el centro del escenario, apropiarse del lenguaje emocional, convertir cada crisis en una oportunidad política. Pero mientras el líder estadounidense lo hace desde la confrontación y el nacionalismo económico, el secretario general del PSOE lo reinterpreta desde su particular lenguaje repleto de eufemismos. La estructura, sin embargo, es la misma: el líder que se presenta como salvador ante un enemigo exterior.
Medias verdades: fondos que son créditos
Sin embargo, más allá del envoltorio, el fondo deja margen para el escepticismo: de los 14.100 millones de euros que anuncia a bombo y platillo para proteger a la economía española, la mitad son créditos. No ayudas a fondo perdido. No oxígeno inmediato. Dinero que las empresas deberán devolver en algún momento. Y esa es una historia bien distinta a la que se vende desde el Gobierno.
La cuestión de fondo, sin embargo, es otra. ¿Hasta qué punto estas medidas tendrán un impacto real y tangible en el tejido empresarial español? ¿Y qué significa que 7.400 millones vayan destinados a financiación? Es decir, ¿cómo puede celebrarse como un hito un plan cuyo eje central son préstamos que habrá que devolver, en un contexto en el que muchas empresas aún no se han recuperado del golpe inflacionario ni de los coletazos de la pandemia?
Hubiera estado bien formular alguna de estas cuestiones al presidente del Gobierno, pero otra vez más -y ya se ha perdido la cuenta- Pedro Sánchez comparece sin aceptar preguntas de los periodistas. Aplausos cuando se baja del atril.