II edición del Barómetro de la Vivienda en España

Luz, espacio y ubicación del hogar: las claves invisibles del bienestar mental de los jóvenes emancipados

Un nuevo estudio alerta sobre la relación directa entre vivienda y salud mental en España: el 63% de los jóvenes siente que su hogar agrava su sensación de soledad y 1 de cada 5 ha sufrido depresión relacionada con su situación residencial. El Barómetro de la Vivienda 2025 recoge estos datos y pide proteger el bienestar emocional de una generación al borde del colapso.

Fachada de un edificio de viviendas en Extremadura.

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Raúl Puente

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La vivienda ya no es solo un problema económico para los jóvenes españoles: se ha convertido en un factor clave para su salud mental. El 63% de los menores de 30 años afirma que su hogar incrementa su sensación de soledad y uno de cada cinco ha sufrido episodios depresivos vinculados a su casa. Así lo revela el II Barómetro de la Vivienda 2025, presentado este miércoles en Barcelona, que apunta a la necesidad urgente de repensar el modelo habitacional desde una perspectiva emocional y social.

La segunda edición de este estudio, elaborada por la consultora GAD3 en colaboración con el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), ha sacado a la luz una realidad que va más allá de los problemas de acceso a la vivienda: el impacto directo del hogar en la salud mental de los ciudadanos, especialmente entre los más jóvenes.

Vivienda y salud mental: una relación cada vez más tóxica para los jóvenes

El estudio, presentado en el marco del Salón Inmobiliario de la Construcción – Construmat, revela que el 50% de las personas que experimentan soledad no deseada con frecuencia cree que su vivienda contribuye a esa sensación. En el caso de los menores de 30 años, ese porcentaje se dispara hasta el 63%, lo que subraya el papel determinante del entorno residencial en el bienestar emocional de toda una generación.

Las características físicas del hogar son clave en esta percepción: la ubicación (28%), el estado de conservación del inmueble (23%), la falta de privacidad (20%), la escasez de luz natural (19%) y el tamaño reducido (17%) aparecen entre los factores que más contribuyen a la sensación de aislamiento y malestar emocional. Para muchos jóvenes, su casa no es un refugio, sino un entorno que intensifica la desconexión social y emocional.

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Además, los efectos negativos no se limitan a la soledad. El 24% de los jóvenes ha sentido estrés o ansiedad buscando vivienda, y casi uno de cada cinco (19%) ha sufrido episodios depresivos vinculados directamente a su situación habitacional. Estos datos ponen sobre la mesa una realidad cada vez más palpable: la vivienda se ha convertido en un problema de salud mental.

Desde el CGATE se insiste en la necesidad de incorporar esta dimensión emocional al diseño y planificación de los espacios residenciales. “La vivienda no puede ser solo un refugio físico. Hoy, es también un factor determinante en la salud mental, especialmente de los más jóvenes”, ha subrayado Alfredo Sanz, presidente del Consejo.

Emanciparse sigue siendo un lujo

El informe también pone el foco en la dificultad de los jóvenes para emanciparse, lo que prolonga su dependencia familiar y retrasa su autonomía. Según los datos recogidos, el 40% de los menores de 30 años aún vive con sus padres, y más de un tercio de los menores de 35 años ha necesitado ayuda familiar para independizarse.

En el caso de quienes han accedido a una vivienda en alquiler, el 33% lo ha logrado con apoyo económico de sus padres, y entre quienes han comprado una vivienda, ese porcentaje se sitúa en el 28%. La cifra asciende hasta el 38% entre los menores de 30 años, lo que evidencia una fuerte dependencia intergeneracional para algo tan básico como acceder a una vivienda digna.

Carteles de 'Se alquila' pegados en un edificio de Madrid.EDUARDO PARRA / EUROPA PRESS

Narciso Michavila, presidente de GAD3, advierte que esta situación evidencia una falta de autonomía que debería preocupar a toda la sociedad. Y es que, como él mismo apunta, “si no se garantiza el acceso digno y adecuado a la vivienda, lo que está en juego es mucho más que el confort: es la salud emocional de toda una generación”.

El estudio, basado en 1.257 entrevistas a nivel nacional, será entregado a las administraciones públicas con el objetivo de impulsar políticas habitacionales que integren una perspectiva emocional y social. Desde el CGATE se hace un llamamiento claro: es urgente que las instituciones y el sector inmobiliario actúen para garantizar entornos habitables que favorezcan el desarrollo personal y el bienestar psicológico, especialmente en las etapas más sensibles de la vida.

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Como concluye Sanz, la vivienda no puede seguir tratándose solo como un bien económico o una cuestión de mercado. Es, cada vez más, una cuestión de salud pública.