esPANTADA DEL GOBIERNO
Pánico en Moncloa: Sánchez y 13 ministros huyen del Senado, mientras otros nueve se borran del Congreso
El caso más flagrante es el del propio presidente del Gobierno, que lleva 432 días sin comparecer en el Senado, desde el 12 de marzo de 2024. Un comportamiento que viene de lejos, porque antes de esa fecha, el líder socialista estuvo otros diez meses sin poner un pie en la Cámara Alta.

El 12 de marzo de 2024 fue la última vez que Pedro Sánchez puso un pie en el Senado. Entonces, llevaba ya diez meses sin dar la cara en la Cámara Alta.
Dicho del miedo o del terror: Extremado o muy intenso, y que a menudo es colectivo y contagioso. Así define la Real Academia Española de la Lengua el pánico.
Hay pavor en el seno de Presidencia del Gobierno. Una angustia que se propaga entre el personal de Moncloa y que ya ha alcanzado a todos los miembros del Consejo de Ministros. En el Gobierno de coalición se huele y hasta se palpa. Es todo tan intenso que espanta. De ahí la huida que van a emprender los miembros de PSOE y de Sumar que conforman el gabinete presidencial.
Gran parte del Ejecutivo ha decidido poner tierra de por medio y evitar a las Cortes Generales en las próximos sesiones. El Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por una retirada táctica del Congreso y del Senado en una de las semanas más turbulentas para el Ejecutivo desde que arrancó la legislatura. La ausencia de hasta 13 ministros en la Cámara Alta y de otros nueve en la Cámara Baja no pasa desapercibida y es interpretada desde la oposición como una “espantada” institucional sin precedentes recientes.
El epicentro de la tormenta política reside en la publicación de los mensajes entre el presidente del Gobierno y su antiguo ministro de Transportes y hombre fuerte en el PSOE, José Luis Ábalos. En estos intercambios no solo se desnuda la verdadera personalidad de Pedro Sánchez y su intransigencia ante otros compañeros socialdemócratas contrarios al 'sanchismo', sino que se revelan supuestas intervenciones directas del propio secretario general socialista en el controvertido rescate de Air Europa.
Y el informe la UCO está al caer
A la crisis desatada por los mensajes se suma el temor en Moncloa y Ferraz a nuevas entregas que podrían agravar aún más el escándalo. Como los propios autores de la información exclusiva -Esteban Urreiztieta y Juanma Lamet- han reconocido en diferentes programas de radio y televisión, hay miles de mensajes, aunque -como es lógico- sólo publicarán aquellos que tengan relevancia política y no íntima o personal. En Presidencia del Gobierno son conscientes de que los próximos días pueden ser más que complicados si siguen apareciendo pruebas que vinculen a altos cargos del PSOE con decisiones gubernamentales opacas o, incluso, con posibles irregularidades.
A esto se añade un factor clave: el inminente informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que podría implicar judicialmente a Santos Cerdán, actual secretario de Organización del PSOE. Su nombre aparece en varias investigaciones que orbitan en torno al caso Ábalos, que amenaza con convertirse, si se confirma su alcance, en el caso PSOE. ¿Habría cobrado comisiones irregulares Santos Cerdán? En caso de ser así, ¿Solo las recibió él? ¿Habría servido para financiar al PSOE? ¿Estaría Pedro Sánchez, secretario de general socialista, al tanto de esas supuestas irregularidades?
El repliegue institucional y la queja del PP
Con este contexto explosivo, el repliegue del Gobierno ha sido evidente. Varios ministros han cancelado sus comparecencias alegando cuestiones de agenda, pero la oposición lo percibe como una estrategia de opacidad. La famosa técnica del avestruz, tan practicada entre estos socios de gobernanza. De hecho, el Partido Popular ha presentado una queja formal en el Senado acusando al Ejecutivo de “hurtar el debate parlamentario” y “despreciar” su obligación de rendir cuentas.
El caso más flagrante es el del propio presidente del Gobierno, que lleva 432 días sin comparecer en el Senado, desde el 12 de marzo de 2024, pese a las reiteradas peticiones de los grupos parlamentarios. Un comportamiento que viene de lejos, porque antes de esa fecha, el líder socialista estuvo otros diez meses sin poner un pie en la Cámara Alta.
Los ausentes que no quiere enfrentarse a las preguntas
El Senado se está convirtiendo en un calvario para gran parte de los miembros del Gobierno. Algunos, además de tener que acudir a la comisión que investiga el caso Ábalos -Óscar López acudió el pasado viernes-, también deben enfrentarse a las preguntas de los parlamentarios del Partido Popular. De ahí, que estos ministros hayan argumentado diferentes motivos para no pasar por ese trago.
Además de la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero; la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz; el ministro de Transportes, Óscar Puente; el ministro de Economía, Carlos Cuerpo; la ministra de Sanidad, Mónica García; el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares; la ministra de Defensa, Margarita Robles; el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; el ministro de Agricultura, Luis Planas; el ministro de Cultura, Ernest Urtasun y el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy. Cabe recordar que el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, está inmerso en su recuperación, debido al cáncer que le fue diagnosticado hace unas semanas. Aunque la espantada más significativa ha sido la del titular de las carteras de Presidencia, Justicia y Relación con las Cortes, Félix Bolaños, quien se tiró del carro en el último minuto y cuando el PP ya había registrado la siguiente cuestión: "¿Le parece coherente la opinión del presidente del Gobierno sobre sus ministros?"
Si cambiamos de Cámara, más de tres cuartos de lo mismo. Esta es la relación de ministros que no van a ocupar su escaño en el Congreso de los Diputados: la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen; el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; el ministro de Economía, Carlos Cuerpo; la ministra de Sanidad, Mónica García; el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy; el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares; el ministro de Agricultura, Luis Plana y el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres. Este último por las razones ya mencionadas.
¿Es sostenible? ¿Y sus socios lo van a permitir?
No son pocas las voces que consideran que este repliegue institucional evidencia un Gobierno a la defensiva, más preocupado por contener la hemorragia política que por afrontar el escrutinio democrático. Sin embargo, a medida que avanzan las investigaciones, las filtraciones y la presión parlamentaria, la estrategia del silencio se vuelve cada vez más difícil de sostener. De ahí, el miedo atenazante.
En una democracia parlamentaria madura y propia de nuestro entorno, la ausencia prolongada del Ejecutivo ante las Cortes no solo erosiona la confianza institucional, sino que también alimenta la sensación de impunidad y falta de control. La próxima semana será clave para calibrar hasta qué punto el Gobierno puede seguir esquivando el Congreso y el Senado sin pagar un precio político realmente caro. La pregunta de si esta situación es sostenible habría que lanzársela a la bancada de los demás socios de esa mal llamada "coalición progresista". Porque si Sánchez y los suyos ningunean constantemente a la Cortes Generales es con el beneplácito de partidos como el PNV, Junts, Podemos, Bildu, ERC y Coalición Canaria.