GUERRA INTERNA EN EL PSOE
"Hay que marcarles": Los mensajes de Sánchez a Ábalos evidencian su manera de hacer política y sus obsesiones
Se le ven las costuras a la estrategia del líder socialista. Desde hoy, los españoles no sólo conocen mejor la personalidad de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, sino también su manera de entender como figura pública la política. ¿Todavía queda alguien que no ha entendido por qué Ábalos continúa perteneciendo al PSOE?

Pedro Sánchez junto al que fue su mano derecha en el PSOE, José Luis Ábalos.
La imagen de un presidente del Gobierno dialogante, de mano tendida y acosado por "el fango", "la fachosfera", "los pseudomedios", "la multinacional ultraderechista" o "el lawfare'" se resquebraja ante la luz de sus propias palabras. Esas mismas que salen de dentro sin imposturas y nos delatan cuando no nos expresamos de cara a la galería: “Hay que seguir marcándoles". Así se refería Pedro Sánchez a sus propios compañeros del Partido Socialista Obrero Español en mensajes enviados a su entonces mano derecha, José Luis Ábalos. Hablamos del verano y el otoño de 2020. Parece un mundo, pero no hace tanto tiempo.
"Petardo", "impresentables", "hipócritas". Son solo algunos de los descalificativos que el líder socialista vierte contra aquellos barones que podrían hacerle sombra y que no piensan como él. La exclusiva publicada por El Mundo pone por escrito lo que ya se intuía: una forma de ejercer el poder basada en la desconfianza, el castigo y el miedo. Desde hoy, gracias a esta información, los españoles no sólo conocen mejor la personalidad de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, sino también su manera de entender, como figura pública, la política. La misma que pasa por tratar de liderar un partido a base de reproches, amenazas, descalificaciones y mano dura. Eso sí, siempre recurriendo a otros en su lugar.
Sánchez no hace prisioneros
La revelación de los mensajes intercambiados entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos durante la convulsa etapa en la que el 'sanchismo' comenzó a quitarse la careta y levantó ampollas entre los socialistas contrarios a ese giro identitario confirma lo que muchos lideres territoriales denunciaban a media voz: la voluntad de Sánchez de someter por completo a las estructuras de las distintas federaciones del PSOE, a menudo críticas con su liderazgo y sus maneras de llegar a imponerlo.
Los destinatarios del reproche eran, entre otros, figuras como Javier Lambán, Guillermo Fernández Vara, Emiliano García-Page o Susana Díaz. Mientras Lambán reflexiona sobre el hecho de desestabilizar la monarquía y la Constitución, Sánchez pide a Ábalos que lo llame a capítulo. Cuando Vara pone el grito en el cielo al ver a Otegi ser clave para decidir unos Presupuestos y confiesa que tendrá que acudir a la farmacia a por un medicamento y así contener el vómito, su secretario general lo califica de "impresentable", a la vez que ordena a su mano derecha que le dé un telefonazo. Y si el líder del 'sanchismo' lee una entrevista en La Razón a Page, asegura que es vomitiva y vuelve a recurir a Ábalos y Cerdán para que el político castellano-manchego deje de "tocar los cojones".
En definitiva, símbolos del socialismo tradicional y en las antípodas con la línea radicalizada con la que Sánchez ha convertido las siglas del PSOE en instrumento bien distinto a la formación socialdemócrata que lideró en su día Felipe González. El resultado es que ahora mismo de todos ellos, sólo hay uno que permanece en primera línea: el presidente de Castilla-La Mancha. El único que -aunque se le vaya la fuerza por la boca- hace un poco de contrapeso a las políticas 'sanchistas'. Queda patente, pues, que el líder socialista no hace prisioneros.

Reflexión de Javier Lambán publicada de redes sociales, y a la que hace referencia Sánchez en sus mensajes con Ábalos.
A partir de este momento, se comprende mejor la estrategia de los 'paracaidistas' que hemos narrado en ESdiario hace sólo unos días. Una apuesta fallida que convierte a cinco de sus ministros en perdedores autonómicos, según las encuestas y sondeos publicados en cada uno de los territorios: Pilar Alegría -Aragón-, Diana Morant -Comunidad Valenciana-, Óscar López -Comunidad de Madrid-, Ángel Víctor Torres -Canarias- y María Jesús Montero -Andalucía-. Ninguno de ellos es profeta es su tierra. Y, si hoy hubiera elecciones autonómicas, tampoco serían presidentes. No obstante, van a controlar el PSOE en sus respectivos territorios. Lo que, realmente, busca Sánchez.
