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El PSOE ve en los mensajes con Ábalos una operación contra Sánchez, mientras apunta a la UCO

José Luis Ábalos ha reaccionado este martes a todas estas informaciones. El exministro socialista ha escrito al programa de Ana Rosa para seguir sembrando dudas y explicar que "estos WhatsApp sí que los tiene la UCO".

Pedro Sánchez aplaude a su anterior mano derecha, José Luis Ábalos.

Pedro Sánchez aplaude a su anterior mano derecha, José Luis Ábalos.

Abel Martín
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Hay que matar al mensajero. Y, si no es posible hacerlo, habrá que poner el foco en él. Así de sencillo. Las conversaciones publicadas entre el presidente del Gobierno y el exministro de Transportes permiten obtener muchas conclusiones. La primera es que la relación entre el líder socialista se ha mantenido, por mucho que digan lo contrario, con el hombre que ha sido su mano derecha en el partido y en el Ejecutivo. Contacto con esa figura de un número dos que lo ha sido todo. Que lo sabe todo. El mismo que aupó al líder caído a reconquistar la secretaría general socialista. Aquel que, además, le consiguió los apoyos necesarios de la moción de censura contra Mariano Rajoy. O quien le hacía de chivato sobre los comportamientos, declaraciones e ideologías dentro su propio gabinete o entre los primeros espada de la formación. 

Ahora que aquellas lecciones que se impartían gratuitamente sobre el "Luis, sé fuerte" se vuelven contra el líder del PSOE gracias a su particular "José Luis, te echo de menos", sale a relucir la estrategia puesta en marcha desde el Palacio de la Moncloa y replicada por Ferraz.

El relato pasa en estos momentos por repetir la "gravedad de las filtraciones de unas conversaciones privadas" entre dos compañeros de partido, para a renglón seguido deslizar que hay una nueva cruzada contra este Gobierno, a la vez que se señala veladamente hacia la Guardia Civil. 

Sánchez, presentado como víctima

El contenido de los mensajes es lo de menos. Por tanto, lo importante es quién los ha hecho públicos. Es la nueva estrategia defensiva del 'sanchismo' tras la exclusiva de El Mundo. La consigna: presentar al presidente como víctima de una operación política y sembrar la sospecha, concretamente, sobre el papel de la Unidad Central Operativa. 

A cada nuevo capítulo, una nueva réplica del terremoto que han causado estas informaciones periodísticas en la sala de máquinas de la comunicación presidencial y socialista. El contenido de los intercambios -crítico hacia los barones del PSOE y centrado en la preservación del poder del líder- ha sido minimizado por el Ejecutivo, que ha optado por atacar las formas antes que explicar el fondo del contenido.

Desde el entorno más cercano a la Presidencia del Gobierno se califica la revelación como una “filtración muy grave” que debe investigarse “hasta sus últimas consecuencias”. En paralelo, en Ferraz se insiste en que lo publicado no tiene valor judicial, pero sí político, y por eso -alegan- debe analizarse “a quién beneficia y quién está detrás”. 

¿Por qué no se denuncia, entonces?

Dentro de Ferraz aseguran que "por el momento" no van a denunciar y consideran que "si los discos duros están en el juzgado, hay mecanismos en la Justicia y en la Guardia Civil para investigar estos hechos", es decir, apuntan a que se investigue la filtración de oficio. Los socialistas hablan de "los tiempos" y los tiempos en estos momentos no pasan por interponer una denuncia. Pero, cuál es el verdadero motivo para no emprender acciones legales. 

Cabe recordar, que José Luis Ábalos aún sigue perteneciendo al PSOE, una situación inconcebible y que podría explicar ese pacto de no agresión entre el ex secretario de Organización socialista y Pedro Sánchez.

En ese juego de sombras y de buscar culpables, más allá de las evidencias, hay ya una acusación apenas velada sobre si la propia Guardia Civil ha tenido algo que ver en esa filtración. En concreto, la mirada se dirige a la misma Unidad Central Operativa que investiga el caso Ábalos. Se pone así en tela de juicio el prestigio de este grupo de trabajo en la lucha contra la corrupción.

La UCO se desmarca

La Unidad Central Operativa ha reaccionado con rapidez. Fuentes cercanas a los investigadores se han desmarcado rotundamente de las filtraciones, asegurando que esos mensajes no forman parte de los informes oficiales remitidos a los jueces, ya que no están relacionados con los hechos que motivan la instrucción judicial. La desautorización indirecta del Gobierno ha sentado mal en ámbitos policiales, donde se interpreta como un intento de embarrar la investigación y echar por tierra su labor.

Consciente del desgaste que sufre la imagen presidencial desde hace semanas, el entorno de Sánchez ha lanzado una nueva narrativa: estamos ante “una operación de acoso político” que busca debilitarle a través de filtraciones interesadas. Es decir, no se trata de esclarecer la corrupción en la etapa de Ábalos, sino de dañar al presidente a través del ventilador mediático.

Esta lectura conecta con la estrategia habitual del 'sanchismo': convertir cada revelación en una supuesta conspiración, rearmarse institucionalmente y tratar de alinear al partido con el líder presentándolo como víctima. El problema es que, en este caso, los enemigos ya no son solo los medios -pseudomedios para algunos- o la oposición. Ahora también se insinúa que podrían estar en los cuerpos del Estado.

Todo apunta a Ábalos, quien también mira hacia la UCO

José Luis Ábalos ha reaccionado este martes a todas estas informaciones. El exministro socialista ha escrito al programa de Ana Rosa para continuar sembrando dudas y explicar que "estos WhatsApp sí que los tiene la UCO". El ahora diputado del Grupo Mixto que está investigado y cercado por la justicia quiere enfangar todo lo posible, mientras él también mira hacia la Guardia Civil. Sin embargo, el principal beneficiado de estos mensajes es el propio Ábalos. Con estas amenazas por tirar de la manta, el exministro de Transportes intentaría que Pedro Sánchez interviniera por él frente a la Fiscalía Anticorrupción. Su futuro judicial empeora cada día. 

Mientras tanto, ni el presidente ni su equipo han dado explicaciones públicas. La consigna es clara: negar legitimidad a las filtraciones, señalar sin pruebas y construir un relato victimista.

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