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Sánchez silenció la sangría en pensiones de la Organización Mundial del Turismo

Hacienda destapó el agujero patrimonial de Pololikashvili, mentor de Begoña Gómez, por masivos pagos de jubilaciones sin control sufragadas por donaciones como las españolas

Pedro Sánchez conversa con el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo, Zurab Pololikashvili, en 2020

Pedro Sánchez conversa con el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo, Zurab Pololikashvili, en 2020Europa Press

Francisco Mercado
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La OMT (Organización Mundial del Turismo) solicitó al Gobierno en 2021 que le auditara. Hacienda detectó que bordeaba la quiebra por sus masivos pagos para pensiones de toda la ONU. “Al 31 de diciembre de 2020, el patrimonio neto de la organización asciende a -9.278.621 euros, debido principalmente al incremento del pasivo por prestaciones de los empleados después de la separación del servicio)”.

El pasivo por pensiones sumaba -33.380.254 euros. Suponía el 81% del pasivo. Anulaba el patrimonio hasta hacerlo negativo en 9.000 millones. Ni Sánchez ni Zurab Pololikashvili, secretario general de la OMT, denunciaron el escándalo.

Por el contrario, la esposa de Sánchez fue cortejada en eventos que patrocinaban Globalia y OMT e incluso asistió a asambleas de dicho organismo de la mano de Hidalgo y Aldama, ambos afines a Pololikashvili.

La OMT estaba arruinada por pensiones que equivalían a cuatro años de donaciones de sus países socios. Ilógicas para una plantilla con sólo 82 funcionarios. O eran excesivas o estaba sufragando pensiones ajenas del resto de organismos de la ONU a través de una caja común ubicada en Suiza, a la que estaba obligada a cotizar anualmente. Las auditorías revelan año a año que no se pagaba por empleado jubilable o jubilado, sino por un cálculo global.

La auditoría de Sánchez revela el descontrol de los pagos de Pololikashvili a esta caja única de la ONU con donaciones de España y demás países socios. “La Caja expone a las organizaciones participantes a riesgos actuariales relacionados con el personal actual o pasado de otras organizaciones, y eso tiene como consecuencia que no se dispone de una base coherente y fiable que permita asignar las obligaciones, los activos del plan y los costos a cada una de las organizaciones que participan en dicho plan.

Como ocurre con las demás organizaciones participantes, ni la OMT ni la Caja están en condiciones de determinar cuál es la parte respectiva que corresponde a la OMT de la obligación por prestación definida, los activos del plan y los costos asociados con una fiabilidad suficiente a efectos contables. Por consiguiente, la OMT ha tratado ese plan como si fuera un plan de aportación definida. Las contribuciones de la OMT a la Caja durante el ejercicio financiero se contabilizan como gastos”.

Pololikashvili no sabe por qué paga lo que paga al fondo de pensiones. Pero pide en 2024 una subida del 7,5% de las contribuciones anuales de los países. Suma dos males: año tras año gasta más de lo que recibe y cunde la morosidad entre sus donantes.

A 30 de junio de 2023, seguía su sangría por jubilaciones. Sufría un agujero, de “-6.684.639 euros al 31 de diciembre de 2021), debido principalmente al incremento del pasivo por prestaciones de los empleados después de la separación del servicio, que el 31 de diciembre de 2022 ascendía a -17.586.434 euros (-34.731.027 euros a 31 de diciembre de 2021)”. Y sólo recibía donaciones por 6.337.382 euros. Representaba el 46% de las contribuciones previstas, superior al del periodo 2022-2020 (44% tanto en 2022 como en 2021 y 42% en 2020).

En 2024 mantenía similar desfase. “Al 30 de junio de 2024, el total de ingresos recibidos asciende a 10.890.132 euros. La previsión de gasto propuesta es de 14.100.000 euros”. ¿Qué gasto hay que Pololikashvili no puede año tras año? Las pensiones de la ONU. La OMT ha declinado dar su versión sobre este agujero.

Una caja con sede en Ginebra y cifras apabullantes. 150.000 funcionarios de la ONU afiliados (92 de la OMT). Recibe al año 3.400 millones de dólares de organismos de la ONU (dos tercios) y trabajadores (un tercio). Las rentabiliza en inversiones por 88 mil millones de dólares. 10.000 millones de beneficios después de pagar 3.500 millones dólares en 86.000 pensiones. Sale una media de 40.000 dólares por pensión. Todos rondan la máxima pensión española. Y esto sin tocar los 88 mil millones de dólares de sus activos ni sus 10.000 millones de beneficios.

Pensión de casi 100.000 euros

La división entre activos y beneficiarios añadiría 586.000 dólares por empleado de la ONU a esos 40.000 dólares anuales por pensionista. 88 mil millones es la mitad anual de todas las pensiones españolas. Resultado, según cargos del organismo, la pensión de los directivos de la OMT ronda los 100.000 euros. Y hasta sus empleados medios perciben la pensión máxima española, 45.746 euros. “Se otorgan salarios muy altos con facilidad para recién llegados y eso genera unas nóminas y pensiones insufribles. España, país anfitrión, no ha querido controlarlo”.

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