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Jésica exprimió al máximo a Ábalos: viajes en pandemia se suman al sueldo público y el piso de lujo

Usó los contactos de Koldo para viajar a República Dominicana saltándose las restricciones

José Luis Ábalos, en una foto de archivo

José Luis Ábalos, en una foto de archivoEuropa Press

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Félix Hernández

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En octubre de 2020, mientras España enfrentaba estrictas restricciones de movilidad por la COVID-19, Jésica Rodríguez, ex pareja del exministro de Transportes José Luis Ábalos, buscó saltarse las normas para viajar a Punta Cana por ocio. Según Vozpópuli, recurrió a Koldo García, hombre de confianza de Ábalos, para resolver el problema. En un mensaje de WhatsApp, Jésica escribió: “Koldo, tengo un problema. Parece que se junta todo… Mañana tenemos un vuelo a Punta Cana y acaba de llamar la madre de mi amiga a Aena y le han dicho que no podemos ir”. En apenas 20 minutos, Koldo respondió: “Tenéis que ir a la comisaría de la T4 y preguntar por el coordinador. Él tiene las instrucciones”, permitiendo que Jésica y su amiga embarcaran hacia República Dominicana, a pesar de las prohibiciones.

Este viaje ocurrió durante el estado de alarma decretado en octubre de 2020, que confinaba a los madrileños en sus municipios y restringía los viajes internacionales no esenciales, salvo por motivos laborales o de fuerza mayor. Los desplazamientos por ocio estaban expresamente prohibidos, pero Jésica aprovechó la influencia de Koldo en el aeropuerto de Barajas para eludir estas medidas, evidenciando un abuso descarado de contactos.

El viaje a Punta Cana es solo una pieza de un historial de privilegios. Jésica, quien admitió ante el Tribunal Supremo no haber trabajado durante los dos años y medio que estuvo contratada en las empresas públicas Ineco y Tragsatec, cobró 1.173 euros mensuales sin acudir a su puesto. También disfrutó de un piso de lujo en la Plaza de España de Madrid, con un alquiler de 2.700 euros mensuales, pagado por la trama de Koldo, lo que suma 88.000 euros en tres años. Además, acompañó a Ábalos en 13 viajes oficiales, y el Gobierno no ha aclarado quién financió ocho de ellos, lo que genera sospechas sobre ingresos en especie no declarados.

¿Declaró Jésica estos beneficios —viajes, vivienda y sueldos inmerecidos— como ingresos imponibles? No hay pruebas de que lo hiciera, y su silencio al respecto alimenta las dudas. Tampoco ha ofrecido devolver los más de 30.000 euros que cobró de empresas públicas por un trabajo que nunca realizó, a pesar de haberlo reconocido abiertamente. Sus acciones reflejan una actitud de descaro, aprovechando la posición de Ábalos y la capacidad de Koldo para “arreglar” problemas.

Mientras los españoles enfrentaban multas por salir de casa, Jésica viajaba al Caribe, vivía gratis en un piso de lujo y cobraba sueldos públicos sin trabajar. Su caso, ligado a la investigación de la trama Koldo, plantea serias preguntas sobre la supervisión en las empresas públicas y si la justicia exigirá la devolución de lo percibido indebidamente.

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