Del control interno al enemigo institucional
Lo más revelador de esta filtración no es solo la virulencia del lenguaje usado en privado, sino el patrón político que se dibuja: la necesidad de eliminar cualquier atisbo de disidencia, incluso dentro del propio partido. Lo que Sánchez ejecuta con sus barones lo replica después con la oposición política. Pero también con los medios de comunicación, el poder judicial y las instituciones no afines a la causa.
La narrativa del "fango", los "pseudomedios", el "lawfare", "la "internacional ultraderechista" o la "fachosfera" no es una reacción espontánea ante ataques injustos, sino una estrategia meticulosa de victimización y polarización, dirigida desde Moncloa y replicada en Ferraz para blindar el liderazgo de Sánchez frente a cualquier crítica. Una maniobra ya conocida y un relato manido. Sin embargo, ha sido ahora cuando se le han visto las costuras.
Ábalos, el ejecutor que sigue siendo del PSOE
En este esquema, José Luis Ábalos, el mismo que pone nombre al caso judicial que peor huele -entre todos los que acechan al entorno más cercano del jefe del Ejecutivo-, aparece como el ejecutor de las maniobras más crudas. Leal, obediente y eficaz, el exministro ha ejercido de comisario político en Ferraz y en el Consejo de Ministros. Las instrucciones del líder no dejaban lugar a dudas: había que neutralizar a los críticos, desautorizar a los discrepantes y recompensar solo a quienes mostraran una adhesión inquebrantable a la cabeza visible del proyecto. De ahí que haya cargos con responsabilidades que, ni en el mejor de sus escenarios, se habrían imaginado tal protagonismo. Ya sea dentro o fuera de la primera línea política. Ahora que acapara titulares, sirva como ejemplo Beatriz Corredor, todavía presidenta de Red Eléctrica.
Ábalos es otro prototipo de esta fábrica. Apostó por el Sánchez desahuciado cuando lo echaron de Ferraz y se subió a su coche para reconquistar las casas del pueblo. Hasta que el exministro de Transportes cayó en desgracia tras el estallido del caso judicial que salpica también a otros ministerios. No obstante, su papel fue clave para consolidar el poder de Sánchez. Y los WhatsApps hoy conocidos son una pieza más del retrato: el de un presidente que nunca delega la estrategia, pero sí el castigo. Si se trata de purgar, que sea sin su propia firma.
Vale como muestra de todo esto la cruzada contra los jueces. Que salgan los ministros -incluso, el del ramo- a tragarse el sapo de arremeter contra ellos. Y cuando el presidente ya no puede morderse más la lengua, se permite sacarla a paseo en la copa de Navidad monclovita, con periodistas deseosos de escucharlo, aunque sin cámaras ni micrófonos de por medio. Trascienden sus palabras, pero no dejan huella en esa maldita hemeroteca que le persigue más que su propia sombra.
Acuerdo de no agresión PSOE-Ábalos
¿Cómo es posible que el ex secretario de Organización socialista continúe perteneciendo al PSOE? ¿Qué explicación hay con toda la información que ya ha trascendido? ¿Por qué ningún ministro arremete con todo contra su excompañero? ¿Cuándo sabremos lo que esconde esta inexplicable decisión de Ferraz? La respuesta no era complicado averiguarla. Eso sí, también ahora se despeja cualquier atisbo de duda.
Que José Luis Ábalos no sea duramente criticado por ninguno de los portavoces de Ferraz o de Moncloa ya tiene aclaración, en forma de filtración de mensajes de WhatsApp. El pacto de no agresión entre el exministro de Transportes y ex número 3 del PSOE con Pedro Sánchez y todo su entorno es una palpable realidad. La pregunta que habría que plantearse ahora no es si Ábalos va a cambiar de estrategia, con el fin de salvar su pescuezo de la guillotina judicial. La verdadera cuestión es cómo reaccionará Pedro Sánchez a esta nueva amenaza de su exmano derecha, quien sobrevive políticamente más por lo que calla que por lo que dice. Paradójicamente, lo mismo que le sucede al propio presidente del Gobierno.